
Fig.1 – Un Mirage F1AZ decola desde la base aérea de Ondangwa, África del Sudoeste, en misión de combate sobre el teatro angoleño. La participación del poder aéreo fue decisiva para el éxito de las operaciones en tierra
El conflicto librado al norte de la frontera que divide los territorios de Angola y la actual República de Namibia (por ese entonces el mandato sudafricano de África del Sudoeste) entre 1966 y 1989 fue, en muchos aspectos, poco convencional y atípico en su dimensión: lo que comenzó como un conflicto de baja intensidad y lucha contrainsurgencia eventualmente degeneraría en una de las guerras más sangrientas y prolongadas de la historia africana del SXX, en la cual las tecnologías bélicas más recientes provenientes del Pacto de Varsovia se enfrentarían a sus contrapartes occidentales (en gran medida y para la época, técnicamente desfasadas) dentro del marco de la Guerra Fría y en la que la aviación militar de combate desempeñaría un papel fundamental.
Elaborar sobre la participación del poder aéreo durante 23 largos años de conflicto en suficiente detalle resultaría sumamente extenso y complejo. Así pues, para propósitos de este artículo, se ha escogido centrarse en la historia de uno de los sistemas de armas más emblemáticos de la guerra, cuya actuación resultó decisiva en moldear el curso de los acontecimientos en el campo de batalla: el cazabombardero supersónico Dassault-Breguet Mirage F1, que operó extensivamente bajo la bandera de uno de los beligerantes, la República de Sudáfrica.
La Fuerza Aérea Sudafricana (SAAF) no fue la primera en emplear el Mirage F1 en combate; ya la Real Fuerza Aérea Marroquí había desplegado sus propios aparatos en la lucha contrainsurgencia en el Sahara Occidental a mediados de la década de 1970. Pero sería en los campos de batalla del sur del continente africano, a fines de la década de los setentas y durante los años ochenta, que el aparato de manufactura francesa brillaría y ganaría notoriedad internacional como una aeronave de combate potente, versátil y capaz de enfrentarse con éxto a lo más reciente de la industria armamentística del bloque soviético.
El objetivo de este texto – con la venia de nuestros amables lectores, quizás más acostumbrados a los temas estrictamente navales – es exponer, de una manera razonablemente detallada, la historia de este notable avión de caza en el sur del continente africano y de los pilotos que lo volaron en combate, enfatizando en los aspectos operativos, tácticos y técnicos para finalmente reflexionar y obtener conclusiones relevantes al tema en cuestión.
Antecedentes del conflicto
LA REGIÓN ENTRE LAS DÉCADAS DE 1960 A 1980
La antigua colonia alemana de África del Sudoeste, SWA (Südwestafrika en alemán, Suidwes-Afrika en afrikaans, South-West Africa en inglés), actual República de Namibia, se encontraba bajo control de la República de Sudáfrica, previamente Unión Sudafricana, desde la década de 1910. Políticamente hablando, estaba dividida en diez homelands (‘patrias’ – o ‘bantustanes’, como se les conocía extraoficialmente) de acuerdo a lo establecido por la Comisión Odendaal de 1964 – territorios delimitados como reservas tribales con cierto grado de autonomía destinados a alojar a las distintas etnias de habitantes no blancos de acuerdo a lo previsto por la política segregacionista del apartheid. La capital del territorio, administrado por Sudáfrica, era la ciudad de Windhoek. La población rondaba el millón trescientos mil habitantes.
El área de operaciones durante la denominada ‘Guerra de Frontera con Angola’ (Angola Border War, en inglés) en la zona norte de África del Sudoeste se extendía a lo largo de los 1,500 kilómetros de línea limítrofe con los vecinos territorios de Angola y Zambia, cubriendo una gran cantidad y variedad de terreno y vegetación, similar a la encontrada en el sur de Angola, con la excepción de la presencia del cauce del río Cunene, que propicia la proliferación de vida vegetal a lo largo de sus márgenes. El territorio hacia el oeste está compuesto principalmente por pastizales y matorrales más allá de la cadena de colinas hacia el sur.
El territorio de Kaokoland, al oeste – uno de los bantustanes de África del Sudoeste – está conformado por una estrecha franja desértica a lo largo de la línea costera y terreno escarpado hacia el interior. El clima es bastante seco, con vegetación en forma de manchas de pastizales y bosques de plantas que sobreviven con poca agua. El río Cunene, que constituye la frontera con la vecina Angola, desarrolla poderosas corrientes durante la época de lluvias, haciendo peligroso cualquier intento de cruzarlo. Kaokoland se encuentra escasamente poblado, contando con apenas 20 mil habitantes. Posee solo un centro poblado – Opuwa – y muy poca infraestructura. La economía local se sostiene en base a la agricultura y ganadería.
Owamboland se extiende 450 kilómetros a lo largo de la línea de frontera, con 120 kilómetros de envergadura. La topografía es excepcionalmente plana, con apenas alguna que otra referencia que destaque del resto del paisaje, compuesta por grandes extensiones de arenales con manchones de matorrales densos. La escasa precipitación que allí cae – 500mm durante las temporadas lluviosas – tiende a acumularse en depresiones naturales denominadas oshonas u omurambas que almacenan grandes cantidades de agua en el subsuelo. Las temperaturas durante el día fluctúan entre los 27 y 30°C en verano, descendiendo a máximas de 20°C en la temporada invernal. Es hogar del grupo poblado más numeroso en el territorio – 61 mil habitantes de la etnia Owambo. Incorpora tres centros poblados de importancia – Oshakati, Ondangwa y Ruacana – y numerosas aldeas. La población se concentra en la zona centro-septentrional de la región, con el resto del territorio escasamente habitado. Apenas existen mil kilómetros de infraestructura vial, de los cuales 207 kilómetros de las rutas norte-sur están asfaltados, siendo el resto trochas afirmadas. La economía se basa en actividades primarias (cría de ganado y agricultura) con algunas industrias menores estableciéndose en la zona hacia fines de la década de 1980. También existen numerosos puestos de comercio menores regados a lo largo de la red de caminos.
Los territorios de Kavango, Caprivi y Bushmanland cubren una extensión de 63,300 kilómetros cuadrados entre los tres. La región es una mezcla de bosques secos, dunas de arena y omurambas. La vegetación que crece en las márgenes del río Okavango (llamado Cubango en la extensión que recorre dentro de Angola) es densa y subtropical. Rundu es el único poblado y cuenta con el único campo de aviación de la zona. Hay un camino asfaltado que lleva hacia el sur, hacia Grootfontein y uno afirmado que recorre paralelo al cauce del río. El resto de caminos locales está compuesto por trochas precarias que sufren inundaciones durante la época lluviosa, haciéndolos intransitables incluso hasta para vehículos con tracción integral. La mayor parte de los 14 mil habitantes reside en aldeas tradicionales dispersas a lo largo del río Okavango – algunas de ellas organizadas en comunidades cuya mayor densidad les permite acceder a colegios, comercios y establecimientos de salud. Caprivi Occidental constituye una gran reserva ecológica y es hogar de algunos nativos denominados bosquimanos que subsisten en base a la ganadería, la agricultura, la caza y la pesca. Caprivi Oriental posee un área de apenas 11,500 kilómetros cuadrados, con una extensión de 200 kilómetros de este a oeste y 80 kilómetros de norte a sur y está delimitada por una franja despejada que forma la frontera con Angola y Zambia y el cauce del río Zambezi al norte, los ríos Linyati y Chobe al sur y el río Cuando (o Kwando) al este, limitando con el vecino Zimbabwe al oeste. Es una región de clima subtropical, caracterizada por la presencia de densos bosques intercalados con áreas abiertas cubiertas de pasto natural. La precipitación anual promedio es de 880mm, incrementándose a 1,000mm en la temporada lluviosa, cuando la mayor parte del territorio se transforma en un pantanal imposible de cruzar. Los ríos se desbordan con la crecida de lluvias, transformando la topografía a lo largo de sus márgenes. Las temperaturas durante el verano llegan a ascender hasta los 40°C. El único centro poblado es el de Katima Mulilo, con un único aeródromo importante en Mpacha. Apenas 42,000 habitantes viven en la zona, dependiendo del cultivo, la ganadería y la pesca para satisfacer sus necesidades de alimentación.

Fig.2 – Mapa mostrando los territorios de Sudáfrica, África del Sudoeste (hoy Namibia) y Angola, con las principales bases aéreas sudafricanas al momento de la Guerra de Frontera
El Mirage F1 en la Fuerza Aérea Sudafricana
REQUERIMIENTOS DE DEFENSA
Para inicios de 1960, la Fuerza Aérea Sudafricana (South African Air Force – SAAF) había adquirido una flota considerable de cazas Mirage III construidos por la empresa francesa Avions Marcel Dasault-Breguet Aviation (AMD-BA), la cual incluía al interceptor –CZ, la variante de ataque a suelo –EZ, entrenadores biplaza –BZ y –DZ, así como la versión de reconocimiento fotográfico –RZ. La letra “Z” fue asignada por Dassault para designar a los aparatos destinados a Sudáfrica. Todos estos aviones se encontraban asignados al 2 Squadron, estacionado en la base aérea de Waterkloof, en las afueras de la capital administrativa, Pretoria.
Estudios estratégicos comisionados hacia fines de la década de 1960 indicaron la necesidad de adquirir más aparatos para complementar al Mirage III. El nuevo avión tendría que estar en capacidad de defender el corazón industrial de Sudáfrica de cualquier amenaza aérea o terrestre que pudiera provenir de las naciones vecinas. El imperialismo comunista se había extendido a lo largo del continente durante los años ’50 y ’60, ocupando el vacío dejado por el colapso del colonialismo; presagios indicadores de revoluciones populares fueron percibidos en las colonias portuguesas de Angola y Mozambique.
El Ministro de Defensa P. K. Botha anunció en diciembre de 1969 que Sudáfrica habría de adquirir un nuevo avión de combate ni bien entrada la década de 1970. La SAAF comenzó a buscar alternativas, entre ellas los Mirage V y Milan (modernización del Mirage III) de Dassault, el anglo-francés SEPECAT Jaguar y el Mirage F1. A pesar de que todas constituían buenas alternativas, solo el Mirage F1 se percibió como la aeronave que podía darle a la SAAF la ventaja tecnológica que esta requería.
El Brigadier General Jon Blaauw, veterano de la guerra de Corea y oficial al mando del Comando de Ataque de la SAAF por ese entonces, interpuso el requerimiento para la adquisición de 100 nuevos aparatos; luego de negociaciones y ajustes, la cifra fue reducida a 48 unidades Mirage F1, cuatro Mirage IIIR2Z de reconocimiento fotográfico y once entrenadores biplaza Mirage III D2Z. El paquete inicial de ventas incluía la adquisición de corbetas francesas de la clase ‘D’Estiene D’Orves’ (A69) para la Armada Sudafricana y la introducción en el país del sistema de televisión francés. Eventualmente las corbetas, debido al embargo de armas interpuesto por la ONU en 1977, nunca arribaron (fueron revendidas a Argentina) y el país adoptó el sistema de televisión PAL alemán. El costo del paquete aeronáutico superaba los 500 millones de rand, cifra considerable para la época, pero fue considerado un negocio estupendo a medida que Sudáfrica fue aceptada como el cliente de lanzamiento para la exportación del Mirage F1.

Fig.5 – Sudáfrica ha sido tradicionalmente un usuario importante de reactores de combate de manufactura francesa – tales como este Mirage IIIEZ, perteneciente al ’2 Squadron’ – incluso antes de la compra del Mirage F1
EQUIPO DE EVALUACIÓN
En octubre de 1971, los Teniente Coroneles de la SAAF Piet Bosman ‘Bossie’ Huyser y Zach Repsold, ambos pilotos de élite de Mirage III, visitaron Francia a fin de evaluar el nuevo avión. Huyser comandaba la fuerza de cazas de la SAAF, mientras que Repsold tenía bajo su mando al 2 Squadron. En la base aérea francesa de Istres fueron instruidos por un día en los aspectos técnicos generales del F1, seguido de un examen oral en horas de la tarde que ambos aprobaron satisfactoriamente.
Al día siguiente, 6 de octubre, Repsold piloteó el prototipo 04 del Mirage F1 de Dassault en una salida de familiarización de una hora con 45 minutos. La configuración alar del prototipo difería de la de los posteriores modelos de producción: el generador de vórtices serrado del borde de ataque se encontraba ubicado mucho más hacia fuera, cerca de la punta del ala. En las versiones de producción, este fue desplazado más cerca al fuselaje.
La primera impresión de Repsold sobre el aparato fue muy favorable. La planta propulsora Atar 9K50 otorgaba un excelente desempeño a nivel del mar. Una configuración balanceada de mandos de vuelo daba al F1 la misma sensación agradable que la experimentada a bordo de un apreciado veterano de la SAAF, el North American F-86 Sabre. La meteorología era la usual en Europa durante el otoño, con cielos parcialmente cubiertos con el techo de nubes a 25 mil pies. Repsold continuó familiarizándose con los controles y la maniobrabilidad del aparato antes de ascender a 30 mil pies y conducir interceptaciones controladas desde tierra (Ground-Controlled Interceptions – GCI) contra un Mirage F1 del Armeé de l’Air (Ejército del Aire) francés. Aunque poco familiarizado con los mandos de vuelo, Repsold quedó impresionado con las capacidades del radar de ataque Cyrano IV, consiguiendo buenos resultados en detección y enganche ante una variedad de situaciones y orientaciones del blanco.
Luego de la secuencia de interceptaciones controladas, el vuelo se vio interrumpido por una alarma en el panel de advertencias indicado un problema en la configuración de flaps/slats, lo cual fue solucionado por el piloto. Este tipo de inconvenientes habían sido subsanados en gran medida para cuando el Mirage F1 entró en servicio. Repsold dio por concluido el vuelo posando el aparato en la pista utilizando el indicador de senda de vuelo desplegado en su presentador frontal de datos (Heads-Up Display – HUD), deteniendo la aeronave en menos de 1,000 metros de asfalto, algo ciertamente impresionante considerando que se trataba de la mitad de la distancia que necesitaba un Mirage III para aterrizar en la pista del campo aéreo de Waterkloof, cerca de Pretoria en Sudáfrica, a 5,000 metros sobre el nivel del mar, en un día cálido. Posteriormente, Huyser realizó un vuelo similar en el mismo aparato.
Al día siguiente, ambos pilotos arribaron a la base de Cazaux para efectuar salidas de ataque a suelo, utilizando los cañones DEFA de 30mm. De 250 disparos efectuados, Huyser logró 209 aciertos mientras que Repsold, 198 – resultados que entusiasmaron a sus anfitriones franceses. Luego de dos salidas cada uno, los pilotos retornaron a Sudáfrica para producir un reporte de evaluación. Quedaba claro, a partir de la experiencia vivida en Francia, que el Mirage F1 habría de ser una excelente adquisición para la SAAF.
Dos versiones del Mirage F1 fueron solicitadas por Sudáfrica: el F1CZ, similar al modelo F1C en servicio con el Armeé de l’Air y el F1AZ que, por otra parte, partió de un concepto y requerimientos enteramente sudafricanos. El diseño y desarrollo del mapa móvil y los sistemas de navegación y ataque fueron en gran medida financiados por Sudáfrica. En el rol de ataque a suelo, el Mirage F1AZ demostró una superioridad considerable respecto del más antiguo Mirage IIIEZ: la autonomía de vuelo fue duplicada y la carga bélica, dramáticamente mejorada, con la habilidad adicional de poder llevar dos misiles aire-aire de guía infrarroja en los soportes de las puntas alares. Posteriormente, ‘Bossie’ Huyser sería responsable del diseño de la instrumentación y disposición de la cabina para ambos modelos.
El 2 Squadron retuvo los interceptores Mirage IIICZ, entrenadores biplaza –BZ y plataformas de reconocimiento –RZ. Los cuatro nuevos Mirage IIIR2Z repotenciaron la capacidad de reconocimiento aerofotográfico de los escuadrones operacionales. Por aquel entonces, las operaciones se encontraban restringidas a interceptaciones diurnas, combate aire-aire y tareas de reconocimiento; la poca fiabilidad del radar Cyrano II que equipaba al Mirage III hacía prohibitivas las operaciones nocturnas o bajo condiciones climáticas desfavorables.
La 85 Advanced Flying School (Escuela de Vuelo Avanzado – 85 AFS), situada en la base aérea de Pietersburg, se transformó en la escuela de combate de la SAAF. En adición a los aparatos Impala y Sabre usados para instrucción, la unidad recibió los Mirage IIIEZ y –DZ del 2 Squadron. Los once nuevos biplaza –D2Z permitieron incrementar sustancialmente las capacidades de entrenamiento. Los pilotos destinados a los escuadrones de ataque que volaban los English Electric Canberra B(I)12 y T Mk4 y los Blackburn Buccaneer S.Mk50 de fabricación británica recibieron el beneficio de pasar por entrenamiento de caza avanzado en el Mirage III antes de ser asignados a sus respectivas unidades.
Los nuevos Mirage III incorporaban mejoras relevantes respecto de sus predecesores en términos de aviónica y sistemas de a bordo. Un número importante de sistemas, particularmente aquellos a bordo del sofisticado -R2Z fueron también incorporados a la suite de aviónica del Mirage F1. La SAAF escogió a un grupo selecto de técnicos, principalmente provenientes del 2 Squadron, para asistir a seminarios y cursos en Francia durante 1973. Estos cursos cubrían principalmente las particularidades del HUD, computadoras de navegación y sistemas VOR e ILS, novedades tecnológicas para la comunidad de reactores de caza sudafricana. Dentro de este grupo se encontraba el Teniente Coronel Daantjie Retief, oficial de electrónica del equipo de tierra de la base aérea de Waterkloof. Cuando el contingente retornó a Sudáfrica, Retief permaneció en Francia y se convirtió en uno de los miembros fundadores del proyecto de apoyo logístico para el Mirage F1.
EQUIPO SUDAFRICANO EN FRANCIA
A comienzos de 1974, el Teniente Coronel ‘Bossie’ Huyser, quien fuera encargado de la supervisión del programa Mirage F1 para la Fuerza Aérea Sudafricana, viajó a París donde se reunió con Daantjie Retief, Eric Esterhuise de Armscor (Corporación de Armamentos de Sudáfrica) y el Mayor Frikkie Bolton, jefe de mantenimiento, para conformar el equipo de desarrollo e introducción del proyecto F1. Al mismo tiempo, los oficiales de la SAAF, el Mayor Chris Lombard (recientemente promovido) y los Capitanes Jack Gründling y ‘Mitz’ Maritz, pilotos activos del 2 Squadron, fueron designados para constituir el núcleo de tripulaciones para el F1. Luego de un curso intensivo en el idioma francés, los pilotos comenzaron la instrucción técnica en los pormenores y particularidades del nuevo avión en la base aérea de Reims, donde fueron introducidos en las características de la planta propulsora y sistemas eléctricos e hidráulicos del F1. Después de tres días de instrucción y evaluación, los pilotos retornaron a París donde visitaron las instalaciones de los principales subcontratistas de Dassault involucrados en el proyecto, incluyendo Thomson-CSF, fabricante del sistema de puntería y el radar de interceptación y ataque Cyrano IV y Mesier-Hispano-Bugatti, quienes construían el tren de aterrizaje. Posteriormente y dejando atrás a Huyser, retornaron a Waterkloof para reanudar actividades con el 2 Squadron.
En julio de 1974, el equipo original de técnicos aeronáuticos destinados a mantener el sistema Mirage F1 durante su introducción al servicio fue enviado a Francia para recibir instrucción. Un segundo equipo de especialistas en motores, también reclutado mayoritariamente del 2 Squadron, se unió a sus compatriotas en Reims para una jornada de instrucción de once semanas. Al culminar la fase técnica, los técnicos asistieron a seminarios ofrecidos por las fábricas que desarrollaban componentes para el Mirage F1. Los encargados del mantenimiento de los motores recibieron instrucción en la planta de SNECMA, fabricante del reactor Atar 9K50; asimismo, visitas periódicas se realizaron a las plantas de Turbomeca en Bordeaux y Tolousse, fabricantes del sistema de arranque del motor.
A fines de octubre de 1974 se realizaron en Francia las pruebas de aceptación del Mirage F1CZ en el simulador de vuelo de Dassault por parte de pilotos sudafricanos. El Teniente Coronel ‘Bossie’ Huyser tomó cargo de la misión, detectando 35 errores de configuración en la instrumentación de cabina antes del despegue – para cuando ‘aterrizó’, la cantidad de errores se había incrementado a 55. Esta información fue debidamente transmitida a los fabricantes quienes realizaron los ajustes y cambios requeridos y sugeridos por los pilotos. Ese simulador – posteriormente entregado a la SAAF – continuaría siendo una herramienta vital para el entrenamiento de las tripulaciones de Mirage F1 durante todo el tiempo de vida del aparato en suelo sudafricano.
En noviembre, los tres pilotos – Gründling, Maritz y Lombard – arribaron a la base aérea de Mont-de-Marsan, cerca de Bordeaux en el sur de Francia, para la fase de entrega de los primeros aparatos. Allí se reunieron con el comandante ‘Bossie’ Huyser y el personal de tierra y recibieron instrucción en el simulador antes de los primeros vuelos programados para el 2 de diciembre, los cuales habrían de efectuarse en los flamantes nuevos F1CZ 201, 202 y 203. El primer avión destinado a la SAAF, matrícula 200, prototipo del proyecto, había retornado a la fábrica para recibir las modificaciones requeridas para llevarlo al estándar de servicio. El primer vuelo de un Mirage F1 sudafricano fue efectuado por el Mayor Chris Lombard a bordo del aparato 202 – esto a pesar de ser superado en rango por Huyser, quien no pudo decolar primero como se había previsto debido a un problema en su equipo transponder, lo cual le impidió al control de tráfico francés darle la autorización para el despegue – quien realizó una salida sin eventualidades monitoreada siempre por el radar de tierra. Al día siguiente continuaron los vuelos, nuevamente sin mayor eventualidad, con la salvedad de que tanto las condiciones climáticas como de luz natural que enfrentó ‘Mitz’ Maritz en su primer vuelo le confirieron el ‘honor’ de convertirse en el primer piloto sudafricano en aterrizar de noche, bajo condiciones de total oscuridad, en un Mirage F1.
Entre el 2 y el 18 de diciembre cada uno de los cuatro pilotos voló un aproximado de diez salidas diarias, testimonio de la excelente disponibilidad del nuevo avión. La asignación culminó el día 18 con un vuelo de traslado a Bordeaux, donde los aparatos habrían de ser preparados para su embarque con destino a Sudáfrica. Era el deseo de Huyser, antiguo comando del 2 Squadron, que los nuevos aparatos pasasen a integrar dicha unidad. Las cosas no se darían de esa manera; ya la alta jerarquía de la SAAF había tomado la decisión de mantener al 2 Squadron como una unidad de Mirage III, mientras que los nuevos F1 habrían de ser introducidos al servicio bajo la estructura del remozado 3 Squadron, a ser conformado por el experimentado piloto en cuestión y el equipo que se había forjado como una unidad durante la etapa de trabajo en Francia.
LOS MIRAGE F1 LLEGAN A SUDÁFRICA
F1CZ
Para mediados de 1975, todo el contingente se encontraba de vuelta en suelo sudafricano esperando el arribo de los primeros aparatos. Los aviones fueron enviados directamente a las instalaciones de Atlas Aircraft Corporation en el aeropuerto Jan Smuts (hoy aeropuerto internacional Oliver Reginald Tambo), en las afueras de Johannesburg. El primer aparato en ser ensamblado fue el 204, ya que el primero de la serie (200) se encontraba todavía recibiendo modificaciones en la fábrica de Dassault y los aviones 201, 202 y 203 estaban siendo desmontados en Bordeaux en preparación a su envío a Sudáfrica.
En la tarde del 4 de abril, los aparatos 204 y 205 fueron transferidos a su base en Waterkloof. Allí, fueron recibidos en la losa frente a las instalaciones del 3 Squadron por el Comandante en Jefe de la SAAF, el General Bob Rogers, quien presidió la ceremonia de recepción oficial del sistema Mirage F1 a la Fuerza Aérea Sudafricana. Ese día se convirtió en la fecha formal de reincorporación a la SAAF del 3 Squadron – disuelto desde 1957 y que había tenido una acción destacada durante la Segunda Guerra Mundial contra las fuerzas del Eje – reequipado con el Mirage F1. El 8 de abril, el escuadrón comenzó formalmente sus operaciones, aunque contando solo con dos aparatos. La línea de montaje de Atlas se encontraba atareada ensamblando los aviones restantes y los pilotos se desplazaban constantemente para efectuar los vuelos de traslado de las nuevas aeronaves desde Jan Smuts – donde se realizaban los vuelos de aceptación y certificación – hacia su nueva base; el 17 de abril, el aparato matrícula 206 fue enviado, iniciando el flujo de traslado de aeronaves que no se detendría sino hasta 1977 cuando el 200, la plataforma que fue la base y demostrador del proyecto Mirage F1CZ para Sudáfrica, fue finalmente ensamblado, completando eventualmente la dotación de 16 aeronaves para el 3 Squadron.
Fuera de numerosos vuelos de homologación y prueba, se comenzó a entrenar y emplear al Mirage F1CZ en su rol principal como interceptor. Los resultados inmediatos demostraron el salto que había dado la capacidad operativa de la SAAF; el radar Cyrano IV, aunque algo complicado de operar al igual que su predecesor, el Cyrano II, producía resultados notablemente mejores.
F1AZ
El 3 Squadron no había siquiera comenzado a estructurarse y funcionar como una unidad operativa cuando recibió la tarea de prepararse para el arribo de los F1AZ; debió entonces avocarse a la tarea de formar a los nuevos pilotos que volarían la variante especializada en ataque a suelo mientras que continuaba con la instrucción de sus propios elementos.
La tarea de desarrollar el programa F1AZ recayó en los Capitanes André van der Heever, instructor de la Unidad de Conversión Operacional (OCC) de Mirage de la 85 AFS de la base aérea de Pietersburg y Gawie Winterbach, veterano piloto de Mirage III del 2 Squadron. Ambos se convirtieron en los primeros pilotos en recibir instrucción para operar el F1CZ en suelo sudafricano, después de lo cual, a fines de abril de 1975, viajaron a París a fin de seguir el curso técnico de un mes en torno al sistema de navegación y ataque del F1AZ impartido por Dassault. Al terminar el curso retornaron a Waterkloof donde debieron realizar la tarea de traducir los manuales de navegación y armas del francés al idioma inglés – algo comprensiblemente complejo para dos hombres cuyo idioma materno era el afrikaans y cuyo dominio del francés no era precisamente el mejor.
En octubre, ambos pilotos retornaron a Francia a fin de recibir el simulador de vuelo y realizar los vuelos de aceptación en Istres, al sur del país. El Capitán Winterbach recibió el encargo de poner en el aire el primer aparato, matrícula 216. Su primera impresión, en el clima frío europeo y a nivel del mar, fue la de un desempeño estupendo por parte de la aeronave. La segunda, que la línea de caída de bombas en el presentador frontal de datos era demasiado sensible e inestable; subsanar aquello constituyó la primera tarea en la modificación y ajustes del sistema para satisfacer los requerimientos de la Fuerza Aérea Sudafricana.
En 1976 se tomó la decisión de separar en dos los escuadrones de Mirage F1. El Teniente Coronel Fred du Toit fue asignado al comando de la fuerza de F1 en reemplazo de Lombard, la cual se dividió entre el existente 3 Squadron y una nueva unidad, 1 Squadron – la última destinada a introducir al servicio y operar la variante especializada en ataque a suelo. Ambos escuadrones continuaron operando desde la misma base y compartiendo las mismas instalaciones.
De regreso a Sudáfrica, Winterbach y van der Heever se avocaron a la tarea de preparar el arribo del primer aparato F1AZ proveniente de Francia, a ser sometido a un completo programa de vuelos de prueba para su aceptación, el cual involucraba una prueba de rodaje y tres vuelos antes de la certificación: el primero, destinado a evaluar la instrumentación de vuelo; el segundo, para poner a prueba el sistema de navegación y ataque y el tercero, una comprobación de las características de vuelo supersónicas a Mach 2. Los primeros aparatos comenzaron a llegar en marzo a la planta de Atlas donde fueron ensamblados. El primer ejemplar, matrícula 216 al mando del Capitán Winterbach (el mismo avión que había piloteado en Francia), decoló del aeropuerto Jan Smuts el 24 de marzo, convirtiéndose en el primer F1AZ en alzar vuelo en los cielos africanos. Eventualmente, la totalidad de los 32 aparatos adquiridos fue sometida al mismo estándar, con el fin de detectar y solucionar problemas. Los repetitivos y monótonos vuelos de pruebas pronto evolucionaron a encuentros aéreos entre los miembros del escuadrón; posteriormente, comenzaron a volar contra los F1CZ del hermano 3 Squadron, llegando a desarrollar interesantes habilidades y tácticas en combate aire-aire (esto a pesar de que la función primordial del F1AZ era el ataque a suelo) – sorprendentemente y no en pocas ocasiones, fueron capaces de imponerse sobre los interceptores dedicados.
Una de las tantas particularidades que diferenciaban al F1AZ del –CZ era la incorporación de una sonda retráctil para reabastecimiento aéreo, lo que le permitía al avión tomar combustible de aeronaves cisterna equipadas con el sistema de canasta remolcada (drogue). Las ventajas de poder recargar combustible en el aire son obvias: en primera instancia, permite incrementar considerablemente el radio de acción y la autonomía de la aeronave, con lo cual se hace posible para un caza ingresar a una zona de combate con suficiente combustible para utilizar por períodos prolongados la postcombustión (que genera un gasto significativo de precioso combustible) de ser necesario al verse enfrentado por aviones enemigos; a medida que el nivel de combustible desciende, el avión puede navegar hacia un cisterna aéreo en estación, reabastecer y volver a la acción. Asimismo y en el caso particular del teatro de operaciones del sur del continente africano, permite que una aeronave decole con seguridad llevando una máxima carga bélica y poca cantidad de combustible desde pistas cortas y/o en climas especialmente calurosos para luego, una vez en el aire, cargar combustible de otra aeronave y proseguir con la misión.
Para realizar la maniobra, el cisterna aéreo despliega completamente una manguera, la cual cuenta al final de su extensión con una canasta de metal de forma cónica recubierta con una membrana de tela (‘panty’, en el argot de los pilotos de caza), la cual permite que la canasta se despliegue apropiadamente luego de abandonar su alojamiento. El piloto del F1AZ extiende la sonda – ubicada en un receptáculo al lado derecho del morro – posicionándose a popa del avión cisterna, alineando su aparato con la canasta remolcada. Maniobrando y regulando cuidadosamente el mando de gases, se posiciona a 5 metros por detrás de la misma, manteniendo velocidad, rumbo y altitud para permanecer en posición. En este momento, el piloto recibe confirmación visual – por medio de un sistema de luces ubicado en la parte posterior del módulo de reabastecimiento, las cuales indican, según el color (rojo, ámbar, verde) si el piloto debe mantener su posición, ejecutar la maniobra y si la posición de la manguera es correcta para dar inicio a la transferencia – de que tiene autorización para realizar el contacto (de esta forma, la maniobra puede realizarse bajo silencio de radio). Al acercarse a la canasta y si la maniobra se hace correctamente, el flujo aerodinámico que pasa sobre el morro del aparato desvía la canasta y la coloca en posición óptima para una conexión. Al realizar la misma, la inercia con la que el caza empuja la canasta permite que la manguera se enrolle hasta la posición predeterminada para comenzar a bombear el combustible, indicada por una sección de manguera amarilla que debe coincidir con la boca del módulo de reabastecimiento. A medida que se bombea el combustible, precisos movimientos del bastón de mando y el mando de gases son necesarios a medida que el peso del caza se incrementa, lo mismo que ajustes en el trimado debido a que el centro de gravedad (CG) se ve alterado con el ingreso de combustible a los tanques internos.

