Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 7)

… Viene de parte 6

BUFANDA DE PIEL
En uno de esos días que solíamos patrullar por la agreste selva tumbesina, encontramos un zorro muerto. El instructor Jorge Curzo que acompañaba el desplazamiento ordeno que guarden ese animal muerto por que le gustaba la piel. “Sí, claro,” dijimos nosotros, quien va a querer cargar con esa porquería. Nos hicimos los tontos, lo tiramos por ahí al animal, y seguimos caminando.

Al regresar por el mismo camino luego de tres días, Curzo vio de nuevo al zorro muerto y nos recrimino porque no le habíamos guardado la piel como nos había dicho. No supimos que decir y con cara de cojudos bajamos la cabeza.

La cosa no quedo ahí. Jorge Curzo ordeno que el resto del camino llevásemos al zorro pestífero como bufanda, en el cuello, y había que rotar cada cierto tiempo. Como siempre, me toco primero el turno. Me puse el zorro al cuello y a los pocos segundos de portarlo, aparte del hedor. Sentí como si algo me picara por la espalda, así que me saque el animal para ver qué pasaba y……estaba en completo estado de putrefacción y lo que me picaba eran las miles de hormigas que salían de su panza. El zorro voló por los aires de inmediato, y el instructor que le gustaba hinchar las pelotas, ordeno que nos lo pongamos de bufanda, ya luego de un rato lo tiramos por el camino de nuevo porque ya era insoportable.

REGRESAN LOS FANTASMAS
Teníamos ya dos días sin salir de los pantanos, caminando todo el día, picoteados por toda clase de insectos, con erupciones en la piel de tanto rascarnos, cargados con mochilas, sogas, armas ligeras, ametralladoras, radios en la espalda y no parábamos, la brújula nos indicaba el rumbo, pero no había hora de llegar.

Se me cruzo por la cabeza de nuevo de mandar a rodar todo. Lo pensé y me fui retrasando adrede de la columna para quedarme solo en algún lugar de la selva tumbesina, descansar y regresar luego a la base, y así fue. Salí del pantano, me eche a nadar con todo el equipaje entre las ramas y fui recogido por unos pescadores que pasaban por el estero (parece un  rio, pero es una saliente del mar). Me llevaron amablemente a una casa donde criaban langostinos. Me ofrecieron comida, agua caliente y una cama para dormir. Imagino que mi aspecto denotaba compasión por el prójimo y me dieron lo mejor que tenían.

Al siguiente día muy temprano como a las 5am, decidí regresar a la base. Pensaba en el gran problema que estaría causando al figurar como desaparecido. Me estarían buscando por todos lados. Camine varias horas y llegue a dar con un puesto fronterizo de la policía, una pequeña garita que era resguardada por un solo hombre. “Hey!” me dijo el policía, “No serás tu el que andan buscando?”

“Pues sí,” le dije, “Que ha pasado?”

“Te están buscando tu gente y a ver si regresas de una vez.”

“Bueno,” le respondí, “Pero antes me voy a sentar acá afuera que vengo de cinco horas de caminata.”

Pero para variar, me quede dormido de nuevo, tirado en el piso pareciéndome a un indigente, con el uniforme roto, mojado y con barba crecida.

Me desperté de aquel profundo sueño con un par de patadas en el pecho. Me habían encontrado los instructores…

“Acá estas maldito, te andamos buscando desde anoche,” exclamo el jefe de nuestra escuela, Carlos Guarniz.

Cuando quise reaccionar ya tenía 3 hombres sobre mi atándome con una cuerda. Fui conducido a la base y como mis compañeros ya habían pasado toda la noche en calidad de prisioneros, pues era mi turno de ponerme al día en ese ejercicio. Lo llamaban S.E.R.E (supervivencia, evasión, resistencia y escape), y consistía en no dejarse atrapar, de ninguna manera. Si en su defecto eras capturado, deberías soportar a cuanta tortura física seas expuesto, sin revelar planes de guerra, mapas de tus posición, etc. Solo podías decir tu grado y nombre. Era válido para los instructores si lograbas fugar, solo de esa manera te salvabas del interrogatorio, por el simple hecho de demostrar arrojo y valor para el escape.

Puesto que esta vez, el campo de prisioneros lo pasaría yo solo, porque mis compañeros estaban ya descansando luego de ser interrogados toda la noche. Tuve en exclusiva al total del Staff de instructores para que me interroguen uno a uno. En pocas palabras, las posibilidades de evasión y escape eran casi nulas.

Entre golpes y pequeñas descargas de electricidad en los testículos, (que los instructores se las habían ingeniado para generar descargas al poner alambres en la radio de comunicaciones que cargábamos en la espalda), me negué a delatar mi posición y a todos los datos que me pedían los instructores, que hacían del enemigo interrogándome.

No sé cuantas horas pasarían desde que me hicieron prisionero, lo que si se es que al finalizar el día me soltaron y ordenaron a que me vaya a mi carpa, la que compartía con mi Garra Salinas. Llegue caminando a medias, y quede tirado en la arena cual perro lamiendo mis heridas, con mi Garra dándome de beber un poco de agua de su cantimplora….

… Continúa Parte 8

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...