Foto: US Navy / David A. Brandenburg
Atenea Digital, Roberto Cajina | El Canal de Panamá, vía crítica para el comercio marítimo global, es una de las piezas de infraestructura más estratégica y económicamente crucial en el mundo, y su seguridad es por tanto igualmente estratégica. Por ello, en mayo de 2002, siete meses después de los atentados terroristas de Nueva York y Washington, expertos navales chilenos y estadounidenses, liderados por el Comando Sur, de Estados Unidos, concluyeron el primer plan para estructurar una coalición multinacional que pudiese garantizar su defensa y protección contra cualquier atentado terrorista, Se le denominó: Operación Combinada Panamax.
En esa oportunidad, el teniente comandante Paul Bahrs, director de Ejercicios de las Fuerzas Navales del Comando Sur de Estados Unidos, aseguró que “el concepto de la operación era promover la interoperabilidad entre las naciones con intereses críticos en el Canal de Panamá. Las unidades de la coalición [trabajarían] juntas para identificar, monitorear e interceptar naves sospechosas de ser una amenaza para el Canal”. A su vez, el jefe de la delegación chilena, capitán de navío Víctor Ruíz Fernández, afirmo que “El tránsito de nuestras exportaciones e importaciones a través del Canal de Panamá es de vital importancia para nuestro país”, y que estaban “muy interesados en apoyar cualquier iniciativa para protegerlo”.
Fuerzas Aliadas PANAMAX, denominación que luego toma el concepto inicial, arranca en 2003 y hasta la fecha se han realizado nueve ediciones. En la primera se conjuntaron Estados Unidos, Chile y Panamá, y desde entonces se ha aumentado el número de países participantes, ya sea de forma directa o como observadores, incluyendo entre éstos tres europeos: España, Francia y Holanda. La más reciente concluyó a finales del pasado mes de agosto con la participación de 17 países.

F/A PANAMAX -”El ejercicio multinacional de entrenamiento [militar] más grande del mundo”, según el contralmirante A. B. Cruz III, segundo comandante de las Fuerzas Navales del Comando Sur- es en esencia un ejercicio anual en el que se desarrollan operaciones de seguridad marítima, terrestre, fluvial y aéreas, así como ejercicios de escritorio e inteligencia, a fin de garantizar el acceso seguro al Canal de Panamá y el libre flujo de la navegación por el mismo, y contribuir a la estabilidad regional. Cada ejercicio, asentado en el principio de interoperabilidad, se planifica y realiza sobre la base de hipótesis de amenazas, como un ataque terrorista, un desastre natural (el pasado 5 de julio Panamá fue sacudida por un seísmo de 5,9 en la escala de Richter), ataques del crimen transnacional organizado, misiones humanitarias o de estabilización bajo los auspicios de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Capítulo VII), por ejemplo. De hecho, delegados de Naciones Unidas han participado en los ejercicios Fuerzas Aliadas PANAMAX desde el 2008, así como representantes de la OEA y la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas, CFAC.
La tabla anterior es instrumental para relevar algunas de las características no militares más importantes de Fuerzas Aliadas PANAMAX, entre ellas: el incremento progresivo de la cantidad de países participantes, que de 9 en 2005 pasó a 16 en 2006, y a partir de este año prácticamente se ha mantenido constante; la no participación de los pequeños estados insulares del Caribe; la ausencia de las fuerzas armadas de Bolivia y Venezuela, país que pretendió participar en PANAMAX 2006 pero, de acuerdo al Comando Sur, no se le permitió por su apoyo a grupos irregulares de Sudamérica, léase las FARC; y la fractura de los países de la ALBA, ya que de ellos sólo Ecuador y Nicaragua participan activamente, el primero desde 2005 y el segundo desde 2006.
Pero lo novedoso de la más reciente edición de este ejercicio multinacional es que, rompiendo con su tradición “soberanista” y aislacionista en materia de Defensa, y luego de años de asistir como observador, por primera vez México participó activamente en PANAMAX 2011 con una patrullera oceánica de la clase Oaxaca de 86 metros de eslora, un helicóptero embarcado y una tripulación de 105 efectivos.
La seguridad del Canal de Panamá está fuera de toda discusión, y garantizar su defensa no puede ser sólo responsabilidad del gobierno panameño, que por demás carece de los recursos para ello, y tampoco puede estar condicionada por criterios políticos e ideológicos. En su defensa deben participar todos los países con “intereses críticos” en esa vía interoceánica que, desde su apertura en 1914 hasta la fecha, ha sido cruzada por cerca de un millón de embarcaciones. Ni Estados Unidos puede excluir a ningún país, ni Venezuela y Bolivia deben continuar aislados por sus diferencias con el “imperio”. El comercio internacional, independientemente de que sea parte de las redes del capitalismo global, precisa que los accesos a esa ruta artificial sean seguros y que se mantenga ininterrumpido el flujo de los navíos que a diario salvan, una a una, sus tres esclusas a lo largo de los 80 kilómetros de su recorrido entre el océano Pacífico y el mar Caribe.



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