Fig.10 – F1AZ del ’1 Squadron’ siendo preparado para una salida de entrenamiento en la base aérea de Hoedspruit. Nótese el soporte para bombas de práctica de 14kg Rafaut LBF2 Pneumatique en el soporte interno del ala de estribor
ACM SUPERSÓNICO
Entre el 13 y el 23 de septiembre de 1976, seis Mirage F1CZ y cuatro F1AZ fueron desplegados a la base aérea de Durban para el encuentro anual de maniobras de combate aéreo (Air-Combat Manoeuvring – ACM) supersónico, en el cual también participaron aparatos Mirage III del 2 Squadron, así como de la 85 AFS.
Desde un inicio se tuvo presente la necesidad de desarrollar tácticas de combate aéreo adecuadas a fin de extraer el máximo desempeño de plataformas veloces y de perfiles aerodinámicos alares delgados como el Mirage F1. Aparatos más lentos con secciones aerodinámicas más gruesas – capaces de producir mayor sustentación – tales como el F-86 Sabre o incluso el subsónico Impala (versión producida bajo licencia por Atlas Aircraft Corporation del Aermacchi MB326) no tenían mayor dificultad en imponerse ante un Mirage F1 en un combate de giros a velocidades inferiores a Mach 0.9. Sin embargo, a velocidades mayores y empleando las tácticas apropiadas, el Mirage probó ser imbatible.
La oportunidad de desplegarse a Durban daba a los pilotos de cazas supersónicos la posibilidad de explorar y explotar al máximo las capacidades de sus aviones. El vuelo supersónico a cotas inferiores a los 30 mil pies es prohibitivo sobre suelo sudafricano; ya que la mayoría de encuentros aéreos ocurren a altitudes muy por debajo de este límite, el entrenamiento sobre tierra firme se encontraba severamente reglamentado y restringido. Operando sobre mar abierto, estas restricciones carecían de efecto y el potencial de los Mirage podía ser desatado. Al final del despliegue quedó claro que el Mirage F1, si bien comparable en combate aire-aire al Mirage III, demostraba ventajas claras en capacidad de carga de combustible y en combate en el plano vertical. La mayor potencia del F1 le permitía dejar atrás a su oponente en la vertical y facilitaba la maniobra para colocarse en posición de tiro. El lugar, por su ubicación y excelente cobertura de radar, permitía aprovechar al máximo el entrenamiento y lograr interoperabilidad con otras unidades de las Fuerzas de Defensa.
Durante octubre del mismo año, el 1 Squadron se concentró en salidas de bombardeo en el campo de tiro de Roodewal. Los Capitanes Winterbach y ‘Mossie’ Basson grabaron cada ataque con sus cámaras de a bordo con el fin de reenviar el material a Francia. La línea de caída de bombas del –AZ, que presentó problemas desde el inicio, seguía siendo demasiado sensible – un asunto que demoraría años en ser subsanado.
Noviembre fue el mes de los ‘combates’ entre los F1CZ y –AZ, con los Blackburn Buccaneer tomando partido por los –AZ. Los entrenamientos se extendieron hasta diciembre, cuando los F1 se enfrentaron a los Impala del 4 Squadron. Los pilotos de Mirage aprendieron a no disminuir la velocidad por debajo de los 250-300 nudos durante una refriega contra estos más livianos y ágiles aparatos.

Fig.11 – Con ocho bombas y dos misiles Magic instalados en las puntas alares, este F1CZ se encuentra seguramente al límite de su capacidad máxima de carga bélica. Aunque optimizado para la interceptación de objetivos aéreos, el F1CZ fue también usado en su rol secundario de ataque a suelo
SEMBRANDO LAS BASES
Al inicio de 1977, seis nuevos pilotos llegaron procedentes de la 85 AFS para conversión al sistema Mirage F1: el Teniente Coronel Willem Hechter y el Teniente Thys Muller, destinados al 1 Squadron y los Tenientes Darryl Lee y Des Steinhobel para el 3 Squadron. Adicionalmente, los Teniente Coroneles Jan Marais y Bob Masson, pilotos de prueba asignados al Test Flight Development Centre (TFDC). Ellos y la unidad en conjunto habrían de representar un papel importante en desarrollar el Mirage F1AZ para el servicio operacional.
A Hechter, con tan solo un año (de los tres reglamentarios) al servicio como comandante de la escuela de combate con base en Pietersburg, se le encargó el comando del 1 Squadron. Su objetivo, desde el inicio, fue el de separar completamente al Mirage F1AZ bajo la estructura de un escuadrón completamente autónomo. Ello, sin embargo, no constituía tarea fácil, en especial porque todo el equipo y parafernalia de soporte para asegurar la operatividad del sistema Mirage F1 habían sido adquiridos para toda la flota en conjunto y no para funcionar como unidades separadas. La segunda preocupación era la de introducir al servicio lo más pronto posible a los aviones que venían llegando en grupos desde Francia. Todos los aparatos llegaron a las instalaciones de Atlas Aircraft Corporation por tierra o mar, salvo por los últimos nueve (239 a 247): estos fueron embalados y transportados por cargueros C-130 Hercules del 28 Squadron con el fin de sortear las trabas impuestas por el inminente bloqueo armamentístico, decretado por la Organización de Naciones Unidas (Resolución 418 del Consejo de Seguridad) en noviembre de ese mismo año.
Habiendo la SAAF definido los roles para el futuro del F1 en la fuerza – -CZ para interceptación, -AZ para ataque a suelo – Hechter y sus hombres se embarcaron en la ardua tarea de producir un sílabo de ataque aire-suelo con el fin de desarrollar las tácticas que aprovechasen al máximo las capacidades de un avión tecnológicamente tan avanzado. El trabajo comenzó a rendir frutos a medida que los procedimientos se perfeccionaban. Entre enero y febrero se observaron muchas mejoras en la confiabilidad de los sistemas y la pericia de los pilotos; durante la primera salida destinada a poner a punto el sistema de lanzamiento automático de bombas, el Capitán André van der Heever logró colocar cinco de seis bombas en un radio de 30 metros alrededor del objetivo. Dieciséis Mirage F1 se trasladaron a la base aérea de Langebaanweg para prácticas de tiro aire-aire. Estas se realizaban con blancos remolcados por aeronaves Impala; la pericia de los pilotos era juzgada por la cantidad y ángulo de penetración de los proyectiles en la banderola de remolque usada como blanco.
Debido a la premura con la que los F1AZ dejaron Francia, muchos aspectos no llegaron a desarrollarse, pulirse y probarse del todo, por lo que gran parte del trabajo de desarrollo, integración y refinamiento de tecnologías debió hacerse en forma local. Diferentes configuraciones con múltiples tipos de cargas externas requirieron pruebas de vuelo exhaustivas antes de poder ser certificadas operacionalmente. Información sobre velocidades, ajustes de potencia, cifras y cálculos de consumo de combustible, etc. debió obtenerse en condiciones de campo y contrastada con la data provista por los manuales técnicos para su comprobación, en todo el rango de condiciones de cargas de combate y combustible imaginables.
A fin de incrementar la carga de combate del aparato, una configuración de 14 bombas fue propuesta para el F1AZ. Ello implicó la modificación extensiva y refuerzo del tren de aterrizaje, lo cual ocupó por buena parte del tiempo a los ingenieros de la empresa Dassault. Ello tuvo consecuencias negativas para la operatividad del 1 Squadron, ya que significó el retraso en el desarrollo de los soportes de armas y las modificaciones necesarias a la computadora de tiro, cuya responsabilidad, entre tantas más, es la de asegurar el correcto desprendimiento en secuencia de las bombas a fin de mantener bajo control los cambios repentinos en el centro de gravedad (CG) de la aeronave, cuestión que debía hacerse obligatoriamente y no podía tomarse a la ligera. El sistema automático de bombardeo siguió presentando problemas hacia fines de 1977, con algunas soluciones intermedias y algunos buenos resultados en despliegues de práctica en el campo de tiro de Roodewal. El 19 de diciembre, el escuadrón recibió su primer misil aire-aire de práctica Kentron V3 Kukri, de manufactura local.

Fig.13 – Un F1AZ remonta desde la pista de Ondangwa. Nótese los dos misiles V3B Kukri para autodefensa en tonos crema en los soportes de las puntas alares
ESCALADA DE TENSIONES
A mediados de 1978 se encontraba en etapas finales de construcción la base aérea de Hoedspruit, una instalación novísima proyectada para su uso por reactores supersónicos de alto desempeño. La SAAF había planeado mudar al 2 Squadron, equipado con aparatos Mirage III, de Waterkloof (que compartía con los 1 y 3 Squadrons de Mirage F1) a estas nuevas instalaciones; hasta entonces, los escuadrones de F1 se veían obligados a compartir el escaso espacio disponible, el cual ofrecía una infinidad de problemas e incomodidad para la operación de 48 aparatos Mirage F1 – en lugar de solamente los 16 que conformaban el inventario del 3 Squadron.
La situación cada vez más delicada en la Guerra de Frontera, en curso desde 1966, obligó, sin embargo, a ambos escuadrones a sobreponerse a las dificultades ante la posibilidad inminente de entrada en combate. El mes de diciembre el gabinete del Presidente John Vorster tomó la decisión de realizar ataques preventivos en contra de las fuerzas terroristas que habitualmente incursionaban desde Angola hacia África del Sudoeste, pasando de una estrategia puramente defensiva – que presentaba grandes limitaciones, por cuanto la cantidad de hombres disponibles simplemente no era suficiente como para patrullar de forma efectiva la extensa frontera entre ambos territorios – a una ofensiva. Se consideró que golpear los campamentos y concentraciones de la SWAPO dentro de territorio hostil constituiría un método más costo-eficiente de proteger la soberanía nacional. Las operaciones allende la frontera implicaban la necesidad de contar con cobertura aérea, lo cual significaba una escalada en el nivel de tensión en un conflicto, hasta ese momento, de baja intensidad.
Un balance de resultados obtenidos en el campo de tiro arrojaban los siguientes resultados para los pilotos del 1 Squadron de la SAAF:
29% de aciertos en la banderola en tiro de cañón aire-aire
40% de aciertos en un blanco de 4x4m en tiro de cañón aire-suelo
Fallo en el acierto por 18.5m de distancia del blanco en disparo de cohetes de 68mm
Fallo en el acierto por 38m de distancia del blanco con bombas lanzadas manualmente
Resultados no trazables con lanzamientos automáticos
Los resultados de los ejercicios de tiro aire-aire eran, dentro de todo, aceptables; después de todo, un impacto de un proyectil de 30mm de alto explosivo bien colocado podía derribar un avión enemigo o destruir un vehículo liviano en tierra. Sin embargo, los resultados de los disparos de cohetes de 68mm no eran nada alentadores, puesto que un impacto directo es lo que se requiere para dejar fuera de combate a un vehículo acorazado. Los lanzamientos manuales de bombas tuvieron resultados aceptables, demostrando un incremento en el nivel de habilidad de los pilotos respecto de situaciones previas. Sin embargo, a fin de estimar resultados operacionales (donde intervienen numerosas variables que no se encuentran presentes en el campo de prácticas), es necesario multiplicar dichas cifras por un factor de 1.5; así pues, el resultado promedio de 38 metros, multiplicado por 1.5, se traducía en una distancia de error de 95 metros, algo completamente inaceptable. Así las cosas, el resultado más desalentador lo dio el lanzamiento de bombas controlado por computadora, la cual tiene por función determinar el punto exacto en el que las bombas deben desprenderse del aparato para alcanzar su objetivo. Estos resultados enfatizaron en el personal del 1 Squadron los aspectos que requerían mayor atención y que necesitaban mayor trabajo y ajuste.
En marzo tuvo lugar uno de los dos despliegues bianuales a la base de Langebaanweg para la práctica de tiro aire-aire con cañón, en principio sin asistencia alguna del radar. Los resultados – 0, 2, 3 y 7 aciertos sobre 50 disparos efectuados – confirmaron lo difícil de acertarle a un blanco móvil pequeño desde una plataforma igualmente móvil. El uso del radar telemétrico AIDA a bordo del F1AZ mejoró notablemente la situación – a saber, el Teniente Thys Muller en una de sus salidas logró un impresionante y perfecto 50/50. En abril, luego de tres días fuera de servicio – debido a la necesidad de introducir modificaciones en las unidades de control de combustible o FCUs de los aviones – los F1 se movilizaron a la base aérea de Bloemspruit para realizar prácticas de ataque a tierra. Nuevamente, los resultados fueron decepcionantes, con la computadora de bombardeo todavía demostrando ser poco fiable. Bombas que rehusaban desprenderse de sus soportes indicaron a los ingenieros que todavía quedaban problemas por resolver antes de que los aviones pudiesen ser autorizados para efectuar misiones operacionales.
Los pilotos de los Mirage realizaron pruebas de lanzamiento de misiles V3 Kukri en el polígono de St. Lucia, en Zululand (hoy Provincia de KwaZulu-Natal). Bajo condiciones de prueba los resultados fueron tremendamente exitosos; sin embargo, una vez que los Mirage entraron de lleno al conflicto fronterizo con Angola, surgieron problemas inesperados. En mayo, el Mayor Roelf Beukes lanzó bombas de 250 kilos armadas con la nueva espoleta de temporización variable (VT) en el campo de tiro de Potchefstroom, la cual les permitía detonar a una distancia predeterminada del suelo a fin de lograr máximo efecto. Una bomba con espoleta de contacto golpeando el blando suelo arenoso angoleño detonaba bajo tierra (que absorbía gran parte de la energía de la detonación), produciendo un cráter que, si bien era visualmente impresionante, no causaba mayor daño a los blancos inmediatos, a no ser que se lograra un impacto directo.
Mientras los Mirage F1 aún eran preparados para el combate, la guerra contra la SWAPO escaló dramáticamente: el 5 de mayo de 1978, más de 200 paracaidistas fueron desplegados vía aérea por aeronaves de transporte Lockheed C-130F Hercules y Transall C-160Z en el pueblo de Cassinga, minutos después de que bombarderos Canberra y Buccaneer alcanzaran objetivos militares al interior de la villa. Los paracaidistas sufrieron catorce bajas (tres muertos y once heridos) mientras que la SWAPO perdió a más de mil efectivos, quienes respondieron a la operación con fuego de 23mm y AK47. La incursión constituyó una escalada en el conflicto; la introducción de aviones de combate en un escenario de lucha contrainsurgencia hasta ese momento exclusivamente apoyada por helicópteros contribuyó a incrementar el nivel de hostilidad y sofisticación de la guerra.
DEBUT OPERACIONAL
El Mirage F1 sudafricano inició su participación en el teatro de operaciones de la Guerra de Frontera el 6 de julio de 1978, cuando un F1AZ pilotado por el Capitán André van der Heever partió desde la base aérea de Mpacha, ubicada el extremo este de la Franja de Caprivi, escoltando a un Mirage IIIR2Z del 2 Squadron – al mando del Capitán Steve Ferreira – en misión de reconocimiento sobre Zambia. Van der Heever estaba a cargo de recabar data de desempeño de la aeronave, configurada con dos depósitos externos eyectables subalares de 1,200 litros. La prolongada misión de reconocimiento fotográfico resultó ideal para extraer data sobre consumo de combustible, periodos de aceleración y maniobrabilidad de la aeronave bajo esa configuración. La salida se efectuó sin oposición.
Mientras tanto, las tripulaciones restantes de F1AZ continuaron con pruebas de configuración de cargas externas y lanzamiento de municiones en el campo de tiro de Roodewal. La exactitud de los sistemas de puntería y liberación automática de bombas no mejoró y para agosto debieron enfrentarse mayores problemas debido a la falta de disponibilidad recurrente de radares y telémetros láser de a bordo. Los aviones retornaron el 25 de agosto a su base de Waterkloof, con dificultades producto del mal clima.
Precisamente a fines de mes, el campamento militar de Katima Mulilo ubicado al extremo este de la Franja de Caprivi, fue bombardeado por elementos de la SWAPO: un cohete de 122mm destruyó un módulo habitable matando a 10 soldados sudafricanos e hiriendo a otros diez. Apenas media hora después de culminada la incursión, las fuerzas sudafricanas lanzaron un ataque combinado utilizando fuerzas terrestres apoyadas por helicópteros artillados Alouette III. Antes de que la operación fuese interrumpida, bombarderos Canberra y Buccaneer atacaron objetivos identificados como pertenecientes a la SWAPO en Zambia. A pesar de que solo se contabilizaran 16 guerrilleros muertos, la operación allende la frontera logró con éxito dar fin a la campaña insurgente en la Franja de Caprivi, en la cual la SWAPO no volvería a mantener una posición favorable.
Durante 1978, la Heyl Ha’Avir – Fuerza Aérea Israelí – se acercó a la SAAF con el fin de solicitar que a dos experimentados pilotos suyos se les concediese la oportunidad de volar en los Mirage IIIR2Z y F1CZ; Irán, uno de los vecinos beligerantes del Estado de Israel, había iniciado tratativas con Dassault con miras a adquirir ambos modelos. Los israelíes, siempre buscando mantenerse un paso delante de cualquier posible adversario, requerían estudiar el desempeño de ambas aeronaves. Como pago en retorno, el comando del 3 Squadron solicitó a la delegación israelí permanecer más tiempo del que tenían pensado en Sudáfrica a fin de que las horas de vuelo que los israelíes efectuasen en los aviones de la SAAF fuesen retribuidas en forma de seminarios y lecciones, enfatizando aquellos referidos al combate aire-aire – arte que los israelíes dominaban. Este intercambio de experiencias tendría una repercusión muy positiva en la instrucción de los pilotos sudafricanos y representaría un salto cualitativo importante en cuanto a conocimiento y puesta en práctica de esta materia.
En noviembre de ese año, ambos escuadrones fueron desplegados a la base aérea de Ondangwa, cerca de la frontera de África del Sudoeste con Angola. Luego de 13 años de lucha contrainsurgencia de baja intensidad en los matorrales, había llegado el momento para que los Mirage F1, los cazabombarderos más modernos y tecnológicamente avanzados de la Fuerza Aérea Sudafricana, entrasen en acción.
PRIMEROS DESPLIEGUES OPERACIONALES
El primero de muchos despliegues operacionales se dio el 3 de noviembre de 1978. Cinco F1CZ fueron desplegados a la base de Ondangwa, tripulados por el comandante del 3 Squadron, Teniente Coronel Fred du Toit y los Capitanes Carlo Gagiano, Pierre du Plessis, Darryl Lee y ‘Tinkie’ Jones. Su misión al arribar fue la de proveer escolta a los Mirage IIIR2Z del 2 Squadron que volaban intensamente misiones de reconocimiento aerofotográfico sobre el sur de Angola.
El 11 de noviembre, uno de los vuelos se aproximó al puerto angoleño de Namibe. En el trayecto de retorno, du Plessis y Lee, quienes conformaban el grupo de escolta, fueron alertados por el controlador aéreo de ‘Dayton’ – el nombre código para la estación de radar móvil Marconi situada permanentemente en Ondangwa con la finalidad de proveer cobertura radar a los aviones sudafricanos – sobre la presencia de dos contactos moviéndose hacia su posición a alta velocidad provenientes del norte. Lamentablemente, por encontrarse bajos de combustible, los F1 no pudieron interceptarlos y pusieron morro de regreso a Ondangwa. Los contactos abandonaron la persecución y viraron de regreso a su base en Lubango, a 300 kilómetros al norte de la frontera.
El 6 de noviembre, cinco F1AZ del 1 Squadron tripulados por el Mayor André van der Heever y los Capitanes I.C. du Plessis, Thys Muller, Piet Truter y Ed Deschamps se unieron al 3 Squadron en Ondangwa. Los aparatos y sus tripulaciones se mantuvieron en alerta para apoyar a las fuerzas de tierra de ser necesario. Antes de su repliegue a Waterkloof el 20 del mes, volaron misiones de reconocimiento armado, una de apoyo aéreo cercano (CAS) y de escolta para los vuelos de reconocimiento del 2 Squadron. Para el 12 de diciembre todos los aparatos retornaron a su base.
Como resultado de recibir aviones de combate MiG21MF ‘Fishbed-J’ y pilotos de parte de Cuba y con la URSS haciendo lo propio despachando MiG21F13 ‘Fishbed-C’ junto con sus respectivas tripulaciones, el MPLA – partido de gobierno de Angola – se vio en capacidad de crear una incipiente fuerza aérea que inició sus operaciones el 21 de enero de 1976. Así pues nació la Força Aérea Popular de Angola / Defesa Anti Aviões – FAPA/DAA – cuya primera misión fue la de atacar bases de su sempiterno rival, el FNLA, en Redondo y Nea Lisboa el 25 de mayo de ese mismo año.
La amenaza que representaba la eventual presencia de cazas MiG de fabricación soviética sobre el teatro de operaciones había incrementado considerablemente, con el intento de interceptación del 11 de noviembre de 1978. A fin de pulir y refinar conocimientos y tácticas de combate aéreo, el 3 Squadron organizó un seminario sobre el tema en el que participaron dos pilotos escogidos de los 1, 2 y 3 Squadrons, más dos instructores de la 85 AFS. El encuentro incluyó sesiones teóricas e intensos encuentros disimilares de maniobras de combate aéreo (DACM) entre los participantes.
El 15 de febrero de 1979 sobrevino la tragedia cuando dos aparatos, un F1CZ (200) tripulado por el Mayor Chris Brits y un F1AZ (246) piloteado por el Capitán ‘Wassie’ Wasserman se precipitaron a tierra durante un ejercicio de combate aéreo. Wasserman logró eyectarse a tiempo y sobrevivió, pero Brits se mató instantáneamente cuando su asiento eyector falló en separarse y desplegar su paracaídas. Este lamentable incidente constituyó no solo la primera pérdida total de un aparato Mirage F1 en suelo sudafricano, sino también de un piloto de la comunidad F1.
Entre enero y febrero de ese año, el Ministro de Relaciones Exteriores de Sudáfrica, Roelof Frederik ‘Pik’ Botha, remitió un comunicado al entonces Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, solicitando información respecto de si tropas del Grupo de Asistencia de las Naciones Unidas para el Período Transitorio de Namibia (United Nations Transitional Agreement Group – UNTAG) se encontraban arribando o no a fin de comenzar el proceso de independización de África del Sudoeste. No hubo respuesta de parte de la organización. La SWAPO, en contraste, sí respondió intensificando sus ataques contra la población civil de la etnia Owambo y lanzando una ofensiva contra la base de las Fuerzas de Seguridad en Elundu con una andanada de cohetes de 122mm y morteros que, afortunadamente, fallaron en alcanzar sus blancos. En respuesta, autorización fue otorgada a las Fuerzas de Defensa para conducir operaciones allende la frontera durante el mes de marzo. A comienzos de mes, fuerzas terrestres cruzaron hacia el sur de Angola para destruir bases conocidas de la SWAPO cerca de Mongua, Oncocua y Henhombe en el marco de la operación ‘Rekstok I’. La SAAF apoyó dichos ataques desplegando bombarderos Canberra B(I)Mk12 del 12 Squadron y aeronaves de reconocimiento Mirage IIIRZ del 2 Squadron. A fin de proveer cobertura a los vulnerables aviones, el 3 Squadron nuevamente se desplegó a Ondangwa hasta fin de mes, volando patrullas aéreas de combate (Combat Air Patrols – CAPs), misiones de escolta y de reconocimiento armado (armed recce) a baja cota.
El 14 de marzo, a las 17:00hrs, dos Mirage F1CZ del 3 Squadron, tripulados por los Capitanes Dries Wehmeyer y ‘Tinkie’ Jones, decolaron desde Ondangwa instruidos por el control de radar de ‘Dayton’ con el fin de proveer apoyo para una misión de búsqueda y rescate: un Canberra había sido abatido por fuego antiaéreo enemigo en el área de Cahama; los pilotos debían ubicar el lugar del accidente y determinar si había habido o no sobrevivientes. Lamentablemente, luego de una intensa búsqueda, no pudo darse con el paradero del bombardero caído ni su tripulación. A medida que el nivel de combustible de los cazas se aproximaba rápidamente al ‘bingo’ (el punto en el cual se alcanza el mínimo de combustible requerido para volver a la base), los pilotos avistaron un camión militar estacionado al borde de un camino y recibieron permiso para destruirlo. Jones disparó una ráfaga de 30mm, convirtiéndose en el primer piloto del 3 Squadron en abrir fuego contra un enemigo en combate desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Información de inteligencia reportó luego que el camión estaba abandonado, habiendo sido alcanzado previamente por un avión Impala. En una salida posterior, el Mayor Jack Gründling y el Capitán Darryl Lee se aprestaron a atacar un camión que transitaba por un camino al sur de Ongiva; desistieron justo a tiempo, luego de percatarse de que se trataba de un vehículo civil. La última misión del escuadrón tuvo lugar el 28 de marzo, cuando siete F1CZ – liderados por el comandante del 3 Squadron, el Teniente Coronel Fred du Toit – atacaron un campamento de la SWAPO con cohetes de 68mm y fuego de cañón de 30mm en preparación para el arribo de las fuerzas de tierra que luego aseguraron el área.

Fig.15 – F1CZ en maniobra de decolaje. Nótese el tanque ventral sin camuflar y parte de la secuencia de retracción del tren de aterrizaje
El 24 de marzo, los F1AZ del 1 Squadron volvieron a desplegarse para el combate, esta vez a la base aérea de Mpacha en el extremo este de la Franja de Caprivi para participar en la Operación ‘Saffraan’, cuyo objetivo consistía en buscar y erradicar las bases que la SWAPO había establecido en su incursión a Zambia. A comienzos del mes, fuerzas terrestres apoyadas por bombarderos Canberra habían atacado algunos campamentos de la SWAPO en los matorrales. Los F1AZ volaron misiones de reconocimiento armado sin encontrar objetivos de valor. Utilizando ataques de picada estándar, ametrallaron y bombardearon el campamento terrorista designado N°52, cinco millas náuticas al este de Senanga, en Zambia. Todos los ataques aéreos llevados a cabo durante la Operación ‘Saffraan’ produjeron resultados decepcionantes, principalmente debido a la falta de información de inteligencia apropiada sobre el teatro de operaciones.
En mayo de 1979, un seminario de combate aéreo auspiciado por el 3 Squadron, denominado Proyecto Dikvel fue celebrado con la finalidad de incrementar el estándar de combate aéreo al interior de los escuadrones de caza de la SAAF, con los asistentes llevando lo aprendido al seno de sus respectivas unidades. Nuevamente se contó con la importante participación de pilotos de la Fuerza Aérea Israelí, cuya experiencia y lecciones demostraron ser invaluables.
Poco antes de que el comandante Hechter abandonara el 1 Squadron, él, junto al comandante del área logística, Frikkie Bolton, comenzaron la tarea de programar los F1AZ utilizando el banco de pruebas ESDAP. Esta máquina tenía la capacidad de evaluar y ajustar todos los sistemas electrónicos a bordo de la aeronave. Ello devino en la conformación de un Grupo de Apoyo para la plataforma de armas Mirage F1 (F1 Support Group – FSG) encargado de asegurar y mejorar los estándares de fiabilidad y eficiencia de los sistemas integrados de aviónica de a bordo.
El 2 de julio, Hechter entregó el comando del escuadrón y fue reemplazado por el Teniente Coronel D.J. ‘Casey’ Lewis. Lewis, un experimentado piloto e instructor, había estado detrás del desarrollo del misil aire-aire autóctono Kentron V3A Kukri para el Mirage III. En 1974 viajó a Francia para asistir en la integración del más avanzado V3B en los F1 sudafricanos y durante 1976 estuvo a cargo de las pruebas de homologación del misil en el F1CZ y para 1978, en los F1AZ. Los misiles fueron diseñados teniendo en mente la integración con sistemas de puntería montados en el casco. El desarrollo de los cascos había iniciado en 1975 y la SAAF había sido la primera fuerza aérea en el mundo en operar con este tipo de sistemas. Uno de estos cascos fue robado por el Comodoro de la Armada Sudafricana Dieter Gerhardt, quien trabajaba como espía para la Unión Soviética. Los rusos utilizaron la tecnología sudafricana para desarrollar sus propios sistemas de mira montados en cascos y resultó interesante, por decir lo menos, comprobar la ‘similitud’ entre ambos diseños al término de la Guerra Fría, cuando las relaciones entre ambos países fueron restablecidas.
El 3 de junio, el 3 Squadron se desplegó nuevamente hacia Ondangwa con el fin de proveer protección para las tripulaciones de Impala encargadas de la destrucción de un objetivo de la SWAPO cerca de Humbe. Los Impala ejecutaron la misión con impunidad y sin resistencia y los F1CZ no fueron necesitados.
El Mirage F1 en combate
OPERACIÓN ‘REKSTOK II’
El 6 de julio de 1979 se dio luz verde para atacar el campo de entrenamiento Tobias Haneko de la SWAPO, ubicado a diez millas náuticas al noreste de Lubango. La misión fue llevada a cabo por dos Buccaneer S.Mk50 y siete F1AZ. La formación de Buccaneers – nombre código ‘Gambler’ – decoló de Grootfontein mientras que los F1 hicieron lo propio desde Ondangwa. Rutas independientes de navegación a baja cota fueron seguidas por cada una de las formaciones. Los F1AZ estaban programados para atacar 40 segundos después de los Buccaneer, los cuales debían efectuar su ataque desde el sur, cada avión llevando una carga bélica de ocho bombas de 450 kilos. El equipamiento del Buccaneer, diseñado para lanzar bombas nucleares, fue modificado para hacer lo propio con armas convencionales: esto se conseguía levantando el morro mientras se volaba a baja cota y a 450 nudos; a 45° nariz hacia arriba, se soltaban las bombas, las cuales describían una trayectoria de arco parabólico antes de impactar el suelo a aproximadamente 4.5 millas del punto de lanzamiento. Al variar la secuencia de lanzamiento de las bombas por apenas milisegundos se podía garantizar una dispersión adecuada sobre el objetivo. Las explosiones ayudarían a los Mirage a ubicar sus blancos durante la fase de ascenso, para luego descender en picada sobre los mismos.

Fig.16 – Aviones F1AZ del ’1 Squadron’, armados con bombas de caída libre y misiles V3B, aguardan en la losa de Ondangwa. Nótese el recubrimiento de malla sobre los aparcamientos, destinado a proteger las aeronaves de ataques con morteros
Fuera de un ligero error en la navegación, ambas formaciones se aproximaron a sus blancos sin incidentes. Ello produjo, sin embargo, que los Buccaneer fallaran en encontrarse sobre el punto designado para el lanzamiento de bombas en el momento preciso, por lo que debieron dar un giro, hallar el punto apropiado y soltar su carga. Desafortunadamente, ese retraso significó que los aviones lanzaran sus bombas justo en el momento en que los Mirage efectuaban su pasada de ataque, la cual tuvieron que realizar en medio de una lluvia de bombas. Afortunadamente, no ocurrió ningún incidente qué lamentar.
Durante agosto del mismo año el 1 Squadron realizó en Upington, Provincia Septentrional del Cabo, un despliegue de entrenamiento de ataque aire-suelo. Entre otras cosas se realizaron disparos vivos de misiles aire-superficie Nord AS30, aunque sin mayor éxito. El 15 de septiembre, aeronaves F1CZ del 3 Squadron escoltaron a dos Canberra en misión de reconocimiento aerofotográfico sobre el sur de Angola. Estas misiones eran indispensables a fin de recabar inteligencia y desarrollar cartas de navegación y mapas adecuados que reemplazasen a la anticuada y desactualizada cartografía heredada de los portugueses.
Es durante este periodo que Atlas Aircraft Corporation introdujo una modificación crucial al sistema de flaps del F1 a fin de mejorar su maniobrabilidad a rangos de velocidad intermedios durante el combate. Con la modificación realizada, el F1 podía sostener la misma tasa de viraje a 300 nudos que a Mach 0.9. La aceleración también se vio mejorada, lo que le dio una ventaja considerable al Mirage F1 por sobre el Mirage III en combate aéreo.
El 17 de diciembre el 3 Squadron realizó otro despliegue a la base de Ondangwa. Al día siguiente, Fred du Toit, volando su última misión operacional junto al Capitán Pierre du Plessis como piloto de flanco, decoló como escolta del Mirage IIIR2Z pilotado por el Capitán Otto Schürr en una misión de reconocimiento fotográfico muy dentro de territorio angoleño, a lo largo de la línea ferroviaria Lubango-Menonque. La misión, fuera de un incidente mecánico que provocó la falla en el sistema de postcombustión de su F1CZ 201, se desarrolló con normalidad y sin mayor eventualidad.
OPERACIONES ‘SMOKESHELL’ y ‘SCEPTIC’
La Guerra de Frontera se había tornado cíclica: cada verano, durante la época de lluvias, los terroristas realizaban sus incursiones anuales desde Angola hacia África del Sudoeste. La vegetación tupida del matorral proporcionaba la protección que necesitaban y tenían a su disposición suficiente agua como para sostener sus operaciones. Hacia mediados del año, las reservas de agua disminuían, lo mismo que la densidad de la vegetación y los terroristas, si deseaban sobrevivir, se veían obligados a replegarse; regresaban a sus campamentos y bases en lo profundo de territorio angoleño para entrenar y prepararse para la rutina del año siguiente.
Durante la incursión de 1980, la SWAPO demostró sus intenciones agresivas al atacar la base aérea de Ondangwa con morteros. El ataque, efectuado desde considerable distancia, fue en su mayoría ineficaz y los daños a la base fueron menores. Para mediados de mayo, 324 terroristas habían sido abatidos mientras que las Fuerzas de Defensa perdieron 30 efectivos en el transcurso de varios encuentros armados. La inteligencia sudafricana localizó dos campamentos significativos de la SWAPO dentro de Angola donde los guerrilleros realizaban sus entrenamientos; se obtuvo autorización para atacar dichas bases.
Desde hacía tiempo se tenía la sospecha de que informantes, viviendo en el exclusivo suburbio Waterkloof Ridge de Pretoria, notificaban a ciertas embajadas no amigas de cuanto despliegue aéreo de importancia decolaba desde la vecina base aérea. Las salidas con frecuencia presagiaban la siguiente fase de operaciones militares sobre territorio angoleño. A fin de evitar dar la alarma, se desarrolló un plan de engaño que fue puesto en práctica cuando ambos escuadrones de Mirage F1 se desplegaron hacia el frente para participar en las operaciones ‘Smokeshell’ y ‘Sceptic’ el 6 de junio de 1980. A lo largo de la tarde, aeronaves decolaron en intervalos irregulares y sin llevar cargas externas de ningún tipo.
A las 12:45hrs, un Transall C-160Z del 28 Squadron levantó vuelo desde la pista de Waterkloof en ruta hacia la base aérea de Hoedspruit cargado con depósitos externos de combustible y misiles aire-aire para el 3 Squadron. Entre las 13:00 y 14:00hrs, cazas del 1 Squadron decolaron y pusieron rumbo hacia Upington para pasar la noche, como si se tratase de un despliegue de entrenamiento de rutina. A partir de las 14:00hrs los aparatos del 3 Squadron volaron en configuración ‘limpia’ (sin cargas externas) hacia Hoedspruit. Al aterrizar, el personal de mantenimiento que había sido trasladado a bordo del C-160 puso manos a la obra y configuró los Mirage F1CZ con tanques de combustible subalares y misiles MATRA R550 Magic para el largo vuelo de traslado hacia Ondangwa la mañana siguiente.
A las 05:00hrs de la madrugada del día siguiente, 7 de junio, los F1AZ del 1 Squadron despegaron desde Upington en un vuelo de traslado de 75 minutos hacia la base aérea de Grootfontein, donde cada avión fue repostado de combustible y armado con cuatro bombas Mk82 LDGP.
A las 05:15hrs, el 3 Squadron hizo lo propio decolando desde Hoedspruit en un vuelo de 2 horas y 5 minutos con destino a Ondangwa. Al aterrizar, los tanques de combustible ventrales fueron removidos y reemplazados por cuatro Mk82 por avión.
A las 10:00hrs, los F1AZ del 1 Squadron levantaron vuelo desde Grootfontein con la misión de atacar el campamento de la SWAPO designado QFL como parte de la operación ‘Smokeshell’. La base de QFL se encontraba apenas a escasos kilómetros al norte de la frontera con Angola y representaba una amenaza para la región de Owamboland: los insurgentes de la SWAPO la utilizaban como ruta fácil para ingresar a África del Sudoeste y llevar a cabo sus operaciones de minado e intimidación de la población civil. El aparato pilotado por Norman Minnie sufrió problemas técnicos y debió despegar al final, tomando su posición como número 5 en la última formación de cuatro aeronaves a medida que estas comenzaban su aproximación a baja cota hacia el objetivo, el cual se encontraba disperso a lo largo del cauce de un río seco. Los insurgentes abrieron fuego con cañones antiaéreos de 14.5 y 23mm, sin alcanzar a ningún avión. La formación se consolidó luego del ataque y todos los aparatos retornaron a Ondangwa donde fueron reabastecidos y rearmados para la siguiente misión del día.
Pasada media hora del medio día, el Capitán Otto Schürr del 2 Squadron salió de Ondangwa a bordo de un Mirage IIIR2Z, escoltado por dos F1CZ tripulados por Pierre du Plessis y Darryl Lee en una misión de reconocimiento aerofotográfico sobre el campo aéreo ubicado al sudeste de Lubango, en Angola, con la finalidad de corroborar la información de inteligencia que indicaba que baterías de misiles superficie-aire S-125 Pechora – designación OTAN SA-3 ‘Goa’ – habían sido desplegadas en la zona. Dicha confirmación era necesaria antes de poder enviar aviones de la SAAF sobre territorio hostil para atacar el campo de entrenamiento Tobias Haneko (THTC); la SWAPO operaba bajo la cobertura antiaérea de la FAPLA, ubicando sus campamentos en las cercanías de las bases angoleñas protegidas por sistemas SAM. Esta táctica no siempre les resultaba útil, ya que la SAAF los atacaba dondequiera que se detectaran concentraciones de insurgentes. Sin embargo, ello consiguió incrementar el nivel de tensiones a medida que sus anfitriones angoleños se veían arrastrados al conflicto por defecto.
El vuelo de reconocimiento prosiguió sin novedad, con los tres aviones pasando directamente sobre el aeropuerto. Al aproximarse, los pilotos recibieron en sus receptores de alerta de radar (Radar Warning Receivers – RWR) la señal auditiva que confirmaba que estaban siendo rastreados por radares de control de tiro de baterías superficie-aire. Los aparatos no recibieron fuego enemigo y los tres aterrizaron en Ondangwa, luego de lo cual, durante la sesión post-vuelo, el comandante ‘Mossie’ Basson confirmó que las alertas recibidas provenían de radares asociados al sistema de defensa antiaérea SA-3. Este hecho causó debate entre las tripulaciones que planeaban el asalto aéreo sobre THTC. Las aerofotografías de Schürr, que habrían podido esclarecer la situación, todavía estaban siendo reveladas para cuando la decisión de proseguir con la misión se tomó. El Mayor Theo Nell, líder de la formación de ataque, se encontraba comprensiblemente preocupado por la situación y sugirió que la misma fuese estudiada más a fondo. Sin embargo, era la opinión de los planificadores militares que, de haberse desplegado efectivamente baterías de misiles, estas habrían abierto fuego contra el vuelo de reconocimiento, en cuyo caso sería más acertado volar la misión de ataque antes de que las mismas estuvieran operativas. La conclusión de los planificadores y oficiales de inteligencia, así como del escalafón más alto del 3 Squadron, fue que la misión de ataque se volaría de todas maneras. Esta decisión probaría tener graves consecuencias más adelante.
A las 16:45, el Mayor Frans Pretorius, líder de sección de la última formación de 4 aeronaves, debió solicitar a la tripulación de tierra que se abstuviera de cargar las últimas 4 bombas en su aparato de manera de poder despegar junto con los demás a tiempo. Preparar 16 Mirages para una salida de combate era un trabajo largo y agotador para el personal de servicio. Los otros 15 Mirage F1 fueron configurados con dos depósitos de combustible eyectables y seis bombas Mk82: cuatro bajo el fuselaje y dos en los soportes externos alares. Aviones Buccaneer del 24 Squadron, volando una ruta distinta, también participarían del ataque, realizando su pasada de bombardeo luego de ejecutada la de los Mirage.
A las 17:00hrs, la fuerza de ataque combinada de aparatos Mirage decoló desde Ondangwa; los líderes de vuelo y de sección de cada formación de cuatro aparatos eran Mirage F1AZ, con los F1CZ sirviendo como pilotos de flanco. Estos tenían la misión adicional de proteger a sus pares de ataque en caso de contacto con interceptores MiG enemigos: si se presentaba la situación, debían soltar sus cargas de bombas y entablar combate con los cazas angoleños. Los aparatos sudafricanos volaban en formación de columna.
Mientras pasaban Ombalantu, un chequeo de navegación de rutina confirmó que la computadora del líder del paquete de ataque, el Mayor Nells, sufría un desperfecto, por lo cual le entregó el liderazgo a su número 3, el Capitán Dirk de Villiers. Como se esperaba, la visibilidad, especialmente de cara al sol de tarde, era pésima, lo que dificultaba la tarea de mantener la formación. La ruta de vuelo los llevó hacia una posición al oeste del blanco, de manera de poder atacar de norte a sur, estrategia que resultaba favorable puesto que el enemigo tenía sus defensas antiaéreas orientadas hacia el sur, con la ventaja adicional de tener la ruta de escape directamente orientada hacia la base; debido a que los aviones egresarían de la zona del blanco con niveles bajos de combustible, esto era un factor importante a tener en cuenta.
La formación ejecutó la maniobra de ascenso antes de lo previsto, lo que dejó a los cazas expuestos a fuego antiaéreo enemigo por más tiempo de lo planeado. Las primeras tres formaciones de ataque se encontraban en posición relativamente buena; la cuarta, sin embargo, se encontraba peligrosamente expuesta. A medida que los aviones abandonaban la protección que les ofrecía el terreno para ejecutar la maniobra de ataque, los radares de adquisición del sistema SA-3 comenzaron a iluminarlos, con las consecuentes alarmas sonoras de sus RWR inundando las cabinas de los Mirage. Les Bennett, número 4 de la primera escuadrilla, exclamó por el canal de radio: “¡Nos están observando!”.
Los Mirage ascendieron y ejecutaron correctamente la maniobra de viraje que los colocó en línea con el blanco. Los primeros cuatro aviones soltaron sus cargas sin problemas, sin atraer fuego antiaéreo. Los Capitanes Hennie Louw y Darryl Lee, en la segunda formación, se percataron de que su ángulo de picada era demasiado llano y realizaron agresivas correcciones para corregir su posición antes de ejecutar su pasada de bombardeo. Al momento de soltar las bombas, Lee pudo observar la integridad del campamento enemigo llenando su parabrisas. Tirando del bastón de mando para remontar la picada, mientras volteaba la cabeza pudo observar a un camión Gaz de fabricación soviética desaparecer en una nube de humo; posteriormente, en la sesión post-vuelo, se confirmaría su destrucción.
Ejecutando la maniobra de ascenso para el viraje de ataque, Norman Minnie, número 3 en la tercera formación, podía ver su objetivo a través de la capa de bruma así como un buen número de columnas de humo. Mientras realizaba el viraje, pudo avistar tres misiles aproximándose desde su lado derecho. Las tres llamaradas de los motores cohete parecían estáticas vistas a través de la cubierta de la cabina – el efecto óptico de los misiles guiándose hacia el propio avión. Anunciando por la radio “¡SA-3, tres en punto…!” aplicó postcombustión mientras presionaba el botón de liberación de armamento, acelerando hacia la cubierta y sobrepasando a sus propias bombas en el proceso. Acelerando a nivel de las copas de los árboles para escapar de la amenaza, demostró que los tanques externos de combustible, que habían sido certificados para vuelos hasta Mach 0.95, podían exceder la velocidad del sonido. Una vez fuera del radio de alcance de los misiles, remontó y se reunió con el resto de la formación. Al momento del aterrizaje tenía tan solo 300 litros de combustible remanentes a bordo, apenas lo suficiente para tres minutos de vuelo a plena potencia.
A medida que la segunda formación tomaba posición para el ataque, la alerta de ‘misiles en el aire’ de Minnie ya había sido recibida por la radio; el Capitán Pierre du Plessis ignoró la alerta, soltó sus bombas y solo entonces comenzó a auscultar el terreno y el cielo, pendiente de potenciales amenazas. La llamada de alerta y el pitido estridente de los sistemas RWR de a bordo en los audífonos habían convencido a la mayoría de los pilotos de abandonar la zona del blanco volando rápido y a baja cota en lugar de remontar y consolidar la formación de regreso a la base como estaba planeado. Esta estrategia alteró los cálculos estimados de consumo de combustible y, consecuentemente, significó que los pilotos aterrizaran con niveles peligrosamente bajos del preciado carburante.
Arribando a tiempo y en rumbo correcto, el cuarto grupo procedió en su ascenso previo a la maniobra de ataque. A medida que remontaban, uno de los pilotos alertó a sus compañeros: “¡humo a la derecha!”; Frans Pretorius, el número 3, avistó humo a la izquierda. La señal auditiva del receptor de radar cambió de tono de búsqueda a tono de enganche. Pretorius observó las trazas de humo de los misiles disparados contra la tercera formación, pero le tomó un par de segundos determinar de dónde venían; se percató de que provenían de un descampado cerca del pueblo de Lubango. A medida que empujaba el bastón de mando para poner el morro hacia abajo, observó más estelas gruesas de humo beige atravesando la cubierta de su cabina, de izquierda a derecha. Revirtió su concentración hacia el objetivo a bombardear y soltó su carga mientras seleccionaba el interruptor de expulsión de emergencia, en caso de que las bombas fallasen en liberarse de sus soportes; entonces, giró la cabeza hacia la derecha. Pudo ver tres estelas de humo dirigiéndose hacia su avión, pero parecían estar muy lejos y viajando lentamente. Pudo observar que los misiles de ambos extremos habían perdido el rastro de su aparato y volaban en trayectoria balística, pero el del medio parecía estarse guiando correctamente. A medida que ejecutaba un fuerte viraje a la derecha a 90° de alabeo, sintió un remezón y un ruido similar al de una cuerda de guitarra rompiéndose, seguido de una multitud de alarmas mientras su panel de alerta de averías se iluminaba. Ignorando las advertencias visuales y audibles, Pretorius se zambulló hacia el suelo tratando de alejarse del área: lo último que quería era expulsarse sobre el objetivo que acababa de bombardear. Su avión parecía comportarse normalmente. Sin embargo, el ruido de la alerta de radar le previno remontar altitud a fin de evaluar y sortear las averías. Aproximándose a la cresta de una colina, se percató de que si descendía por debajo del nivel de las copas de los árboles, el radar de control de tiro enemigo perdería el enganche. Así lo hizo, ejecutando maniobras evasivas hasta quedar dentro de un valle, protegido por los árboles y la topografía. Solo entonces comenzó a racionalizar la situación, percatándose de que para poder salir de ahí y volver a la base tendría que remontar de nuevo. Al salir del valle, nuevamente fue alertado por su RWR de que estaba siendo enganchado. Giró la cabeza para comprobar si misiles enemigos estaban en curso, lo que, para horror suyo, pareció ser el caso cuando observó una estela de humo justo detrás de él. Ejecutó un fuerte viraje a la izquierda pero para consternación del piloto, la estela parecía seguirlo. Solo cuando revisó su espejo retrovisor pudo comprobar que la estela provenía de su propio avión: era combustible que escapaba de los tanques, producto del daño sufrido durante la incursión. Una rápida mirada a los indicadores de nivel de combustible confirmó la delicada situación.
Retomando su altitud de crucero en ruta de regreso a Ondangwa, Pretorius se reunió con el Capitán John Inggs. A medida que sobrepasaban los 30 mil pies, fueron contactados por el controlador de ‘Dayton’, quien les informó sobre la presencia de MiGs intentando interceptar a la fuerza de ataque. Resultó que los contactos que el radar de tierra detectaba no eran sino los Mirage F1 retornando desordenadamente a la base; los controladores en tierra, esperando observar formaciones ordenadas de aviones amigos, habían confundido a los elementos dispersos con MiGs. El Capitán Dirk de Villiers, en la primera formación, acusando recibo de la alerta del controlador de tierra, giró la cabeza para observar lo que sucedía detrás de él avistando la estela dejada por la pérdida de combustible del avión de Pretorius. Asumiendo que se trataba de la formación de MiGs aproximándose por las seis en punto, consideró la alternativa de descender a fin de perder de vista a sus adversarios; sin embargo, una revisión de su estado de combustible le hizo cambiar de parecer: con tan solo 800 litros de combustible remanente, a 80 millas náuticas de la base y con el Mirage F1, volando a 10 millas por hora a baja cota, consumiendo 100 litros por minuto, se habría quedado sin combustible antes de poder aterrizar. A pesar de que la orden de descender fue dada, ninguno de los pilotos la ejecutó: todos habían llegado a la misma conclusión luego de hacer sus cálculos.
Mientras Pretorius cruzaba la línea de frontera a 31 mil pies de altitud, todavía a 28 millas de distancia de Ondangwa, su motor se detuvo. Colocó su aparato en patrón de planeo y divisó una pista de aterrizaje a la izquierda de su cabina. El avión, sin combustible y habiéndose desprendido de los tanques auxiliares sobre Angola, estaba tan liviano que pensó que podía lograr llegar a la pista. Para poder tomar la pista debió ejecutar un viraje de 360° para perder altitud. En el tramo a favor del viento demoró el despliegue de su tren de aterrizaje, cuestión que debió hacer sin potencia hidráulica, solo con el tren cayendo y ajustando en posición por gravedad. Desplegó los flaps pero todavía se encontraba muy alto. Utilizando la técnica del ‘derrape’ (empleando el timón para guiñar el aparato unos grados fuera de la senda de vuelo, generando resistencia aerodinámica), consiguió reducir su velocidad y altitud, pero corrigió demasiado y en un momento se encontró demasiado bajo. El aparato se posó suavemente casi sobre la cabecera de la pista; Pretorius desplegó el paracaídas de frenado – que funcionó correctamente – y viró fuera de la pista depositando su dañado Mirage sobre la sabana, para evitar bloquearla en caso de que algún compañero requiriese hacer un aterrizaje de emergencia en el mismo campo aéreo. Colocando los pines de seguridad de su asiento de eyección, descendió de la cabina y besó el suelo, todavía temblando. Posteriormente fue condecorado con la medalla Southern Cross por la pericia que demostró al salvar su F1AZ 244.
Mientras tanto, el líder de la formación de Pretorius, el Capitán I.C. du Plessis, lidiaba con una retahíla de problemas mecánicos producto de haber sido alcanzado por dos misiles superficie-aire en la zona del blanco. Su F1AZ 237 había perdido potencia hidráulica y el uso de los actuadores que controlan el grado de apertura de los pétalos de la tobera. A pesar de haber anunciado por la frecuencia de radio que había sido impactado, ninguno de sus compañeros tenía suficiente combustible como para acudir en su ayuda. Los Buccaneer se habían visto forzados a abortar su ataque luego de enterarse de los problemas que enfrentaron los Mirage. Afortunadamente, un Impala que fungía como avión telstar (retransmisor de radio para la misión de ataque), piloteado por el Capitán ‘Budgie’ Burgers, respondió al llamado de auxilio de du Plessis por la radio VHF. A medida que este trataba de mantener el control de su maltrecho aparato, se percató de que no le sería posible llegar a Ondangwa y debió desviar su curso para realizar un aterrizaje de emergencia en la pista alterna de Ruacana. Habiendo perdido sus sistemas de navegación, du Plessis debió echar mano de su conocimiento particular de la topografía de la zona – que había adquirido durante sus años como piloto de Impala – y retransmitir esa información a Burgers, quien a su vez la utilizó para darle a du Plessis distancias y rumbos para poder navegar. El piloto de Mirage ejecutó un aterrizaje de emergencia sin flaps; sin potencia hidráulica, debió desplegar el tren de aterrizaje en modo de emergencia. El tren principal bajó correctamente, mas no así el tren de morro, resultando en una carrera de aterrizaje corta a medida que la parte inferior del fuselaje frontal friccionaba con el asfalto de la pista de Ruacana. El piloto fue posteriormente condecorado con la medalla Honoris Crux por haber salvado un valioso e irremplazable avión de combate. Ambos aparatos – 244 y 237 – fueron reparados y retornaron al servicio.

Fig.18 – El F1AZ 237 del Capitán I.C. du Plessis en la pista de Ruacana, después de efectuar un aterrizaje de emergencia producto de daños en combate
Eventualmente y durante la sesión post-vuelo se mostraron las fotografías tomadas por el Mirage III R2Z de reconocimiento: en efecto, en medio de una foto de 8×8 se apreciaba la imagen de un lanzador cuádruple SA-3 con cuatro misiles de color blanco claramente visibles. Aunque no hubo bajas, la misión pudo tener consecuencias lamentables. Se aprendió la lección: las misiones en tiempos de guerra requieren de la mayor información de inteligencia disponible antes de ser ejecutadas.
Temiendo posibles represalias de parte de la FAPA/DAA, toda la fuerza expedicionaria fue replegada a la seguridad de la base aérea de Grootfontein Los pilotos debieron realizar el trayecto después de un arduo día de trabajo y dos misiones de combate bastante accidentadas, en condiciones nocturnas. Un problema con el sistema de iluminación y balizaje de la pista – que aún no estaba terminado – significó aterrizajes accidentados para algunas de las aeronaves. Ninguna sufrió daños de gravedad (la mayoría, daños en el tren de aterrizaje al desviarse fuera de la pista) y todas fueron reparadas.
El 10 de junio se voló otra misión combinada de ataque contra un campamento de la SWAPO más próximo a la frontera. 16 aeronaves participaron, cada una armada con ocho bombas Mk82. La misión fue todo un éxito y los pilotos alcanzaron sus blancos. Luego de soltar sus bombas, el Capitán Darryl Lee, líder del paquete de ataque, ejecutó un viraje hacia la izquierda y divisó la estela de humo de un misil MANPADS 9K32 Strela-2 (SA-7 ‘Grail’) curvándose y guiándose hacia el aparato de su compañero, pilotado por el Capitán ‘Wassie’ Wasserman. El misil eventualmente perdió el enganche y se precipitó hacia tierra, mas en ese momento un segundo y un tercer misil fueron avistados. La cabeza rastreadora del primero perdió el enganche, seducida por el sol, fallando su blanco, mientras que el segundo – que obligó a los F1 a romper hacia babor – explotó sin causar daño detrás de los cazas.
En agosto de 1980, el Coronel Dick Lord fue asignado como nuevo comandante del 1 Squadron, nombramiento que coincidió con el traslado de la unidad a la nueva base aérea de Hoedspruit antes de la Navidad de dicho año. La situación resultó altamente beneficiosa para ambos escuadrones que operaban el Mirage F1: por una parte, el 3 Squadron obtuvo el espacio que desesperadamente necesitaba y que hasta entonces compartía con su escuadrón hermano en la base aérea de Waterkloof y por el otro, significaba que el 1 Squadron se transformaría en un escuadrón autónomo (el deseo de su antiguo comandante, Willem Hechter, en primer lugar). Lord, quien había sido piloto del Fleet Air Arm de la Royal Navy (Armada Real Británica) por 12 años, entendía por experiencia la importancia de optimizar los limitados recursos con los que normalmente cuenta una fuerza aérea pequeña, como la que opera a bordo de un portaaviones; a diferencia de fuerzas aéreas más grandes que disponen de aeronaves especializadas y recursos para cada tipo de tarea, la Fuerza Aérea Sudafricana – pequeña, como el ala embarcada de un portaaviones – debía ser suficientemente flexible y adaptable como para cumplir sus metas haciendo uso eficiente de lo que sea que tuviese a la mano. Esta filosofía de trabajo rendiría sus frutos a lo largo de la vida operativa del sistema Mirage F1 en Sudáfrica. Uno de los resultados inmediatos fue el establecimiento del F1 Support Group (FSG); la presión por llevar el avión a Sudáfrica antes que el embargo internacional de armas entrara en efecto trajo como consecuencia que el desarrollo del F1AZ no pudiese ser completado a tiempo por Dassault. Adicionalmente, la información respecto de los parámetros de diseño en equipos de a bordo de procedencia francesa, tales como el sistema de navegación y la computadora de bombardeo, fue retenida bajo las cláusulas del embargo. Al no estar completo en su desarrollo, la suite de aviónica presentaba errores que, bajo circunstancias normales, de haberse seguido el proceso normal de diseño, se hubiesen podido detectar y subsanar a tiempo. Era, por lo tanto, un problema de urgencia que debía tratarse y resolverse teniendo en cuenta las capacidades y recursos propios del país. Entre agosto y el fin de 1980, el grupo – compuesto por personal de la SAAF y de Atlas Aircraft Corporation asimilado al 1 Squadron – estudió a fondo los sistemas a fin de comprender los problemas técnicos asociados a los mismos.
El trabajo efectuado por el FSG permitió incrementar considerablemente la tasa de confiabilidad y disponibilidad de los sistemas de aviónica del Mirage F1AZ y, simultáneamente, ayudó a desarrollar y consolidar destrezas y habilidades técnicas de las que hasta ese momento la Fuerza Aérea Sudafricana carecía o disponía en menor medida. Un proceso sumamente complejo y largo de ‘ingeniería inversa’ debió aplicarse a componentes tales como la computadora de navegación y de bombardeo a fin de comprender cómo funcionaban los algoritmos de diseño francés y cómo trabajaban en conjunto. Se descubrió que componentes idénticos y comunes para ambos modelos de F1 tenían una vida más longeva cuando estaban instalados en el F1CZ; esto debido a que el sistema de refrigeración y aire acondicionado, cuya función es la de disipar el calor generado por los componentes electrónicos, era idéntico para ambos aviones y por tanto, insuficiente para lidiar con la cantidad de calor que emitía el mayor número de módulos de aviónica a bordo de la variante de ataque a suelo.
Noviembre de dicho año registró la pérdida del Mirage F1CZ 208, tripulado por el Capitán Les Bennett, debido a una falla en el sistema de piloto automático que indujo pérdida de control de vuelo. El piloto consiguió eyectarse.
Para fines de 1980, la guerra de frontera había cobrado su tasa más alta de víctimas hasta la fecha: 1,447 guerrilleros y 100 efectivos de las Fuerzas de Seguridad combinadas de Sudáfrica y África del Sudoeste. A pesar de las pérdidas, la SWAPO se embarcó nuevamente en operaciones de incursión dentro de territorio de África del Sudoeste durante el verano de 1981 – la época de lluvias, como ya se había hecho costumbre. En un esfuerzo por expandir el conflicto, se enviaron unidades a infiltrar los territorios de Kavango y Owamboland. El objetivo fue conseguido, duplicando la extensión de frontera que requería ser defendida. Unidades de la Policía, Ejército y la Fuerza Aérea desplegadas en el denominado Sector 20 – el área militar centrada en el pueblo de Rundu – fueron reforzadas a fin de lidiar con la nueva amenaza. Para el mes de abril, 365 terroristas habían sido abatidos. La primera semana de julio se convirtió en la más sangrienta de todo el año, con un total de 93 insurgentes muertos por las Fuerzas de Seguridad.
La situación reinante a lo largo de la frontera entre África del Sudeste y Angola se había vuelto insostenible. La escalada de violencia, la expansión del conflicto y la intensidad de la guerra eran intolerables; los recursos de las Fuerzas de Defensa estaban siendo estirados innecesariamente. La SWAPO, haciendo uso de la protección – y en muchos casos, de la logística – provista por las fuerzas militares angoleñas podía operar cerca de la línea de frontera con impunidad. Desde campamentos temporales realizaba incursiones-relámpago dentro de África del Sudoeste para llevar a cabo su campaña de terror contra la población civil, la cual incluía – pero no se limitaba a – sembrado de minas antipersonales, intimidación de la población local, abducción de menores de edad y asesinato, para luego replegarse hacia la seguridad que brindaba Angola. La propia naturaleza del teatro de operaciones hacía imposible – logística, económica y militarmente – un patrullaje y defensa efectiva de la línea de frontera de 1,500km de extensión. La solución planteada fue la de negarle a la SWAPO la utilización del área de territorio – 50km al norte de la frontera – desde la cual solía lanzar sus incursiones. Así pues, se recibió autorización para llevar a cabo la Operación ‘Protea’.
OPERACIÓN ‘PROTEA’
‘Konyn’ fue el nombre código asignado para el plan aéreo en apoyo de la Operación ‘Protea’, cuyo objetivo consistía en la erradicación de fuerzas militares y líneas de suministro logístico de la SWAPO en el teatro central de operaciones de Angola. Las fuerzas insurgentes – y de ser necesario, también las de la FAPLA – tendrían que ser expectoradas de la provincia de Cunene en Angola a fin de asegurar la seguridad de la frontera con África del Sudoeste. Se planearon ataques aéreos en apoyo de las fuerzas terrestres asignadas a capturar los centros poblados de Ongiva y Xangongo, así como misiones de supresión de defensas antiaéreas posicionadas en Chimbembe y Cahama. La operación se diseñó para ser ejecutada hacia fines de agosto e inicios de septiembre, durante la temporada seca, para permitir el despliegue de unidades mecanizadas.
‘Protea’ fue subdividida en varias operaciones más pequeñas destinadas a apoyar en la realización del objetivo principal. Las fuerzas mecanizadas de tierra fueron organizadas en dos grupos: ‘Alpha’ y ‘Bravo’. Ambas fuerzas de tareas incluyeron la presencia de equipos móviles de operaciones aéreas (MAOTs) compuestos por personal de la Fuerza Aérea, los cuales servían de enlace a fin de proveer al Ejército del necesario apoyo aéreo. La Fuerza de Tareas ‘Alpha’, equipada con carros blindados, artillería y portatropas habría de enfrentar la situación más difícil al tener como objetivo las instalaciones militares angoleñas en Xangongo y Ongiva. La fuerza ‘Bravo’ habría de operar mucho más hacia el este, con la misión de atacar bases de intercambio logístico de la SWAPO a fin de forzar su repliegue hacia el norte de Cassinga.
La Operación ‘Konyn’ fue un meticuloso plan de batalla elaborado por la SAAF diseñado para lograr dos objetivos principales: en primera instancia, la puesta fuera de combate del sistema de defensa antiaérea de la FAPLA y la SWAPO mediante ataques aéreos contra las instalaciones de radar de Chimbembe y Cahama. Eliminar estos objetivos permitiría conseguir la superioridad aérea a fin de proveer cobertura irrestricta para las operaciones terrestres. En segundo lugar, proveer apoyo del poder aéreo a las fuerzas de tierra mediante bombardeos planificados contra objetivos escogidos. Complementando a los helicópteros, aviones de ataque ligeros y aeronaves de transporte – que hasta ese momento habían cargado a cuestas el peso del esfuerzo bélico – estuvieron los cazas Mirage III, bombarderos Canberra y Buccaneer y por supuesto, los Mirage F1 de los 1 y 3 Squadrons.
‘Protea’ fue la operación más importante y de mayor envergadura llevada a cabo por la Fuerza Aérea Sudafricana desde la Guerra de Corea – un paso más en la escalada del conflicto. La SAAF también habría de proveer apoyo de guerra electrónica (EW) durante el transcurso de la campaña, para lo cual se puso en marcha en forma paralela la Operación ‘Knife’: aeronaves equipadas con sistemas ECM, junto a un equipo de comunicaciones e inteligencia (COMINT) con base en Ruacana evaluaron el número y disposición, en el teatro de operaciones, de los sistemas de radar de alerta y medios de defensa antiaérea del enemigo.
El 21 de agosto de 1981, 12 F1AZ se trasladaron desde su base en Waterkloof hacia Ondangwa vía Upington y Grootfontein, donde fueron preparados para un ataque al día siguiente contra la instalación de radar de Chibemba – nombre código ‘Elephant’ – que alojaba un complejo de radares PRV11 ‘Side Net’, SNR125 ‘Low Blow’ y P15 ‘Flat Face’ (de rastreo vertical, adquisición de objetivos y control de tiro, respectivamente), componentes del sistema SAM SA-3 ‘Goa’. El ataque habría de comenzar con la participación de bombarderos Buccaneer en misión de supresión de radares utilizando misiles aire-superficie AS30; los pilotos alertarían a la formación de Mirages en caso de que misiles SA-2, SA-3 y/o SA-6 fuesen lanzados contra los aparatos sudafricanos a fin de abortar la misión. El objetivo de los F1, apareados con bombarderos Canberra, era el de saturar el área del objetivo ‘Elephant’ con bombas, luego de que los Buccaneer hubiesen neutralizado la amenaza radar.

Fig.20 – Un piloto del ’1 Squadron’ realiza la comprobación prevuelo en la cabina de su F1AZ antes de una salida de combate
A las 10:30hrs del 22, los 12 F1AZ decolaron con carga completa desde Ondangwa, para encontrarse con los Canberra sobre Ruacana como estaba previsto y proseguir hacia su objetivo. A 20 mil pies de altitud, mantenerle el paso a los lentos bombarderos se convirtió en una tarea difícil para los F1, no diseñados para maniobrar a esos regímenes de velocidad. Cada Canberra estaba complementado por dos F1AZ volando en formación a cada lado. Como si no fuese suficientemente complicado mantener la formación en línea recta – que requería constante manipulación y control del mando de gases, postcombustión y aerofrenos – al reto debía sumarse la dificultad de ejecutar los virajes de navegación de rigor.
Al pasar sobre el objetivo, el líder del grupo de Canberras dio la autorización y los aviones soltaron sus cargas. A medida que abandonaban la zona del blanco, los pilotos pudieron constatar el impacto de sus bombas sobre la zona de los matorrales, a kilómetros de su objetivo. Posteriormente se determinó que el Canberra líder había dado la orden demasiado tarde, con las bombas pasando sobre el blanco sin dañarlo.
Luego de repostar combustible y cargar municiones de vuelta en Ondangwa (tarea nada sencilla para el personal de tierra que laboraba intensamente bajo el sol abrasador y temperaturas que rondaban los 40°C), los pilotos del 1 Squadron despegaron de nuevo para otra salida de combate sobre el mismo objetivo, esta vez sin la compañía de los Canberra. A la velocidad correcta, los Mirage resultaban mucho más fáciles de controlar. La ruta de vuelo fue la misma que la de la mañana, con la salvedad de que fue ejecutada a baja cota con una maniobra de ascenso a la altitud de lanzamiento para evitar ser detectados y rastreados por los radares. Los frutos de la ardua labor ejecutada en los meses previos en torno a la puesta a punto de los sistemas de a bordo por fin se manifestaron: las computadoras de navegación y bombardeo, el mapa móvil y el piloto automático funcionaron perfectamente.
Atacando desde el oeste, con el sol a sus espaldas, los pilotos tenían una vista perfecta del blanco a medida que se acercaban al punto de lanzamiento. Soltaron sus cargas y ejecutaron una maniobra de ascenso para atravesar la capa de nubes y egresar del blanco. Los pilotos reportaron un 70% de acierto con las bombas detonando dentro del área programada del objetivo, resultado que fue confirmado por los operadores de las aeronaves EW quienes reportaron que todos los radares en la zona de Chimbemba habían sido neutralizados. La misión había cumplido su objetivo.
El 1 de septiembre, un radar ‘Flat Face’ fue detectado operando, esta vez en el área de Cahama. Fue debidamente puesto fuera de circulación luego de un ataque aéreo. Mientras tanto, la fuerza de tareas ‘Alpha’ se movilizaba hacia el este del río Cunene y tomaba posiciones defensivas en la periferia del pueblo de Humbe, en la ruta del puente que cruzaba hacia Xangongo, para así prevenir que refuerzos de la FAPLA arribaran a la zona de combate.
El 21 de agosto se efectuó un ataque combinado de aparatos Mirage F1CZ y –AZ y Blackburn Buccaneer sobre posiciones enemigas atrincheradas en Xangongo. Los Buccaneer abrieron fuego primero, disparando sus misiles AS30 contra la construcción fortificada que servía como cuartel general en el extremo norte del poblado. Cada pareja de F1 recibió la tarea de atacar objetivos específicos marcados en fotografías de reconocimiento aéreas, que incluían zonas de aparcamiento de vehículos de pertrechos militares, trincheras defensivas y emplazamientos de artillería antiaérea, los cuales estaban regados por doquier. Luego del ataque aéreo, la fuerza de tareas ‘Alpha’ ingresó a la zona bajo fuego enemigo. Posteriormente, se dirigió hacia el este, con miras a capturar las instalaciones militares y el aeródromo en Ongiva (antes Pereira de Eca). El 27 de agosto en horas de la mañana, cuatro F1AZ armados con coheteras MATRA 155 equipadas con 18 cohetes SNEB de 68mm cada una y munición de cañón de 30mm atacaron blancos escogidos en la periferia urbana. Momentos después, seis Mirages adicionales llevando ocho bombas Mk82 cada uno golpearon instalaciones militares en las cercanías del aeropuerto. Los pilotos fueron recibidos por fuego nutrido antiaéreo de 57 y 23mm, sin sostener impactos.

Fig.21 – F1AZ armado con vainas de cohetes de 68mm y misiles Kukri en alerta de combate en Ondangwa. Las coheteras poseen conos plásticos frágiles a fin de reducir el arrastre de las mismas durante el vuelo – estas se desprenden cuando los cohetes son disparados
La fuerza de tareas ‘Alpha’ consiguió asegurar el aeródromo y proseguir en su asalto a Ongiva. Aeronaves de todo tipo fueron empleadas para bombardear y ablandar las posiciones defensivas de la FAPLA alrededor del pueblo. Durante uno de esos ataques, un Mirage IIICZ pilotado por el Capitán Rynier Keet, fue alcanzado en la cola por un misil portátil tierra-aire SA-7 ‘Grail’. A pesar del daño, el aviador se las arregló para regresar a Ondangwa donde su aparato fue reparado.
El día 28 se dio la orden de atacar una base logística de la SWAPO ubicada al noroeste de Mupa. Cada piloto recibió una fotografía aérea del objetivo puntual que debía atacar. Los F1CZ y –AZ fueron armados y estuvieron listos para el despegue a tiempo. Las fuerzas terrestres ya se encontraban apostadas al este de la zona de operaciones, prestas a realizar su ataque luego del bombardeo. A las 09:00hrs, el Teniente Coronel Dick Lord despegó desde Ondangwa liderando una formación de 14 aviones; luego de un vuelo de navegación impecable, la formación ascendió para alcanzar a tiempo su punto de ataque. Comunicación radial con las fuerzas terrestres garantizó que la línea frontal de tropas aliadas (FLOT) estuviese claramente demarcada con los destellos de granadas de fósforo blanco. Los pilotos soltaron sus bombas, saturando el área del objetivo, luego de lo cual volvieron a reagruparse en formación para la maniobra de escape, confirmando las fuerzas terrestres que los blancos habían sido alcanzados. Sin embargo, al ingresar al área, las tropas terrestres constataron que el campamento se encontraba vacío: los insurgentes lo habían abandonado la noche anterior, seguramente al enterarse de la inminencia del ataque.
El primer día del mes de septiembre, dos formaciones de Mirage F1AZ decolaron de la base aérea de Grootfontein para atacar instalaciones de la SWAPO al sur del poblado de Cahama. Ambas oleadas fueron recibidas por nutrido, si bien inefectivo, fuego de artillería antiaérea y misiles Strela-2. En esta etapa del conflicto, sistemas SAM móviles todavía no habían sido desplegados en el teatro de operaciones y la amenaza de los más antiguos SA-2 ‘Guideline’ y SA-3 ‘Goa’ había sido neutralizada, habiéndose documentado extensivamente la ubicación de los emplazamientos fijos y volando perfiles de ataque a baja cota para evitar las defensas. Sin embargo, el misil portátil SA-7 ya había sido introducido y estaba en poder de la SWAPO. Para minimizar la efectividad de esta nueva amenaza, aeronaves livianas, de transporte y helicópteros fueron instruidas para volar sumamente bajo, a fin de negarle al operador del Strela el tiempo suficiente como para adquirir una aeronave y hacer fuego. Por otro lado, la técnica empleada por los más veloces Mirage consistía en volar por sobre los 15 mil pies a más de 450 nudos, fuera de la envolvente del MANPADS. Durante los ataques, usualmente se adoptaba un perfil de descenso de 30°, soltando las bombas a 10 mil pies sobre el objetivo, iniciando la maniobra de remonte a 7 mil pies; aunque bastante dentro de la envolvente del misil, la velocidad de escape del avión le garantizaba – al menos en teoría – no ser alcanzado.
Egresando de su ataque sobre Cahama, el líder de vuelo, Teniente Coronel Dick Lord, fue alertado del lanzamiento de un MANPADS disparado contra su aeronave. Tratándose de un ‘tail-chaser’, el lanzamiento solo podía provenir desde el cuarto trasero; a medida que ejecutaba un viraje, el piloto observó la estela del misil curvándose y rastreando su aparato. Tiró del bastón de mando para colocar su aeronave en ascenso vertical a medida que encendía el postquemador. A pesar de que ello incrementó la traza de calor emitida por el avión – transformándose en un objetivo más apetecible para la cabeza rastreadora infrarroja del SAM – ayudó a mantener la velocidad del aparato por sobre los 450 nudos. Aproximadamente a 2 mil pies por debajo, la estela de humo desapareció – al terminarse el combustible sólido del impulsor cohete – y pocos segundos después, el misil detonó muy por detrás y debajo del Mirage. La teoría había funcionado.
En la tarde del 3 de septiembre, ocho F1AZ y cuatro F1CZ atacaron el parque de vehículos militares cerca de Cahama y el emplazamiento de un radar ‘Flat Face’ detectado en las cercanías. Una patrulla CAP compuesta por dos F1CZ configurados para combate aire-aire los acompañó en el eventual de que aparatos MiG angoleños decidieran interceptarlos. Al día siguiente se dio por finalizada la Operación ‘Protea’ con el repliegue de la fuerza de tareas ‘Bravo’ hacia el sur de la línea de frontera. La única misión volada ese día – desarrollada con normalidad y sin oposición – consistió en un vuelo de reconocimiento llevado a cabo por dos Mirage IIIRZ – escoltados por cuatro F1CZ armados con misiles aire-aire – sobre la base aérea angoleña de Menonque. Los resultados de la operación fueron tremendamente exitosos: no solamente se había conseguido ‘limpiar’ la provincia de Cunene de la presencia de la FAPLA y la SWAPO sino que las Fuerzas de Defensa consiguieron asegurar el control de los centros poblados de Ongiva y Xangongo, control que fue mantenido por fuerzas de la UNITA que previnieron el reagrupamiento del enemigo en dicha área. Como consecuencia, se eliminó casi en su totalidad la amenaza de incursiones terroristas hacia África del Sudoeste desde suelo angoleño; en el futuro, los insurgentes debieron enfrentarse al prospecto de una marcha de más de 400km a pie de ida y vuelta para poder llevar a cabo sus escaramuzas, lo cual ciertamente disminuyó la frecuencia e intensidad de dichas operaciones.
Durante los once días que duró la Operación ‘Protea’ se voló un total de 1,112 salidas de combate individuales desde las bases de Grootfontein y Ondangwa; se lanzaron 333 toneladas de bombas y dispararon 1,774 cohetes de 68mm, así como 18 misiles aire-superficie AS30. Un Mirage IIICZ fue alcanzado por un misil superficie-aire sin ser derribado y la SAAF perdió un helicóptero Alouette (incluyendo, lamentablemente, a su tripulación – los Tenientes Roos y Stacey) en las proximidades del pueblo de Mongua, en Angola, a manos de fuego antiaéreo enemigo.
OPERACIÓN ‘DAISY’
El 2 de noviembre, las aeronaves y pilotos de ambos escuadrones de Mirage F1 fueron redesplegados a la base aérea de Ondangwa para su participación en la Operación ‘Daisy’. Inteligencia recabada durante la Operación ‘Protea’ indicaba la presencia de campamentos de la SWAPO en la zona de Bambi, al sudeste de Cassinga. Se sospechaba que los angoleños se encontraban realizando preparativos para recapturar Ongiva y Xangongo. El 1 de noviembre una fuerza mecanizada cruzó la frontera y se desplazó hacia Ionde, a 120km al norte de la línea frontera, dentro de territorio angoleño. Al encontrar desierto el lugar, instalaron un comando táctico (TacHQ) de avanzada ahí.
Se detectó que radares puestos fuera de combate durante ‘Protea’ habían sido reactivados y se encontraban operando una vez más en el área de Cahama. Su presencia representaba una amenaza y comprometía la integridad de las operaciones aéreas. El 3 de noviembre, dos Mirage IIIRZ, escoltados por dos F1CZ del 3 Squadron, fotografiaron el área en cuestión para confirmar la ubicación de dichas instalaciones, las cuales aparecieron claramente en la película revelada.
Al día siguiente – ‘Día D’ de la operación – a las 03:00hrs, seis C-130 y C-160 de transporte levantaron vuelo desde Grootfontein y desplegaron vía aérea tres compañías de Batallones de Paracaidistas (Parabats). Desafortunadamente, por cuestiones de tiempo y coordinación, el equipo de reconocimiento en tierra no pudo iluminar la zona de salto con bengalas y el grueso del contingente de paracaidistas terminó tocando tierra a kilómetros del punto planeado.
El ataque aéreo comenzó a las 08:15 de la mañana cuando tres Buccaneer, utilizando un perfil de lanzamiento a baja cota, soltaron 24 bombas de 460 kilos – armadas con la nueva espoleta Limbo de detonación aérea, así como espoletas de contacto convencionales – sobre el cuartel general de operaciones de la SWAPO. A las 08:16hrs, cuatro Mirage F1AZ/CZ atacaron al batallón ‘Bravo’ de la SWAPO con bombas Mk82 de 250 kilos. Un SA-7 fue lanzado contra la formación, sin resultado. Inmediatamente después, otra oleada de tres aviones Mirage soltó su carga de 24 bombas sobre la misma posición. El humo del ataque previo oscurecía el blanco y los pilotos se vieron forzados a bombardear a través del mismo. Las bombas que rehusaron soltarse – producto de fallas eléctricas – fueron descartadas de emergencia sobre el objetivo. Minuto y medio más tarde, la última formación de F1 procedió a hacer lo propio, atrayendo en el proceso nutrido fuego antiaéreo de MANPADS y artillería de 23mm (con espoletas graduadas para detonar a 10 mil pies). A las 08:55 y 09:30hrs, dos pares de F1CZ armados con coheteras fueron solicitados en misión CAS en apoyo de las fuerzas terrestres. Entre las 12:00 y 14:00hrs, aviones Mirage F1 e Impala realizaron salidas de reconocimiento armado a baja cota sobre los caminos que conectaban Bambi con Techamutete y Cassinga. No se reportó actividad enemiga. Se percibió un incremento notable en la actividad aérea enemiga a medida que interceptores MiG decolaban desde Moçâmedes (hoy Namibe), Lubango y Menonque; sin embargo, los cazas enemigos no entablaron combate, limitándose a volar patrones defensivos sobre sus respectivas bases cada vez que los aparatos de la SAAF alzaban el vuelo.
A las 07:00 del día siguiente, 12 Mirage F1AZ/CZ atacaron el emplazamiento que alojaba un radar PRV11 ‘Side Net’ en Cahama, detectado en las fotografías de reconocimiento. Cada avión llevaba ocho bombas Mk82 armadas con la espoleta Limbo. La formación fue escoltada por cazas F1CZ configurados para combate aéreo; uno de esos aviones, pilotado por el Capitán Paddy Carolan, retornó a la base sin la cabeza buscadora de uno de sus misiles V3, incidente también sufrido por otro piloto. Se determinó que fallas de diseño hacían que la cabeza rastreadora infrarroja se separara del cuerpo del misil bajo fuerte carga de gravedades durante las maniobras. Ello conllevó a un refuerzo estructural de todos los misiles en inventario.
A las 12:34 dos F1CZ decolaron en misión de interceptación de una aeronave bimotor no identificada reportada por las fuerzas terrestres sobrevolando el área de operaciones. El contacto abandonó el área antes de que los cazas pudieran alcanzarlo.
El 6 de noviembre, durante el turno matutino, a las 07:00 horas, el control radar de ‘Dayton’ sonó la alarma: dos cazas F1CZ decolaron de emergencia desde Ondangwa para interceptar contactos aéreos enemigos que estaban siendo rastreados desplazándose hacia el sur, hacia Quiteve. Previamente, durante salidas de interceptación, la táctica de los MiG había sido la de rehuir el combate cada vez que los cazas sudafricanos los iluminaban con sus radares. En esta oportunidad, los Mirage, guiados por el control de radar con base en tierra, volaron a baja cota sobre el río Cunene para permanecer fuera de la cobertura de los radares enemigos mientras aceleraban a velocidad de combate.
La formación, liderada por el Mayor Johan Rankin y secundada por el Teniente Pierre du Plessis, ascendió a 25 mil pies en apenas 30 segundos, escapando la detección por parte de los controladores de radar enemigos. Du Plessis avistó la formación enemiga volando en dirección opuesta a medida que pasaban a entre tres y cinco millas náuticas de la misma por el lado de babor. Se trataba de dos MiG21MF ‘Fishbed-J’ volando en formación a la misma altitud que los Mirage.
La FAPA/DAA operaba un número importante de estos aparatos, volados en su mayoría por voluntarios y mercenarios rusos, de Alemania Oriental y otros países de la órbita soviética pero sobre todo, cubanos – la DAAFAR (Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria) de Cuba había estado enviando aviones y pilotos desde 1976, los cuales operaban con los colores de la Fuerza Aérea de Angola. Los MiG21 tuvieron una participación activa hasta la llegada de los más avanzados interceptores MiG23 de geometría variable en la década de 1980.
Desprendiéndose de sus tanques de combustible externos, los F1 ejecutaron un viraje cerrado a la izquierda, lo que los colocó detrás de los MiG, que no se habían percatado de su presencia. Los cazas de manufactura soviética volaban separados por 1,000 a 1,500 metros uno del otro, con el segundo posicionado a 30° por detrás de su líder. Volaban directamente hacia el sol, lo que imposibilitó el lanzamiento de un misil de guía infrarroja MATRA R550. En lugar de ello, Rankin, aproximándose por la popa del número 2, disparó una ráfaga de cañón de 30mm a aproximadamente 350 metros de distancia; inmediatamente y registrando los impactos, una estela de humo y un escape de combustible brotaron de la parte posterior del aparato. Los MiG, conscientes de que se encontraban bajo ataque, iniciaron un viraje cerrado de descenso hacia babor mientras se deshacían de sus tanques auxiliares. El Mayor Rankin, para ese momento a distancia de tiro de misil, intentó un lanzamiento contra el MiG líder, rehusando su misil Magic abandonar el riel. Continuó en un viraje de persecución sobre el número 2 mientras instruía a du Plessis que se mantuviera detrás del líder. El MiG número 2 revirtió su curso – un error fatal en combate aéreo – y viró hacia estribor lo que permitió al piloto sudafricano acortar la distancia y abrir fuego nuevamente con sus cañones. Proyectiles de 30mm con cabeza de guerra de alto explosivo desgarraron el fuselaje del ágil y liviano caza, explotando en el aire y forzando al Mayor Rankin a virar intempestivamente para evitar ser alcanzado por los restos humeantes de su víctima. El piloto – Teniente Danacio Valdéz de nacionalidad cubana – alcanzó a eyectarse a tiempo mientras su aparato se estrellaba contra el suelo envuelto en una bola de fuego.
Mientras tanto, du Plessis se mantenía pegado a la cola del MiG líder, que hacía todo lo posible para quitarse de encima al Mirage ejecutando una maniobra de escape en espiral. En dos oportunidades el sudafricano lo tuvo a tiro, pero en ambas oportunidades los misiles rehusaron abandonar el riel – posiblemente debido a que el viraje de descenso a altas gravedades excedía los límites de lanzamiento del R550. Finalmente, el Mirage abandonó la persecución dejando escapar al MiG.
Ambos pilotos retornaron a Ondangwa y fueron recibidos con vítores y celebraciones: habían reclamado la primera presa en combate aéreo de la Fuerza Aérea Sudafricana desde la Guerra de Corea.

Fig.23 – Fotografiado después del conflicto en Sudáfrica, este F1CZ matrícula 213, entonces piloteado por el Mayor Johan Rankin, reclamó la primera presa del conflicto para la SAAF. Nótese la marca debajo del riel de la cabina atestiguando el derribo de un MiG21MF angoleño

Fig.24 – El Mayor Rankin – a la izquierda, en traje de vuelo – siendo felicitado efusivamente a su retorno a la base
Durante los días siguientes se volaron regularmente patrullas aéreas de combate sobre las fuerzas desplegadas en tierra, mas los aviones enemigos evitaron aproximarse al área de operaciones. Los F1AZ, escoltados por los F1CZ, volaron un número importante de misiones de reconocimiento armado, buscando blancos de oportunidad a lo largo de las rutas y caminos y reportando la situación a las fuerzas terrestres en el área de Bambi. En una de estas salidas, dos F1AZ al mando del Mayor Gerrie Radloff y el Capitán John Inggs, volando a 15 mil pies (a fin de avistar con mayor facilidad vehículos y blancos de oportunidad que eran difíciles de detectar a baja cota) divisaron un camión de pertrechos abandonando el área de Tetchamutete con rumbo sur. Luego de confirmar la identidad del vehículo, ambos aviones se abalanzaron sobre el camión, destruyéndolo. En lugar de remontar, los pilotos decidieron regresar a la base volando rápido muy cerca del suelo; en ese momento, el control de radar de ‘Dayton’ detectó a dos MiG en curso de interceptación. Antes de que pudiese alertar a los Mirage, los F1 desaparecieron de la pantalla del radar. Sin saber que ello se debió a que los aparatos habían descendido y enmascaraban su ruta de vuelo utilizando el terreno, se asumió que los Mirage habían caído presas de los aviones angoleños, causando gran preocupación. El malentendido se resolvió cuando ambos aparatos aterrizaron con seguridad de vuelta en Ondangwa.
Durante las horas de la tarde del día 9, todos los Mirage y sus tripulaciones fueron puestos en alerta de combate, a fin de decolar y proveer apoyo aéreo cercano, de ser necesario, a dos helicópteros Puma cargados de Parabats enfrascados en una refriega con el batallón ‘Bravo’ de la SWAPO. Sin embargo, dos cañoneros Alouette III hicieron su aparición y, gracias a su oportuna actuación, 24 insurgentes de un grupo de 40 efectivos fueron eliminados. La intervención de los reactores no se hizo necesaria.
Para el 17 de noviembre, la Operación ‘Daisy’ había concluido y los Mirage F1 de ambos escuadrones retornaron a su base en Sudáfrica.
OPERACIÓN ‘REKSTOK III’
A comienzos de marzo de 1982, una fuerza móvil compuesta por 45 efectivos del Batallón N°32 del Ejército, helitransportada a bordo de aparatos Puma y apoyados por aeronaves artilladas Alouette, participó en una operación altamente exitosa hacia el norte de Kaokoland (hoy parte de la región administrativa de Cunene), nombre código ‘Super’. El objetivo de dicha incursión, gracias a reportes de inteligencia que indicaban la intención de las fuerzas insurgentes de abrir nuevas rutas de infiltración en el teatro de operaciones occidental, fue el de atacar y neutralizar un campamento de la SWAPO localizado hacia el norte del río Cunene, en Angola, desde donde el enemigo planeaba iniciar su despliegue. La operación tuvo éxito, abatiendo a 201 terroristas y sufriendo apenas 3 bajas propias y significó el repliegue permanente de la SWAPO de la región oeste del teatro de operaciones.
Si bien la amenaza fue suprimida, este nuevo intento por parte de la SWAPO de infiltrarse nuevamente desde Angola hacia África del Sudoeste preocupó a los planificadores militares sudafricanos, enfatizando la necesidad de realizar nuevos reconocimientos aerofotográficos. Se autorizó a aeronaves de reconocimiento Mirage III y Canberra ingresar a territorio angoleño. La misión de los Canberra era necesaria a fin de poder actualizar los mapas del sur de Angola, mientras que los Mirage IIIRZ se dedicaron a recabar información específica respecto de objetivos y emplazamientos enemigos de interés. Debido a que los Mirage F1CZ del 3 Squadron no se encontraban disponibles, se asignó la tarea de proveer cobertura a los vuelos de inteligencia a los F1AZ del 1 Squadron.
El 25 de marzo, 9 aparatos F1AZ aterrizaron en Ondangwa para participar en la Operación ‘Rekstok III’. Doce días después – diez días más de lo planeado para las operaciones de aerofotografía debido al inclemente clima durante la época de lluvias – los F1 retornaron a su base en Hoedspruit luego de una misión de escolta junto a 3 Canberra y 2 Mirage IIIRZ. Todas las salidas se realizaron con normalidad y sin oposición: los pilotos de MiG permanecieron en sus bases, aunque quizás más desalentados por el clima (un factor de seguridad a tener en cuenta) que por la presencia de aviones sudafricanos en el área.
El 14 de mayo, después de casi seis semanas en sus bases, ambos escuadrones de Mirage F1 retornaron a Ondangwa. La incursión de la SWAPO en lo que llevaba de 1982 le había resultado costosa: 512 insurgentes habían sido muertos desde el comienzo del año. Las Fuerzas de Seguridad combinadas de la República de Sudáfrica y África del Sudoeste, por su parte, habían perdido 50 efectivos en el mismo periodo de tiempo. A pesar de los éxitos logrados por las operaciones ‘Protea’ y ‘Daisy’, tanto la SWAPO como la FAPLA seguían operando codo a codo. Las lluvias torrenciales habían cesado y los objetivos, identificados gracias a las aerofotografías tomadas en el mes de marzo, fueron marcados para ser atacados. Aparatos F1AZ decolaron para bombardear la estación terminal ferroviaria de Jamba, un pueblo minero al norte de Cassinga, alcanzando su objetivo luego de una aproximación a baja cota y posterior remonte, manteniendo el factor sorpresa y evitando retaliación por parte del enemigo.
A las 07:55 de la mañana del día siguiente, ocho F1AZ y cuatro F1CZ atacaron una base logística de la SWAPO al norte de Cassinga. Cuarenta y ocho bombas Mk82 cayeron sobre la base, la mitad armada con espoletas de contacto y la otra, con espoletas de detonación aérea Limbo. Una vez más, el enemigo fue tomado completamente por sorpresa, sin poder responder al ataque. Explosiones secundarias – de depósitos de munición y combustible – confirmaron el éxito de la misión. A las 14:30hrs, un segundo paquete de ataque compuesto por nueve F1AZ decoló para atacar otra base logística camuflada en el matorral, ubicada justo al sur de Mulondo. La aproximación a baja cota sorprendió al enemigo con la guardia baja, desplegando en forma muy limitada fuego de artillería antiaérea. Comunicaciones radiales de la SWAPO interceptadas ese día por personal de Inteligencia confirmaron la destrucción de polvorines repletos de armas y municiones.

Fig.25 – Una práctica común entre las tripulaciones de tierra era la de ‘decorar’ las bombas con graffiti – usualmente mensajes bastante explícitos para los ‘destinatarios’
La mañana del 16 de mayo, a las 07:17hrs, ocho F1AZ y cuatro F1CZ levantaron vuelo y pusieron rumbo hacia Ruacana, volando a baja cota. Luego de sobrevolar el aeródromo, 14 minutos con 15 segundos después del despegue, la formación viró hacia el norte, hacia la frontera, acelerando a 540 nudos. A la altura de Techipa los pilotos ajustaron sus cronómetros para la maniobra de remonte en el punto de ascenso (Pitch-Up Point – PUP) tres minutos después, donde se elevaron verticalmente hasta los 18 mil pies, ejecutando un viraje hacia la izquierda que los puso en posición favorable para el ataque con el sol a sus espaldas, cegando al enemigo. Un rápido chequeo de las fotografías de reconocimiento en sus pierneras, comparándolas con los objetivos que tenían al frente, aseguró un preciso lanzamiento de bombas. Cahama era famosa por el “comité de recepción” que brindaba a los aviones de la SAAF cada vez que estas visitaban la zona: esta ocasión no fue la excepción, a medida que nutrido fuego antiaéreo de 23 y 57mm envolvía a los aviones atacantes, aunque sin acertarles. Para las 08:07hrs todos los aparatos habían aterrizado con seguridad en Ondangwa.
Los armeros y tripulaciones de tierra tenían tan solo tres horas para preparar los aviones y configurarlos para otra salida de ataque, esta vez sobre un emplazamiento cubano al sur del aeródromo de Jamba. Los cubanos habían estado proveyendo de constante asistencia a las guerrillas de la SWAPO y el propósito de dicho ataque era el de hacerlos desistir de ello. Los cuatro aviones atacaron la posición cubana desde el este; como era de esperarse, fueron recibidos por el usual fuego de artillería de 57mm, mas en esta ocasión y por primera vez, también abrieron fuego los recientemente introducidos cañones autopropulsados de 23mm ZSU23-4 Shilka, los cuales, afortunadamente para la formación de ataque, se encontraban fuera de alcance. Un avión de transporte bimotor Antonov An26 fue avistado en tierra, pero no atacado. Esa misma tarde, cuatro –AZ y ocho –CZ retornaron a Cahama para bombardear los emplazamientos antiaéreos que habían disparado sobre los aviones aliados en horas de la mañana. Los ocho aviones soltaron sus cargas de bombas y neutralizaron la amenaza. No hubo oposición por parte de aviones enemigos. Al día siguiente, todos los Mirage retornaron a sus bases luego de un despliegue exitoso.
De vuelta en Waterkloof, el sistema de eficiencia de gestión introducido por el Teniente Coronel Jack Gründling – quien asumió el comando del 3 Squadron en enero de 1980 sucediendo a Fred du Toit – estaba probando dar resultados: la disponibilidad diaria promedio de los aviones se había incrementado de 30.7% en 1979 a 53.6% en 1982. La cantidad de salidas mensuales también había sufrido un aumento, prácticamente duplicándose de 125 a 231. Sumadas a las mejora en disponibilidad y desempeño también incrementaron las capacidades de los aviones: el éxito sobresaliente del FSG (F1 Support Group) en la puesta a punto y mejora de los sistemas de a bordo del Mirage F1AZ atrajo la atención del comando y tripulaciones del 3 Squadron, teniendo como resultado la conformación de un FSG propio que implementó el mismo programa ESDAP que empleaba el 1 Squadron. Las mejoras producto de los trabajos permitieron incrementar los resultados en combate aire-aire de 45 a 57%.

Fig.26 – La totalidad del motor SNECMA Atar 9K50 es removida de este F1AZ durante la fase de mantenimiento
Desde 1970, ambos escuadrones de F1, tanto el de interceptación como el de ataque, habían usado el camuflaje estándar de reactores de combate de la SAAF. Si bien es cierto la experiencia real había demostrado la efectividad de dicho patrón de mimetizado durante misiones de ataque a baja cota o para camuflar los aviones en tierra, también había probado ser muy poco apropiado para combate aéreo contra aviones volando a la misma o sobre la altitud de los propios cazas. Como consecuencia, personal del 3 Squadron tomó la iniciativa de crear en 1981 un patrón de camuflaje más acorde con dicho tipo de misión. El resultado fue un esquema prototipo en tonos de azules y grises con patrones únicos de mimetizado que buscaban disfrazar o ‘romper’ la silueta del caza; ello consiguió dificultar en gran medida la visualización y reconocimiento del avión en el aire. Los resultados fueron tan buenos que el nuevo camuflaje de superioridad aérea fue autorizado para ser aplicado a toda la flota de F1CZ en 1982.
Durante la primera mitad de 1982, Israel Krieger, comandante de un escuadrón de F-4 Phantom de la Fuerza Aérea Israelí, completó un ciclo de seis meses de intercambio de entrenamiento con los pilotos del 3 Squadron de la Fuerza Aérea Sudafricana. La sugerencias y aportes que compartió durante su estadía fueron debidamente asimiladas por las tripulaciones sudafricanas. Al término de su estadía, el piloto israelí declaró que, en términos de operatividad y alistamiento, el 3 Squadron había alcanzado el nivel de cualquier escuadrón de caza de la Heyl Ha’Avir – sin duda un reconocimiento relevante a los altos estándares de entrenamiento alcanzados por las tripulaciones y personal de mantenimiento asignados a operar el sistema Mirage F1.
OPERACIÓN ‘MEEBOS’
A comienzos de julio de 1982, fuentes de inteligencia develaron la intención tanto de la SWAPO como de sus aliados angoleños de recapturar los asentamientos de Xangongo y Ongiva – en posesión de la SADF y la UNITA desde septiembre de 1981. Se diseñó una operación – nombre código ‘Meebos’ – con la finalidad de atacar y destruir el cuartel general de la SWAPO en la zona. Unidades de reconocimiento en tierra rastrearon la ubicación de dicho cuartel a través de Evale e Ionde, para finalmente localizarlo en las cercanías de Mupa. El 20 de julio se dio la orden a ambos escuadrones de F1 de redesplegarse nuevamente hacia la base aérea de Ondangwa.
A fin de asegurar el control del aire, resultaba indispensable lidiar con el sistema de defensa antiaérea del enemigo, para lo cual se planearon misiones de supresión de radares operando en el área de Cahama. El 21 de julio, a las 13:40hrs, ocho Mirage F1AZ, escoltados por dos F1CZ en configuración aire-aire, decolaron desde Ondangwa y descendieron sobre el la instalación de radar, sin encontrar resistencia por parte de los defensores.
El 1 de agosto se recibió la orden para atacar una base de la SWAPO ubicada a 25 kilómetros al sureste de Tetchamutete. Ocho –AZ y cuatro –CZ armados con bombas Mk82, acompañados por dos –AZ adicionales armados con coheteras de 68mm en el rol CAS (Close Air Support), despegaron rumbo a su objetivo. La misión se desarrolló sin oposición; los aviones CAS sobrevolaron el área del objetivo a medida que helicópteros desplegaban tropas en tierra en las inmediaciones del objetivo. Los helicópteros comenzaron a recibir grandes cantidades de fuego enemigo, inmediatamente solicitando el apoyo de los F1 que realizaron pasadas de ametrallamiento con sus cañones de 30mm y cohetes, manteniendo con la cabeza gacha a los agresores y destruyendo muchos de sus emplazamientos antiaéreos. El asalto combinado de los aviones de la SAAF y las fuerzas terrestres dejaron un saldo de 106 insurgentes muertos.
Las fuerzas sudafricanas se movilizaron dentro de territorio angoleño, con una fuerza de tareas desplegada en el área al norte de Cuvelai y otra, al sur de Tetchamutete – ambos grupos enfrentando constantemente al enemigo. Mientras los F1 permanecían en alerta de combate en Ondangwa – listos para despegar en apoyo de las fuerzas de tierra – helicópteros Puma y Alouette eran usados activamente en el campo de batalla.
El 9 de agosto, helicópteros Puma fueron usados para trasladar tropas en un esfuerzo por mantener el momento del avance. A medida que los aparatos sobrevolaban el cauce de un río a baja cota, fueron sorprendidos por nutrido fuego de armas cortas y baterías antiaéreas; una de las aeronaves, aparentemente alcanzada por un proyectil RPG7, se estrelló, matándose los 12 infantes y la tripulación de tres que llevaba a bordo. Inmediatamente se dio la orden de desplegar los F1, arribando estos a la escena apenas 18 minutos después y descargando su artillería de 30mm y cohetes no guiados contra el enemigo, que se replegaba después de haber ejecutado la emboscada. Los insurgentes devolvieron el fuego con AAA y MANPADS sin consecuencias para los atacantes. Habiendo agotado su carga bélica, los aparatos retornaron a Ondangwa. Más cazas Mirage permanecieron en alerta sobrevolando el área durante el resto de la tarde.
Al día siguiente en horas de la mañana, dos pilotos en situación de alerta, el Capitán Norman Minne y el Teniente Coronel Dick Lord, recibieron la orden de despegar con la finalidad de brindar apoyo a un grupo de helicópteros Alouette; las aeronaves de ala rotatoria habían divisado un campamento de la SWAPO a 30km al norte de Cuvelai, en la ribera del río Calonga y se encontraban recibiendo fuego de 14.5mm, RPGs y MANPADS en un intento por parte del enemigo de repetir el éxito del día anterior. Sin embargo, en esta ocasión no se trataba de helicópteros de transporte sino de cañoneros armados con piezas de 20mm. Tuvo lugar una intensa refriega, con los pilotos devolviendo el fuego y persiguiendo a sus atacantes hasta la ribera del río, donde se vieron atrapados con la espalda al cauce del mismo. Al arribar a la zona, los F1AZ fueron guiados por los Alouette y ablandaron con su artillería las posiciones enemigas. Un segundo par de Mirages se hizo presente para relevarlos a medida que los primeros agotaban sus municiones. El saldo de la batalla fue de 118 terroristas muertos.
Luego de sufrir dos importantes derrotas, la SWAPO se replegó fuera del área de operaciones. Para finales de mes, todas las fuerzas aéreas y terrestres que participaron en la Operación ‘Meebos’ estaban de vuelta en África del Sudoeste, con los F1AZ retornando a su base en Hoedspruit el 28 de agosto.
Entre el 3 y 8 de octubre tocó el turno al 3 Squadron de desplegarse de vuelta hacia Ondangwa. Aparatos Canberra del 12 Squadron fueron asignados a misiones de reconocimiento aerofotográfico sobre el área de Cahama, requiriendo la escolta de los Mirage F1CZ. A las 11:20 del día 5, dos aeronaves al mando del Mayor Johan Rankin y el Capitán Cobus Toerien se reunieron con el Canberra piloteado por el Teniente Coronel Bertus Burger y su navegante, el Capitán Frans Conradie. Bajo la cobertura siempre vigilante del radar de ‘Dayton’, la formación puso rumbo hacia Cahama. Fue entonces que el controlador de radar de ese día, el Capitán Les Lomberg, detectó aviones enemigos en curso de interceptación.
Ordenando al Canberra replegarse hacia el sur, hacia la seguridad de la frontera, Lomberg instruyó a los cazas ascender a 30 mil pies y acelerar a Mach 0.95 – el límite de velocidad certificado para los tanques de combustible externos – mientras viraban directo hacia la formación enemiga que se encontraba a 12 millas náuticas de distancia, acercándose al doble de la velocidad del sonido.
Rankin divisó a los dos ‘hostiles’ – que resultaron ser aparatos MiG21 – a la misma altitud, aproximadamente a 5 millas de distancia a medida que ambas formaciones se acercaban y los MiG pasaban raudos por el lado de estribor. Justo antes de cruzarse, los MiG dispararon sus misiles R3 (AA-2 ‘Atoll’) que, al no tener capacidad de enganche desde el arco frontal, simplemente pasaron de largo – quizás en un intento por parte de los pilotos de deshacerse de sus cargas externas y el arrastre que estas ejercen para trenzarse en un combate de giros con los F1.
Los Mirage, soltando sus depósitos externos y encendiendo sus quemadores auxiliares, completaron un giro de fuertes gravedades de 180° mientras los ‘Fishbed’ ejecutaban un viraje suave hacia la derecha manteniendo su velocidad supersónica. El control de interceptación con base en tierra confirmó a los sudafricanos que los MiG21 se alejaban, rehuyendo el combate. Imposibilitado de acercarse a distancia de tiro, Rankin enganchó a los MiG con la esperanza de que la alerta recibida por sus receptores RWR Sirena-3M les obligara a revertir la maniobra y enfrentar a los F1. La táctica funcionó, permitiendo a los Mirage cerrar la distancia y ponerse en posición de tiro, los cuales ingresaron en una curva de persecución a Mach 1.3 por detrás de sus oponentes. Rankin abrió fuego con un misil infrarrojo R550 sobre uno de los MiG, el cual se guió correctamente hasta agotar la reserva de su motor cohete, abandonando la persecución y cayendo a tierra – posteriormente, el análisis de la película tomada por la cámara de a bordo revelaría un lanzamiento a 3 mil metros de distancia, fuera del alcance operativo del misil a esas velocidades. Acortando la distancia, Rankin disparó su segundo misil, esta vez a una distancia de 1,500 metros. El misil enganchó al avión enemigo, que inició una maniobra de inversión (táctica clásica de la doctrina de combate aéreo soviética) para quitárselo de encima, detonando justo detrás del aparato. A pesar de recibir daños producto de la explosión, el MiG21 seguía bajo control y continuó su maniobra para luego poner morro de vuelta a la base, con humo escapando de su parte posterior. El avión logró regresar a la seguridad de su base a duras penas, posándose de emergencia sobre la pista sin el tren de aterrizaje (que no pudo desplegar producto de las averías sufridas), lo que provocó aún más daño al ya de por sí maltrecho aparato.
Con un enemigo fuera de combate, Rankin se concentró en el MiG líder, el cual había realizado un fuerte viraje hacia la izquierda. El sudafricano lo siguió, cerrando la distancia rápidamente y disparando una ráfaga con sus cañones de 30mm a 350 metros de distancia. El avión enemigo explotó en el aire, no pudiendo evitar el piloto que su F1 atravesara la nube de humo, fuego y escombros, lo que, succionados por el motor, ocasionó una interrupción en el flujo de aire del compresor. Rankin cortó gases e inició la secuencia de re-ignición de emergencia, consiguiendo que su Atar 9K50 volviera a la vida. Su número 2, Toerien, logró posicionarse detrás de un MiG pero a una distancia de 1,500 metros y 80 grados de desviación, era muy poco lo que podía hacer.
En esa oportunidad, el avión comandado por el Mayor Rankin – con el que reclamó su segunda presa – era el F1CZ matrícula 203, para entonces el único de la flota en haber recibido el nuevo camuflaje de superioridad aérea en tonos grisáceos y azulados. El aparato fue bautizado como ‘Le Spectre’ (‘fantasma’ en francés) debido a la efectividad de su patrón de mimetizado, el cual para entonces todavía se encontraba en etapa de evaluación.
OPERACIONES MENORES 1983-1984
Para mediados de 1982, asesores provenientes de la Unión Soviética, la DDR (Alemania Oriental) y Cuba arribaron a Angola a fin de entrenar a las fuerzas insurgentes de la SWAPO, las cuales, a pesar de estar activas militarmente desde 1965, habían logrado resultados muy pobres en sus operaciones. Gracias a este apoyo se creó una unidad de élite, denominada Volcano que, como su nombre indicaba, tenía como objetivo producir en África del Sudoeste una erupción de violencia. A fines de enero de 1983, 14 grupos de hasta 50 hombres de esta nueva agrupación cruzaron la frontera y se infiltraron en los territorios de Kaokoland, Owamboland (antiguos bantustanes, hoy disueltos) y la región de Kavango; el objetivo de 13 de estos grupos era sembrar el caos en las regiones fronterizas, mientras que el restante habría de servir como distracción ante la seguramente esperada retaliación. La meta era introducirse a través de las defensas de las Fuerzas de Seguridad y golpear la zona agrícola de África del Sudoeste alrededor de los centros poblados de Tsumeb y Grootfontein. La Operación ‘Phoenix’ se puso en efecto a fin de contrarrestar dicha amenaza y para el 15 de febrero, 129 insurgentes habían sido eliminados con la pérdida de dos efectivos de las Fuerzas de Seguridad. Dos meses después, el 15 de abril, se dio por terminada la operación que dejó como saldo 309 terroristas y 27 efectivos de las Fuerzas de Seguridad muertos. Solo 12 de los grupos Volcano encargados de atacar las zonas agrícolas llegaron a sus objetivos y todos ellos fueron eliminados.
Durante ese mismo año, sistemas antiaéreos más modernos y altamente móviles 9K33 OSA (SA-8 ‘Gecko’) y 9K31 Strela-1 (SA-9 ‘Gaskin’) procedentes del bloque soviético fueron desplegados en el teatro de operaciones por los angoleños. Asimismo, informes de inteligencia sugerían que el sistema 2K12 Kub – SA-6 ‘Gainful’, una mejora notable respecto de los obsoletos SA-2 y SA-3 que hasta entonces habían enfrentado los sudafricanos – también se encontraba operacional en el área. Los nuevos sistemas móviles (y por tanto, difíciles de detectar y atacar) representaban una amenaza de consideración que ponía en peligro la superioridad de la que hasta entonces gozaba la SAAF en lo que llevaba de conflicto.
Un importante ejercicio– denominado ‘Saamwerk’ – se llevó a cabo en las bases aéreas de Durban y Hoedspruit a mediados de año, en el cual se realizaron operaciones conjuntas entre ambos escuadrones de Mirage F1 y los Mirage III de otras unidades, además de aparatos Impala, Buccaneer y Canberra de sus respectivos escuadrones. El ejercicio permitió afinar y mejorar tácticas y procedimientos de combate, siendo algunos de los más beneficiados los F1CZ del 3 Squadron, cuyos sistemas de puntería, optimizados para combate aéreo con apenas rudimentarias capacidades de bombardeo, fueron modificados para incluir un horizonte artificial que, desplegado en el HUD, permitía al piloto establecer su ángulo de picada y simbología de ataque con mucha mayor precisión, lo que resultó en un incremento notable en los resultados – a ángulos de picada de 40° y lanzamiento a cotas elevadas, la puntería mejoró en un sorprendente 80%. Esta mayor precisión permitió a los planificadores militares asignar menos aviones para cubrir un blanco determinado, supliendo números por exactitud.
El 20 de mayo de ese año, miembros del brazo armado del ANC (African National Congress o Congreso Nacional Africano) denominado Umkhonto we Sizwe (también conocido como MK) detonaron un coche-bomba frente al Cuartel General de la SAAF en Church Street, Pretoria, en horas de la tarde, justo cuando el personal abandonaba el local finalizada la jornada del día a fin de asegurar el máximo número de bajas posible. En respuesta a este atentado terrorista y como era de esperarse, la SAAF lanzó el día 23 la Operación ‘Skerwe’. Doce Impala MkII atacaron complejos pertenecientes al ANC en el suburbio Matolo de Maputo, en Mozambique. A fin de mitigar lo más posible las bajas colaterales, se decidió emplear únicamente fuego preciso de cañón y cohetes de 68mm. Maputo estaba defendida por baterías SA-3 que representaban una amenaza para los Impala, por lo que los Mirage F1AZ del 1 Squadron recibieron la tarea de neutralizar el radar de control de tiro ‘Low Blow’ que utilizaban los misiles antiaéreos para proteger a los reactores subsónicos. Asimismo, una pareja de Mirages voló en patrón de cobertura sobre la zona del blanco en caso de que aviones aliados fuesen derribados.

Fig.29 – Dos F1AZ sobrevuelan el matorral a muy baja cota. Este tipo de vuelo se haría progresivamente más necesario conforme fuese progresando e intensificando el conflicto
El 5 de agosto, seis F1AZ aterrizaron en Ondangwa luego de un vuelo de traslado de dos horas y cuarto desde su base en Hoedspruit. Los cazas estaban configurados con tanques ventrales de 1,200 litros, dos misiles aire-aire V3B Kukri en los soportes de las puntas alares y munición de cañón de 30mm. Aparatos MiG21 configurados como bombarderos se encontraban operando en contra de las fuerzas sudafricanas y sus aliados de la UNITA desde la base aérea de Menonque, en la región del sureste de Angola. Los F1AZ fueron utilizados para acosar a los MiG, obligarlos a revertir a su rol tradicional aire-aire y así aliviar la presión sobre las fuerzas terrestres amigas. Las misiones fueron voladas a baja cota para luego remontar a 30 mil pies sobre territorio enemigo, dentro de la cobertura de radar angoleña desplegada en la zona. Un Douglas DC-4 Skymaster configurado como plataforma de contramedidas electrónicas (ECM) se encontraba en estación monitoreando la actividad enemiga. Luego de la primera salida, los MiG cesaron en sus ataques contra las fuerzas terrestres. El Cuartel General de la FAPA/DAA en Lubango colocó a sus fuerzas en situación de máxima alerta, no sabiendo qué esperar. Para la tarde del día 7, los F1 estaban de regreso en Hoedspruit, habiendo logrado su objetivo.
Para 1983, la guerra en la frontera de África del Sudoeste y Angola se había transformado en una rutina cíclica y predecible. La temporada de lluvias proporcionaba a la SWAPO la oportunidad de incursionar hacia el sur, les proveía el agua que necesitaban mientras que el denso follaje de los matorrales les proporcionaba escondite. Las lluvias torrenciales borraban rápidamente las huellas de los insurgentes, haciendo muy difícil –sino imposible – rastrear sus movimientos. Estas ventajas significaban que los guerrilleros de la SWAPO podían dar inicio a sus actividades a fines de enero de cada año, continuando hasta fines de abril o comienzos de mayo cuando la temporada húmeda cesaba y el agua comenzaba a escasear. El inicio de la temporada seca producía cambios en la situación táctica: con la SWAPO replegada en sus bases dentro de Angola ejecutando sus ‘ensayos’ (entrenamiento) con miras a la incursión del siguiente año, resultaba más costo-eficiente para las Fuerzas de Defensa golpear las instalaciones de los guerrilleros durante ese periodo. Hasta la primavera de 1983, esta había sido la tónica del conflicto: incursiones de irregulares de la SWAPO en verano seguidas por ofensivas semi-convencionales y/o convencionales militares en invierno. A pesar de que los resultados de estas intervenciones eran decididamente favorables para las Fuerzas de Seguridad, los guerrilleros de la SWAPO, como si de aves migratorias se tratase, insistían en regresar al año siguiente.
En un esfuerzo por sorprender al enemigo y alterar el patrón repetitivo que se daba año a año, se planificó la Operación ‘Askari’; debido a las dificultades que presentaba la temporada húmeda para el despliegue de vehículos convencionales (con el denso barro afectando su movilidad), los planificadores se decantaron por una estrategia de tipo semi-convencional empleando fuerzas a pie contra las bases de la SWAPO mientras sus fuerzas todavía ultimaban detalles para las incursiones de rigor. Se determinó que la operación se llevaría a cabo a fines de la temporada de lluvias menores, en noviembre. El 10 de diciembre, 10 F1AZ y 6 F1CZ se desplegaron a Ondangwa para apoyar a los aviones de ataque Impala estacionados allí y a los bombarderos Canberra y Buccaneer que operaban desde Grootfontein. A pesar de que la meteorología no era la mejor – con tormentas eléctricas características de la temporada – se volaron numerosas misiones de ataque, principalmente contra posiciones enemigas en Caiundo. Los F1CZ se mantuvieron en alerta todo el tiempo con miras a repeler cualquier intento de la aviación enemiga de interceptar los paquetes de ataque. Asimismo, volaron misiones de escolta de plataformas de reconocimiento Mirage IIIRZ y Canberra.

Fig.30 – Armeros instalan espoletas y preparan las bombas a ser usadas por los F1 durante la operación ‘Askari’
Para el 14 de enero de 1984, cuando ‘Askari’ llegó a su término, 316 insurgentes de la SWAPO habían sido abatidos – en contraste, las Fuerzas de Defensa perdieron solamente a 13 efectivos, una tasa de pérdidas de 24 a uno en perjuicio de las guerrillas. Las líneas logísticas y redes de comando y control de la organización habían sufrido graves daños; ello, sin embargo, no impidió que la SWAPO volviese a intentar incursionar al sur de la frontera durante la temporada de lluvias torrenciales ese mismo año.

Fig.32 – Un piloto del ’1 Squadron’ posa frente a su montura, un F1AZ con una carga completa de bombas
Quejas interpuestas por Angola y presión internacional consiguieron que la Operación ‘Askari’ fuese condenada en el seno de las Naciones Unidas. La presión política obligó a Sudáfrica a replegar sus fuerzas de territorio angoleño antes de que el objetivo final de la operación pudiese conseguirse. La última acción de combate de envergadura había sido el bombardeo de posiciones defensivas enemigas en las inmediaciones de Cuvelai por parte de aeronaves Impala y Canberra, seguido de una incursión de tropas terrestres. Luego de un intenso enfrentamiento, el 3 de enero se logró la captura de Cuvelai, junto con ingentes cantidades de material bélico de procedencia soviética. El 5 de enero, ocho Mirage F1AZ se redesplegaron a Ondangwa, aunque arribando muy tarde como para participar en operaciones de combate. Para el día 14 ya todos estaban de vuelta en Hoedspruit.
Finalizada la operación, ambos bandos accedieron a la conformación de un Comité de Monitoreo Conjunto (Joint Monitoring Committee – JMC) bipartita que tendría bajo su control el área en disputa (desde la frontera hasta Cuvelai). Sudáfrica retiraría sus tropas por etapas de Angola, mientras que las fuerzas cubanas permanecerían al norte de la zona; Angola evitaría que la zona en disputa fuese nuevamente utilizada por la SWAPO para lanzar incursiones dentro de África del Sudoeste y una fuerza conjunta angoleña-sudafricana se aseguraría de que ambos bandos cumpliesen con honrar los compromisos del acuerdo.
Sudáfrica aceptó de buen grado el acuerdo y para fin de año había cumplido con retirar todas sus fuerzas de Angola. Los angoleños, por el contrario, influenciados por sus asesores comunistas soviéticos y cubanos, optaron por incumplirlo. Fuerzas de la SWAPO cruzaron sin oposición o resistencia de las fuerzas militares angoleñas dentro del área en disputa – quizás, incluso, asistidos por estas. La subsecuente incursión anual hacia territorio de África del Sudoeste le costó a la SWAPO 584 vidas, logrando infligir 39 bajas a las Fuerzas de Seguridad. La intensidad de la guerra convencional disminuyó considerablemente, eliminando la necesidad de que los escuadrones de Mirage F1, Canberra y Buccaneer se desplegaran constantemente a la zona del frente. La introducción de baterías antiaéreas SA-8 – así como la presencia sospechada del mortífero SA-6 – cambió completamente el panorama táctico del conflicto para la SAAF. El paréntesis en la guerra aérea le otorgó a la SAAF valioso tiempo de entrenamiento a fin de aprender a contrarrestar estas nuevas amenazas.
El 13 de marzo se registró la pérdida total del Mirage F1AZ 228, el cual se precipitó a tierra a cinco kilómetros a las afueras de Lydenburg durante una salida de entrenamiento, debido a un error de navegación. Su piloto, el Capitán Digby Holdsworth, con apenas 17 horas de experiencia a bordo del Mirage F1, alcanzó a eyectarse.
OPERACIÓN ‘VALKNES’
Como resultado de permanentes quejas interpuestas por oficiales del gobierno de Mozambique respecto de aeronaves provenientes de Sudáfrica penetrando constantemente de forma ilegal su suelo soberano, la SAAF puso en marcha la Operación ‘Valknes’, desplegando radares y aviones de combate a fin de interceptar estos vuelos irregulares.
El 31 de marzo de 1985, dos Mirage F1 tripulados por el Mayor Jan Henning y el Capitán ‘Moolies’ Moolman interceptaron un CASA 212 de la Fuerza Aérea de Zimbabwe, forzándolo a aterrizar en la base aérea de Hoedspruit. La inocente carga del aparato consistía en fanáticos del equipo nacional de fútbol en ruta hacia un partido en el pequeño estado de Swazilandia. Los pilotos habían perdido el rumbo producto del mal clima y se habían desviado sin mala intención sobre la frontera internacional. A pesar de los reclamos por parte de Mozambique, la tripulación y sus pasajeros fueron liberados una hora después y autorizados a continuar con su viaje – esta vez en la dirección correcta.
El 4 de abril volvió a perderse un Mirage F1AZ (222) en un accidente acaecido durante un vuelo de prueba. Un incendio de motor provocó daños en la varilla del actuador que controla los elevadores, ocasionando que el aparato se precipitara a tierra luego del decolaje, con Jan Henning en los controles, quien pudo eyectarse exitosamente y salir airoso del siniestro con algunos golpes, cortes y magulladuras.
DE VUELTA AL RUEDO – 1985-1986
El fracaso del acuerdo conjunto entre los gobiernos de Angola y Sudáfrica – quebrantado por los angoleños bajo influencia de sus asesores del bloque soviético – significó un retorno a la rutina anual de incursiones por parte de elementos de la SWAPO en África del Sudoeste, devolviendo el estado de las tensiones entre las fuerzas beligerantes a aquella similar a la de 1981 que había desencadenado en la ejecución de la Operación ‘Protea’. En esta oportunidad, sin embargo, con la guerra civil en Angola arreciando, la lucha de la SWAPO comenzó a perder importancia para sus anfitriones angoleños; el conflicto se internacionalizó, con los estadounidenses debatiendo su apoyo a la UNITA, asesores soviéticos y cubanos dominando y controlando la estrategia militar angoleña y los sudafricanos buscando en el seno de Naciones Unidas una solución aceptable al conflicto.
Los asesores provenientes del Bloque Oriental convencieron a la FAPLA de que la aldea de Mavinga con su pista de aterrizaje era la clave para la resolución del conflicto al interior del país. Al ocupar esta zona estratégica, la FAPLA aseguraría una posición de avanzada para conducir operaciones dentro del territorio controlado por la UNITA. Para conseguirlo, las fuerzas angoleñas reforzadas por contingentes cubanos lanzaron una ofensiva en el mes de julio ejecutando una maniobra de pinzas, con un contingente encargado de limpiar la zona de elementos de la UNITA en la zona de Cazombo al este antes de proseguir hacia el sur y otro maniobrando por el flanco derecho desde Cuito Cuanavale hacia el este para cerrar el cerco sobre Mavinga. Ambos contingentes contaban con el respaldo de vehículos blindados pesados contra los cuales los guerrilleros de la UNITA no tenían posibilidad de victoria.
A pesar de que el avance de la FAPLA era lento, pronto se hizo evidente que la UNITA sería incapaz de repeler el ataque en dos frentes por sí sola. El líder de la organización, Jonas Savimbi, solicitó apoyo a Sudáfrica a fin de poder movilizar tropas desde el enclave de Cazombo y reforzar las defensas alrededor de Mavinga. Así pues se pusieron en marcha las operaciones ‘Magneto’ y ‘Wallpaper’, con aviones de transporte de la SAAF realizando vuelos de traslado de tropas aliadas de una locación a la otra. Para mediados de septiembre y a pesar de haber recibido refuerzos, Mavinga se encontraba en peligro inminente de ser tomada por asalto y capturada por la FAPLA. El río Lomba, último obstáculo entre las fuerzas oficialistas angoleñas y los rebeldes, había sido sorteado y la FAPLA se aprestaba a dar el golpe. Sambivi invirtió varias noches en viajes desde su cuartel general hacia Jamba y Pretoria, explicándoles a los políticos la gravedad de la situación y que sus fuerzas requerían ayuda, pues de otra manera no serían capaces de repeler la acometida enemiga. El territorio de Angola controlado por la UNITA sellaba efectivamente casi mil kilómetros de frontera con la vecina África del Sudoeste haciéndola impermeable a las constantes incursiones de la SWAPO; por tanto, la supervivencia de la UNITA y su control sobre la zona en cuestión resultaba de gran importancia para la seguridad de la República de Sudáfrica.
El gobierno sudafricano autorizó la intervención. La operación, nombre código ‘Weldmesh’, fue planificada para iniciar el 16 de septiembre y tenía como objetivo proveer a las fuerzas de la UNITA de apoyo terrestre y aéreo a fin de interrumpir el avance angoleño-cubano sobre Mavinga. Misiones de reconocimiento tanto terrestres como aéreas ayudaron a ubicar la posición de las brigadas enemigas al sur del río Lomba. Las brigadas móviles, mientras atravesaban los densos matorrales, maniobraban usualmente como unidades dispersas; sin embargo, mientras aguardaba la orden de atacar, la brigada líder se concentró en un área de aproximadamente 2 kilómetros cuadrados, lo que la transformaba en un objetivo apropiado para saturación con artillería de campaña y ataques aéreos. En un esfuerzo por protegerse de las fuerzas de UNITA, las brigadas de la FAPLA utilizaban la margen del río Lomba para cubrir su flanco norte; ello tendría consecuencias desastrosas para ellos una vez que los aviones sudafricanos entraran en acción.
El 17 de septiembre, aviones de combate de la SAAF, incluyendo diez F1AZ y siete F1CZ, arribaron a las bases de Grootfontein y Rundu. Al día siguiente se dio inicio a las operaciones, con un feroz bombardeo aéreo de las posiciones de la FAPLA por parte de aparatos Canberra, Buccaneer, Impala y Mirage, que fue seguido por un ataque del Ejército con artillería convencional y lanzacohetes superficie-superficie. Los vehículos de la FAPLA se atascaron en la arena y no pudieron salir; los soldados los abandonaron, realizando su escape a pie a lo largo del cauce del río Lomba donde cayeron presas de las fuerzas de la UNITA. Los ataques continuaron a lo largo del día hasta que la resistencia fue aplastada. Como siempre, cazas F1CZ configurados con misiles aire-aire volaron patrullas de combate aéreo para proteger a los paquetes de ataque de la eventual presencia de aviones enemigos. Como resultado del ataque, la FAPLA perdió una brigada completa al sur del río Lomba; la segunda restante se vio forzada a replegarse hacia Cuito Cuanavale, hostilizada durante todo el trayecto por sus oponentes de la UNITA y la SADF.
Durante el periodo de paz relativa de 1984, la interrupción de las operaciones aéreas había sido de beneficio para la Fuerza Aérea. Se diseñaron bombas pre-fragmentadas Mk81 de 120 kilos, manteniendo el peso y perfil aerodinámico de las originales de fabricación estadounidense, armadas con la espoleta de detonación aérea Limbo. La carcasa de la bomba fue construida a manera de alojar 17 mil bolillas de acero: al detonar la bomba, estas bolillas eran despedidas en todas direcciones, creando un patrón letal de alrededor de 100 metros a la redonda.
El primer ataque con estas nuevas bombas se llevó a cabo el 30 de septiembre de 1985, cuando ocho Mirage F1AZ las lanzaron sobre el enemigo en retirada. Su efectividad fue comprobada desde el inicio: interceptación de tráfico radial del enemigo daba cuenta de las cuantiosas bajas sufridas por los angoleños. El desarrollo de este nuevo armamento precipitó al enemigo a alterar sus prioridades; se hizo necesario desembarazarse de los asesores soviéticos que acompañaban a la brigada en retirada – y que contaban con los locales para hacer el trabajo sucio por ellos.
Pronto se hizo aparente para el comando de la Fuerza Aérea estacionado en Rundu que helicópteros de transporte Mil Mi8 y Mi17 ‘Hip’ y cañoneros Mi25 ‘Hind’ estaban siendo usados por los angoleños para aerotransportar personal soviético como prioridad sobre sus propios camaradas heridos. Se diseñó un plan para dificultar la extracción de los rusos: un equipo de reconocimiento desplegado en el matorral en los linderos del campo aéreo de Menonque retransmitía información respecto de los movimientos de los helicópteros enemigos. Luego, aviones Impala MkII en situación de alerta de combate eran despachados para atacarlos; el 27 de septiembre, dos Mi25 fueron derribados por los Impala utilizando esta estrategia. Dos días después, el 29, los cuatro helicópteros de una formación de Mi8/Mi17 y Mi25 sufrieron el mismo destino. El resultado fue un cese inmediato de las evacuaciones helitransportadas.
A medida que la maltrecha columna sobreviviente del ataque a Mavinga continuaba su repliegue hacia el norte, la dispersión de sus unidades no ofrecía blancos puntuales para ser atacados. Este patrón de maniobra, sumado a la disponibilidad de las nuevas bombas pre-fragmentadas, permitió a los pilotos del 1 Squadron poner a prueba de forma operacional el perfil de ataque Vergooi por primera vez. Esta maniobra – cuyo nombre significa ‘lanzar lejos’ o ‘arrojar’ en afrikaans – tenía como finalidad precisamente eso: ‘lanzar’ un ramillete de bombas a distancia, en trayectoria parabólica y saturar el área de un objetivo con precisión sin tener que sobrevolarlo. Para poder lograr esto, la computadora de bombardeo del F1AZ debió ser modificada considerablemente por los técnicos del FSG. El perfil había sido probado con éxito en el campo de tiro y era hora de ponerlo a buen uso. Los –AZ, que habían retornado a su base el 4 de octubre, fueron redesplegados a Grootfontein entre el 13 y el 15 del mes. El Teniente Coronel Gerrie Radloff lideró el vuelo de ocho F1AZ que atacaron a las fuerzas dispersas de la brigada enemiga en retirada usando el perfil Vergooi con gran éxito. Otra misión igualmente exitosa se desarrolló el 17 del mismo mes, demostrando la viabilidad de la maniobra que continuaría siendo empleada por los pilotos del 1 Squadron por el resto de la guerra.
Para el día 18, los aparatos estaban de vuelta en suelo sudafricano. En adición a los F1AZ, los F1CZ volaron misiones de cobertura totalizando 132 horas de vuelo, mientras que sus pares de ataque a suelo acumularon 171 horas. La fecha escogida para la Operación ‘Weldmesh’ fue más que oportuna: por casi la totalidad del mes de diciembre, tanto la flota de Mirage F1 de la SAAF como la del Armeé de l’Air francés debieron permanecer en tierra debido un boletín emitido por Dassault que alertaba sobre potenciales problemas con la planta propulsora Atar 9K50; debieron removerse los motores de cada aparato y revisar las líneas hidráulicas y abrazaderas minuciosamente. El 28 de diciembre se perdió un Mirage F1CZ durante una misión de entrenamiento en suelo sudafricano.
El 19 de mayo de 1986, aviones F1CZ del 3 Squadron se desplegaron a la base aérea de Mpacha en el extremo este de la Franja de Caprivi para escoltar a un Canberra del 12 Squadron en misión de reconocimiento aerofotográfico sobre la línea de frontera. La misión se voló sin incidentes y los aparatos retornaron a su base en Waterkloof el mismo día.
A comienzos de abril, los nuevos aviones-cisterna Boeing 707 del 60 Squadron entraron en servicio y el Teniente Coronel Johan Rankin, flamante nuevo comandante del 1 Squadron, determinó que sus pilotos debían entrenarse en la maniobra de reabastecimiento aéreo con estos aviones. La capacidad de carga de combustible del Boeing – muy superior a la del Buccaneer que normalmente servía como avión cisterna – y la ventaja de disponer de tres canastas remolcadas para reabastecimiento simultáneo de varios aparatos permitió incrementar el radio de acción de los Mirage y a la vez agilizar el proceso de entrenamiento en esta delicada maniobra. Simultáneamente, se trabajó en pulir las tácticas de ataque nocturno para el escuadrón. Asimismo, se dio énfasis al desarrollo de una nueva maniobra de ataque, denominada Gatup (o Nagup, si se realizaba de noche), la cual buscaba otorgar a los pilotos máxima seguridad durante un ataque con bombas.
OPERACIÓN ‘BELLOMBRA’
Los MiG angoleños hacían sentir su presencia con cada vez mayor frecuencia en el teatro de operaciones, probablemente debido a la participación cada vez más numerosa de pilotos cubanos. A lo largo del tiempo que llevaba de duración el conflicto, los MiG habían limitado su presencia a un área ubicada a 200km al norte de la frontera. Durante las dos ocasiones en las que se aventuraron al sur, perdieron aeronaves a manos del entonces Mayor Johan Rankin (piloto con amplia experiencia en ambas versiones del F1), de manera que probablemente era más sensato mantenerse alejados hacia el norte. Sin embargo, esta tendencia comenzaba a cambiar: una nueva base aérea diseñada ex professo para los MiG había sido construida en Cahama e incluso uno de sus pilotos había atravesado la frontera en la zona de Ruacana. Si bien no quedaba claro si esta incursión había sido intencional o no, ciertamente llamó la atención de la Fuerza Aérea Sudafricana.
Para contrarrestar esta creciente amenaza, se desarrolló un plan de acción denominado ‘Bellombra’. La idea consistía en desplegar parejas de Mirages sobre circuitos de espera a baja cota cada vez que los MiG alzaran vuelo. Los operadores de radar con base en tierra rastrearían los movimientos de los MiG y si estos se acercaban a alguno de los patrones de espera, instruirían a los Mirage a atacarlos, indicándoles un vector de ataque y un punto de remonte. Los cazas sudafricanos acelerarían por sobre los 600 nudos antes de ascender y posicionarse a 4 mil metros por debajo de los aviones enemigos. Entonces encenderían sus propios radares – a último momento para evitar dar su posición – y se colocarían en posición de tiro para lanzamiento de misiles. La táctica fue puesta a prueba por los pilotos del 3 Squadron sobre la zona de vuelo del Transvaal Oriental, con los Mirage III del 2 Squadron simulando ser el enemigo. El perfil de interceptación se denominó LIP (Low-level Intercept Profile o Perfil de Interceptación a Baja Cota). El 23 de junio se desplegaron a Ondangwa para emplear la táctica de forma operacional. Al despuntar el alba el día siguiente, los pilotos se encontraban en situación de alerta en sus cabinas con los controladores monitoreando las consolas de radar en las instalaciones al borde de la pista. La espera había comenzado. A mediodía se detectó actividad aérea enemiga y pocos minutos después, los F1CZ, recibiendo la orden, fueron desplegados. Uno de los factores más limitantes de esta técnica era que, por razones de seguridad, los Mirage no estaban autorizados a remontar y entrar en el rango de detección de los radares enemigos a menos que pudiesen asegurar altas posibilidades de efectuar un derribo. Esta limitación ocasionó que muchas de las salidas de interceptación resultasen fallidas, como fue el caso de la de ese día.
Otra misión infructuosa tuvo lugar el 28 de julio cuando los controladores, monitoreando el tráfico sobre el área de Ongiva, decidieron prudentemente no dar la orden de remonte a los Mirage. La razón de ello fue que, en lugar de la formación usual de dos MiG en pareja, el personal a cargo de los radares había detectado 22 contactos hostiles operando en la misma área. Tal parece que los angoleños estaban al tanto de los planes de sus rivales sudafricanos y se habían propuesto tenderles su propia trampa. Al final, ninguna de las dos estrategias produjo resultados.
Entre el 28 y 30 de julio, los pilotos del 1 Squadron Johan Rankin, Chris Skinner, Rikus de Beer y Willie van Coppenhagen se desplegaron a la base aérea de Grootfontein para ejecutar misiones de obtención de inteligencia electrónica (ELINT). En uno de esos vuelos, Skinner y de Beer volaban a baja altura a una posición al norte de Cuito Cuanavale. Virando hacia el sudoeste, ascendieron a 2 mil pies a medida que sobrevolaban instalaciones enemigas en las afueras de la ciudad. Antes de que los misiles antiaéreos pudiesen reaccionar, ambos pilotos se zambulleron y sobrevolaron apenas sobre el terreno de regreso a la base. El análisis de la data obtenida por los sistemas de alerta de radar (RWR) de ambos aparatos verificó la presencia de baterías SA-3 y SA-8.
El 3 Squadron se desplegó a Ondangwa entre el 15 y el 22 de julio, pero no se volaron salidas operacionales.
OPERACIÓN ‘MODULER’
Para mediados de 1987, la FAPLA, incentivada por sus aliados cubanos, cruzó el puente de Cuito Cuanavale y se dirigió hacia la localidad de Mavinga en el sudeste. La estrategia y rutas de aproximación fueron una copia al carbón de las empleadas en 1985, ocasión en la que fueron repelidos por las fuerzas combinadas de la República de Sudáfrica y la UNITA y que resultó en un desastre para los angoleños. Sin embargo, a medida que la siguiente oleada de hostilidades se aproximaba, esta vez estaban mucho mejor preparados en términos de logística y de capacidades de defensa antiaérea. La operación para repelerlos – a su vez una réplica de la Operación ‘Weldmesh’ de 1985 – desencadenaría en un imprevisto despliegue de siete meses a fin de proveer apoyo a las subsecuentes operaciones ‘Hooper’ y ‘Packer’.
Una vez más, la FAPLA optó por una maniobra de pinzas utilizando básicamente las mismas rutas que la última vez. La Fuerza de Defensa de Sudáfrica recibió el encargo de poner freno al gancho derecho del enemigo – dos brigadas de la FAPLA desplegadas contra el poblado estratégico de Mavinga. Al igual que en 1985, la UNITA carecía de la capacidad para repeler a las unidades mecanizadas y nuevamente solicitó apoyo a Sudáfrica. Autorización por parte del gobierno sudafricano solo se dio en el último minuto, cuando la 47° Brigada enemiga se encontraba al sur del río Lomba.
Los planificadores militares comunistas habían aprendido de sus errores del pasado. Esta vez, movilizaron reservas de agua y misiles antiaéreos junto con las brigadas terrestres. Aparatos MiG21 ‘Fishbed’, MiG23 ‘Flogger’ y Su22 ‘Fitter’ fueron desplegados a la base aérea de Menonque y estacionaron una fuerza de ala rotatoria compuesta por helicópteros Mi8 y Mi17 ‘Hip’ y Mi25 ‘Hind’ en Cuito Cuanavale. Para defender Menonque instalaron emplazamientos de baterías de misiles SA-3 ‘Goa’; las brigadas mecanizadas contaron con la protección de los sistemas de misiles móviles SA-6 ‘Gainful’, SA-7 ‘Grail’, SA-8 ‘Gecko’, SA-9 ‘Gaskin’, SA-13 ‘Gopher’ y los MANPADS 9K34 Strela-3 (SA-14 ‘Gremlin’) y 9K310 Igla-1 (SA-16 ‘Gimlet’). Su fuerza acorazada se componía de 40 tanques T54 y T55, lanzacohetes múltiples BM21 Grad y vehículos de combate de infantería BRDM2, BMP1 y 2 y BTR60, los cuales eran a su vez apoyados por fuego de artillería de piezas D30 de 122mm y M46 de 130mm con un alcance máximo de 30km.
La FAPA/DAA recibió la gama completa de subvariantes del caza de geometría variable MiG23 ‘Flogger’, usualmente en lotes de veinte. Las entregas iniciales incluyeron 20 MiG23MS, superados en el rol de interceptación por 20 MiG23ML entregados en 1985 (a veces reportados erróneamente como MiG23MLA o incluso MiG23MF) y seis biplaza MiG23UB. Los primeros MiG23MS entregados a FAPA/DAA fueron usados para defender la capital, Luanda, pero a medida que más MiG23MS y MiG23UB fueron recibidos, muchos fueron enviados en apoyo del ejército y transferidos a bases más al sur. Aunque hubo interceptaciones de aviones sudafricanos, la mayor parte de las misiones se concentró en ataque a objetivos en tierra. Las pérdidas angoleñas eran altas a medida que los rebeldes de la UNITA recibían sistemas antiaéreos portátiles FIM-92A Stinger y artillería antiaérea de procedencia occidental; en conjunto, cuarenta aviones de todas las subvariantes se perdieron durante la batalla de Mavinga en 1987.

Fig.36 – Línea de vuelo de la FAPA/DAA: A la derecha de la imagen, dos interceptores MiG23ML y a la izquierda de la foto, un biplaza MiG23UB
El 4 de septiembre, el 3 Squadron fue desplegado a la base aérea de Rundu para llevar a cabo tareas de defensa aérea en conjunción con una unidad de radar móvil. Debido al incremento sustancial de actividad por parte de los MiG, los pilotos y controladores de radar decidieron modificar el perfil LIP para acomodarse al área de operaciones al sur de la base. Contaban con un radar Plessey AR3D ubicado en una loma a diez millas náuticas al norte de Rundu, operando bajo el nombre clave ‘Sunset’.
Se trabajó en los puntos de espera y las órdenes de permanecer alerta sentados en sus cabinas se convirtieron en la rutina del día para los pilotos. Las distancias involucradas eran tan grandes que, a pesar de que se efectuaron algunas salidas de interceptación, los aviones sudafricanos llegaban a la escena cuando los MiG ya se habían ido. Es importante señalar que, mientras el radar de Rundu solo podía detectar a aeronaves en la zona de operaciones volando a cotas superiores a los 24 mil pies, por causa del efecto de horizonte-radar, los angoleños, con sus radares instalados en Menonque y Cuito Cuanavale gozaban de cobertura total. Debido a que la mayor parte de las operaciones tenía lugar por debajo de la cobertura del radar, los sudafricanos frecuentemente se veían obligados a salir en misión sin información de alerta temprana. A pesar de esta clara desventaja, la confianza y moral entre los pilotos de F1CZ era alta. Pronto fueron asignados como escoltas de los aparatos Mirage IIIRZ destinados a reconocimiento aerofotográfico que volaron en los días previos al inicio de hostilidades.
El 10 de septiembre, la experiencia obtenida durante ‘Bellombra’ rindió sus frutos. El comandante Thinus du Toit, desde el puesto de comando de avanzada 320 de la Fuerza Aérea, autorizó el decolaje de tres parejas de Mirage F1CZ. Poco después de arribar a su punto de espera, el Teniente Coronel Carlo Gagiano – comandante del 3 Squadron – y el Capitán Anton van Rensburg recibieron la orden de remontar para ejecutar una interceptación. Gagiano solicitó un chequeo de altitud de los contactos y ascendió por encima de ellos. A medida que cerraban distancia con los aviones enemigos, los Mirage soltaron sus tanques de combustible externos, para ese momento, vacíos.
Momentos antes del cruce, en un perfil de interceptación frontal, van Rensburg anunció por la radio que tenía contacto visual con uno de los dos aparatos, un MiG23ML ‘Flogger-G’. El interceptor de fabricación soviética había ejecutado un viraje a la izquierda, exponiendo el escape de su motor, por lo que van Rensburg se posicionó detrás de él, ingresando en parámetros de tiro para lanzar un misil MATRA R550 Magic, el cual se guió correctamente pero detonó en la estela de calor del MiG, sin dañarlo. Inmediatamente lanzó su segundo misil, que también enganchó como se esperaba al enemigo en descenso. Sin saber en qué posición se encontraba el otro MiG, van Rensburg rompió el contacto y ascendió antes de poder observar la detonación de su misil – que en última instancia, tampoco alcanzó su blanco. Van Rensburg y Gagiano volvieron a la formación mientras los MiG retornaban a su base en Menonque. Este primer encuentro con el interceptor más avanzado en el inventario de la FAPA/DAA, aunque no resultó en derribos, consolidó aún más la confianza de los pilotos sudafricanos.
Mientras tanto, los pilotos y aviones del 1 Squadron se habían movilizado hacia Grootfontein. La primera salida de combate fue programada para el día 16. Luego de una extensa sesión prevuelo que se enfocó en la posibilidad de toparse con los sistemas SAM SA-6 y SA-8, una formación de F1AZ decoló a las 05:45 de la mañana. El paquete de ataque formaba parte de una fuerza combinada de la SAAF que alcanzó blancos de la 47°Brigada, soltando unas 100 bombas pre-fragmentadas Mk82 sobre las posiciones angoleñas. El éxito de la más pequeña Mk81 durante las operaciones de 1985 había llevado a los sudafricanos a desarrollar una solución similar para la más pesada Mk82, con la diferencia de que las bolillas de acero más grandes usadas en la carcasa de la bomba de 250 kilogramos eran efectivas también contra vehículos blindados medianos, adicionalmente a las capacidades antipersonal y anti-vehículos livianos de su predecesora.
Durante los primeros ataques contra las brigadas enemigas desplegadas cerca del río Lomba, una formación de aviones F1AZ, liderada por el Teniente Coronel Johan Rankin, se sumó a la lucha. Como estaba previsto, su formación ascendió para ejecutar un perfil de bombardeo Vergooi. Luego del lanzamiento de bombas, el perfil requiere un viraje en descenso de 130° de alabeo para retornar a la relativa seguridad de la altitud más baja tan pronto como sea posible. Mientras Rankin ejecutaba la maniobra, la advertencia de “¡misil en el aire!” fue escuchada por la radio.
Girando su cabeza hacia atrás, Rankin pudo observar numerosas estelas de humo acercándose rápidamente a su aeronave. Distraído por la amenaza, continuó realizando el viraje mientras empujaba el bastón de mando para zafarse de los misiles. A medida que pasaba el peligro, su vista volvió a concentrarse en la visión frontal, justo a tiempo para observar las copas de los árboles llenando la totalidad de su parabrisas. Nivelando las alas, ingresó en un claro u oshona – que le proporcionó los 50 pies de distancia que necesitaba para recuperarse – y, apenas rozando el suelo levantando una columna de polvo, pasó a través y por debajo de la hilera de palmeras antes de remontar y poner curso de vuelta a la base. Durante la sesión post-vuelo se determinó que otro miembro del grupo de ataque, el Capitán Reg van Eeden, había sufrido un percance similar. Todas las misiones subsecuentes involucraron una lista de prioridades a tener en cuenta durante la secuencia de ataque: primero, ejecutar el bombardeo; segundo, evitar los misiles y tercero, una recuperación segura de las maniobras.
Durante la mañana del 27 de septiembre, aeronaves del 3 Squadron decolaron como escoltas de una formación de reconocimiento aerofotográfico sobre el río Lomba, ejecutando la misión sin incidentes. A las 15:30hrs de esa misma tarde, tres parejas de F1CZ – conformadas por los pilotos Carlo Gagiano y Arthur Piercy, Pierre du Plessis y Frank Tonkin y Rudi Mes y Jaco de Beer, respectivamente – alzaron vuelo en misión de interceptación. Los primeros dos pares fueron vectoreados hacia un patrón de espera, volando en formación escalonada, mientras Mes y de Beer fueron instruidos de virar 40° a la izquierda para servir como barrera en caso de que más MiG ingresaran al área mientras sus compañeros estaban ocupados interceptando a los primeros.
Gagiano y Piercy recibieron la orden de remontar, para encontrarse en curso de interceptación frontal. Al soltar sus tanques externos poco antes del cruce, Gagiano avistó a los contactos y anunció por la radio: “¡Su22… corrección: MiG23!”. Luego de pasar una al costado de la otra, ambas formaciones ejecutaron un viraje hacia la izquierda para ponerse en curso de colisión nuevamente. Dadas las distancias considerables que los separaban, resultaba muy difícil mantener contacto visual con los aviones enemigos. A medida que se acercaban nuevamente frente a frente, Piercy exclamó “¡Misiles!” mientras dos misiles R23 (AA-7 ‘Apex’) de guía radar semi-activo y un R60MK (AA-8 ‘Aphid’) termoguiado eran lanzados por los MiG contra los Mirage desde el arco frontal. Uno de ellos, claramente visible en la película registrada por la cámara de a bordo de Gagiano, disparado por el MiG número 2 con el Primer Teniente Juan Carlos Chávez Godoy en los mandos, pasó directamente sobre la cubierta de su cabina. Los otros dos, incluyendo el ‘Aphid’ lanzado por el líder de la formación enemiga, Mayor Alberto Ley Rivas, hicieron blanco en el avión de Piercy, uno de los cuales detonó sobre el lado izquierdo de su aparato junto a la tobera de escape y el plano de deriva.
Gagiano exclamó sobresaltado: “¡Arthur, te dieron! ¡Desciende, desciende, desciende!”. El aparato de Piercy se perdió de vista. Gagiano preguntó por la radio a su número 2: “¿Dónde estás?”. Piercy replicó: “¡Entre las copas de los árboles, corriendo como condenado!”. Los MiG desaparecieron del área y Gagiano pudo reunirse con Piercy para ayudarlo a estimar el alcance de los daños a su F1.
Mientras tanto, Piercy se encontraba inmerso en lidiar con toda clase de emergencias y averías, siendo las más preocupantes las que afectaron a los sistemas hidráulicos y de combustible. Gagiano reportó a su compañero los hallazgos de su avistamiento: “Arthur, tienes la cola deshecha”. Luego de eso, mientras volaban de regreso a Rundu, asistió a Piercy con los procedimientos de emergencia. El alojamiento del paracaídas de frenado había sido arrancado, el avión regaba combustible a través de agujeros en el lado de estribor del fuselaje, las líneas hidráulicas habían sido dañadas y Piercy utilizaba lo poco que le quedaba como medio de control – la potencia de emergencia del motor – para mantenerse en el aire.
Luego de un despliegue extraordinario de habilidad y pericia aeronáutica, Piercy logró posar su maltrecho Mirage F1 (matrícula 206) en la pista de Rundu. Desafortunadamente, la pérdida de fluido hidráulico requerido para operar los frenos, sumada a la pérdida total del paracaídas de frenado, impidió que el avión pudiese detenerse a tiempo. A ello hay que añadirle la ausencia de una barrera de frenado en las instalaciones del campo aéreo para aterrizajes de emergencia; así pues, no había nada que impidiese que el Mirage se saliera de la pista a alta velocidad una vez que se le terminó el asfalto. Un fortísimo impacto contra el suelo desencadenó el inicio de la secuencia de eyección del asiento, expulsando a Piercy de la cabina. Lamentablemente, el paracaídas no se abrió debido a la falta de tiempo necesario para ello y asiento y piloto cayeron juntos a tierra. Cuando fue encontrado, Piercy todavía estaba ajustado por los correajes a su asiento, con daños significativos a la parte baja de su espalda.

Fig.38 – El F1AZ 206 tripulado por el Mayor Arthur Piercy, dañado por un misil aire-aire enemigo. Nótese los daños causados al timón de dirección, la tobera y demás superficies de control de vuelo, así como la ausencia del cono del carenado del paracaídas de frenado
El incidente demostró que, a diferencia de las experiencias pasadas, la ventaja tecnológica ahora se inclinaba a favor del enemigo. El interceptor soviético poseía un arsenal mucho más sofisticado de misilería aire-aire, superior a los obsoletos y poco confiables sistemas en inventario con la SAAF. Mientras se analizaba la situación, los pilotos y aviones del 3 Squadron fueron restringidos a misiones de defensa de sus bases y a misiones de escolta; las salidas de interceptación fueron canceladas.
El Teniente Coronel Mossie Basson, piloto veterano del 1 Squadron, desempeñó un papel importante en la tarea de reinventar por completo las técnicas de combate aéreo a fin de poder lidiar con la amenaza presentada por los nuevos misiles de fabricación soviética con capacidad de enganche todo-aspecto. Procuró adquirir información relacionada al desempeño de los misiles R23 y R60 e introdujo cambios tácticos a la doctrina de refriega aérea de la SAAF, estableciendo por ejemplo por qué y en qué momento se debía cortar la postcombustión para minimizar la firma infrarroja del propio avión. Los pilotos comenzaron el re-entrenamiento en la base aérea de Rundu, pero sin misiles de práctica, estimar la efectividad de las nuevas técnicas resultaba complicado. La SAAF abrigaba esperanzas de adquirir el Magic II, una versión avanzada y mejorada del MATRA R550 en servicio en ese momento que, entre otras cosas, poseía capacidad de enganche todo-aspecto, pero las limitaciones impuestas por el embargo de Naciones Unidas hicieron irrealizable tal prospecto. Una versión más avanzada del V3 Kukri, el V3C, todo-aspecto y con mejor capacidad de discriminación de contramedidas (equivalente al AIM-9L Sidewinder estadounidense), entró en desarrollo en 1986, mas la Guerra de Frontera llegó a su fin antes de que pudiese ser desplegado operacionalmente.
El 4 de octubre, bajo el liderazgo del comandante Rankin, cuatro F1AZ ejecutaron un ataque contra la 59° Brigada angoleño-cubana desplegada en las inmediaciones del río Lomba, al noreste de Mavinga, utilizando el perfil de bombardeo Vergooi. Consideraciones de consumo de combustible limitaron a la formación a una aproximación desde el sur y la falta de puntos referenciales para la navegación disminuyó el abanico de opciones tácticas disponibles para los pilotos. El plan de ataque requería que dos formaciones de aviones, separadas por un intervalo de 15 segundos, utilizaran el mismo punto para remontarse y atacar. Mientras Norman Minne, líder de la segunda formación, soltaba sus bombas, observó una estela de humo pasar directamente sobre la cubierta de su cabina. Mientras se recuperaba de la maniobra, pudo avistar un segundo MANPADS SA-7 sobrepasar a su avión por encima. Digby Holdsworth, quien volaba como número 2 de la primera formación liderada por Rankin, fue alertado por sus compañeros para que realizase un viraje de emergencia a medida que un tercer misil hacía blanco sobre el escape de su avión para luego detonar detrás de su F1. La astucia del enemigo, sumada al descuido de los pilotos en mantener el factor sorpresa, casi le reporta dividendos ese día.
Luego de los primeros ataques, el enemigo no inició su repliegue como se esperaba, de manera que bombardeos adicionales y misiones de fuego de artillería continuaron hasta bien entrado el mes de octubre, cuando los soldados que quedaban iniciaron su huida a pie. Cuando el campo de batalla fue finalmente despejado por las fuerzas sudafricanas, se descubrió que sus vehículos habían sido diezmados por el efecto metralla de las nuevas bombas fragmentarias Mk82. Motores, radiadores y neumáticos habían sido perforados, tornando a los vehículos inoperativos.
‘Moduler’ fue un éxito rotundo: el avance sobre Mavinga había sido cortado y las brigadas enemigas se encontraban en retirada de vuelta hacia Cuito Cuanavale. El objetivo de la operación se vio alterado y, contrario a las recomendaciones de la SAAF, se decidió continuar y acosar al enemigo en su huida.
OPERACIÓN ‘HOOPER’
La razón de la reticencia de la SAAF a perseguir al enemigo dentro de su propio territorio era la preocupación que generaba el incremento en sofisticación y número de los medios de defensa aérea – particularmente en lo referido a aviones de caza – de sus rivales. Mavinga se encontraba prácticamente a la misma distancia de la base de la FAPA/DAA de Menonque que a la base sudafricana de Grootfontein; tanto los radares instalados en Cuito Cuanavale como en Rundu ofrecían un nivel de cobertura similar a los aviones operando sobre el teatro de operaciones. Las posibilidades de supervivencia en combate para los aviones de ambos bandos eran entonces de 50/50.
A medida que la persecución continuaba y la batalla se trasladaba cada vez más y más hacia el norte, las posibilidades de victoria en el aire se inclinaban a favor del enemigo. Eventualmente, la misma alcanzó un punto muerto al replegarse las fuerzas angoleñas a la seguridad de la meseta elevada de Chambinga, al este de Cuito Cuanavale.
‘Moduler’ se dio por finalizada el 26 de noviembre y fue reemplazada por dos operaciones sucesivas: ‘Hooper’ y ‘Packer’. El objetivo de ambas consistía en golpear a las fuerzas de la FAPLA que habían tomado posiciones defensivas al este del río Cuito y desalojarlas fuera de la ribera este para el 13 y 12 de marzo, respectivamente, del año siguiente. Eventualmente, ninguno de los objetivos trazados fue conseguido, a pesar de que las fuerzas angoleñas sostuvieron horrendas bajas, vieron destruida su capacidad ofensiva y por tanto, estuvieron imposibilitadas de montar más ataques en el futuro.
A lo largo de esta difícil etapa del conflicto, la SAAF se vio forzada a operar bajo las condiciones más duras imaginables. El tiempo de vuelo de los aviones de ataque F1AZ operando desde Grootfontein hasta sus objetivos dentro de territorio angoleño era de 43 minutos. Tanto el ingreso como el egreso de la zona del blanco se realizaban volando a muy baja cota a fin de evitar ser rastreados por los radares enemigos; ello tuvo un impacto negativo en el consumo de combustible (a baja cota, el mismo es considerablemente mayor que a gran altitud), dejando a los pilotos con tan solo 2 minutos de combustible para entablar combate con los aviones angoleños que intentasen interceptarlos. Estas severas restricciones impuestas por la reducida autonomía de vuelo significaban además que las opciones de rutas de ingreso hacia los blancos para aprovechar al máximo la ventaja táctica se veían reducidas, por tanto haciendo los ataques predecibles y en consecuencia, más fáciles de repeler por el enemigo.
El mayor problema, sin embargo, lo constituían las limitaciones de la cobertura del radar, la cual se encuentra restringida a la línea de visión que tenga el haz: a nivel del suelo, la distancia a la que el radar puede detectar y rastrear contactos se ve reducida a alrededor de 20 millas náuticas. La propia curvatura de la Tierra genera un área de barrido ciego en la que las ondas de radar no pueden penetrar. El teatro de operaciones se había desplazado tanto hacia el norte que la cobertura del radar de Rundu se veía limitada a cotas superiores a los 24 mil pies; dado que el despliegue de poder aéreo se daba principalmente en apoyo de las fuerzas terrestres y bombardeos, las operaciones se llevaban a cabo muy por debajo de dicha altitud. En consecuencia, los pilotos de la SAAF no recibían ningún tipo de asistencia o alerta temprana del radar de tierra durante sus misiones.
En contraste, los aviones de la FAPA/DAA operaban bajo condiciones mucho más favorables: despegando desde Menonque, se encontraban apenas a 9 minutos de vuelo de la zona de operaciones, donde podían permanecer merodeando por una hora en espera de que los aviones sudafricanos hiciesen su aparición para atacarlos, antes de tener que retornar a su base y repostar. Esta situación provocó malestar justificado entre las fuerzas terrestres sudafricanas, que combatían observando cómo los MiG patrullaban constantemente y durante todo el día el cielo sobre el campo de batalla mientras que los aviones de la SAAF permanecían ausentes. Los pilotos enemigos, tanto angoleños como cubanos, estaban encantados con la situación: por primera y única vez desde que la guerra había iniciado, el control del aire era suyo. Su nivel de confianza se vio incrementado por el hecho de gozar de plena cobertura de radar para sus operaciones desde el nivel del terreno hacia arriba, asegurada por la presencia de instalaciones de radar en Cuito Cuanavale, apenas a 2 minutos de tiempo de vuelo del campo de batalla.
Que el enemigo, a pesar de la clara superioridad tecnológica y táctica, continuase por la senda de la derrota, perdiendo batallas, es testimonio del excelente nivel de entrenamiento y experiencia de los pilotos sudafricanos, del trabajo meticuloso y profesional en el planeamiento de las misiones y de la elevada confianza y habilidad de los mismos. Durante los siete meses que siguieron, prácticamente todas las misiones se volaron a altitudes extremadamente bajas, a velocidades de entre 500 y 600 nudos. En el ambiente saturado de SAMs, MANPADS y cañones antiaéreos del sur de Angola, tales perfiles operacionales resultaron imprescindibles.
A raíz de estas nuevas consideraciones, se hizo necesario desarrollar una versión para baja cota del perfil de bombardeo Vergooi. La navegación a baja altura y alta velocidad (de hasta 16 kilómetros por minuto) fue perfeccionada con la ayuda de los sistemas computarizados de a bordo afinados en forma precisa. A fin de asegurar el máximo efecto sobre el blanco, se diseñaron nuevas municiones acorde con los nuevos requerimientos e introducidas con prontitud al servicio.

Fig.39 – Los pocos momentos de solaz de los que las tripulaciones disponían eran aquellos entre misiones o en alerta de combate
El 3 de octubre, el 3 Squadron comisionó algunos de sus aviones estacionados en Rundu para que volasen hacia Ondangwa a fin escoltar a un Mirage IIIR2Z en misión de reconocimiento aerofotográfico. Luego de completar la misión con éxito, los aparatos retornaron a Rundu para continuar participando en misiones de combate.
El 11 de noviembre, el Capitán Chris Skinner era el líder de un vuelo de una formación de tres parejas de Mirage F1AZ que decolaron de Grootfontein en una misión de ataque contra blancos reportados el este de Cuito Cuanavale. Debido a las distancias involucradas y a la penalización en cuanto al consumo de combustible, las salidas de ataque de la SAAF comenzaron a desarrollar un patrón predecible. Para contrarrestar esto, se contó con la asistencia de aviones cisterna Boeing 707 que repostarían en vuelo al paquete de ataque antes de proseguir hacia su blanco. Para ese momento, el cisterna solo poseía una estación de reabastecimiento en la parte posterior del fuselaje y los pilotos de F1 no estaban acostumbrados a ejecutar la maniobra llevando cargas de combate tan pesadas. Como consecuencia, el encuentro con el tanquero fue parcialmente exitoso. El plan contemplaba que los Mirage llenaran sus tanques completamente antes de pasar sobre la base aérea de Rundu. Meteorología particularmente desfavorable y aviones configurados con cargas externas pesadas forzó a los F1 a reabastecer a una altitud mayor a la que se tenía prevista. La demora en tomar combustible para los seis aviones significó que los tres últimos F1 de la formación se vieran forzados a abortar la misión y retornar a su base en Grootfontein. Fue necesario que el líder de vuelo y sus dos numerales realizaran una segunda conexión antes de separarse del avión cisterna y llevar a cabo un ataque exitoso, alcanzando los blancos previstos.
El 25 de noviembre, cuatro F1CZ fueron asignados como escoltas para una formación de tres Buccaneer en una misión de ataque usando bombas de precisión guiadas por TV Kentron H2 destinadas a destruir la pista de aterrizaje del aeródromo angoleño de Menonque. Los F1 levantaron vuelo a las 08:20hrs para luego reunirse bajo condiciones de silencio radial con los Buccaneer procedentes de Grootfontein. A fin de evitar alertar a los operadores de radar y de las baterías antiaéreas SA-3 que defendían la base, el paquete de ataque hizo su ingreso sobre el blanco volando a baja cota. A medida que ejecutaban la maniobra de remonte, los dos primeros Mirage desplegaron paquetes de chaff que llevaban en los alojamientos de sus aerofrenos ventrales – todavía no se les había instalado dispensadores de contramedidas apropiados. Una nueva suite ECM/RWR proyectada para la flota de Mirage F1 solo había sido instalada en el Mirage líder. Los Buccaneer, por el contrario, contaban todos con este nuevo equipo. Nivelando a su altitud de ataque, la formación continuó rumbo hacia Menonque. Una falla técnica impidió que ambas bombas se desprendieran de sus soportes y los aviones continuaron volando hasta pasar directamente sobre el campo aéreo antes de que el Teniente Coronel ‘Lappies’ Labuschange, líder de la formación de Buccaneers, ordenara abortar la misión, virar de regreso a la base y zambullirse de vuelta a baja cota. La segunda pareja de Mirages desplegó chaff antes de poner el morro hacia tierra y acelerar para su escape a nivel de las copas de los árboles. El radar de interceptación con base en tierra sudafricano detectó aparatos MiG enemigos despegando para interceptar a la formación – en realidad se dirigían hacia los retornos de radar producidos por el lanzamiento de chaff – una vez que todos los aviones amigos estuvieron a salvo de vuelta sobre espacio aéreo de África del Sudoeste.
Los días 8, 12 y 13 de diciembre, aviones Mirage F1AZ fueron usados para escoltar a un Blackburn Buccaneer del 24 Squadron en sucesivas misiones de ataque con bombas guiadas contra el puente de Cuito Cuanavale. El Mayor ‘Pikkie’ Siebrits en los controles y su oficial de sistemas de armas en el asiento posterior, el Capitán Niel Napier, constituían la tripulación del bombardero. Luego de sucesivos intentos, el puente fue alcanzado, aunque no totalmente puesto fuera de servicio.
Para fines de diciembre, la FAPLA persistía en sus esfuerzos por reforzar sus posiciones en las inmediaciones de Cuito Cuanavale. Convoyes logísticos de envergadura operaban desde Menonque trasladando hombres y pertrechos y se decidió que un ataque contra esta línea de suministros perjudicaría los esfuerzos del enemigo por consolidarse. Equipos de reconocimiento en tierra se infiltraron en la zona y retransmitieron por radio la ubicación y composición de los convoyes y en qué lugares se detenían a pasar la noche. Esa valiosa información de inteligencia fue puesta a buen uso y empleada para planificar ataques aéreos que normalmente se volaban al anochecer o a primera luz el día siguiente – esto debido a que la FAPA/DAA estaba poco preparada para realizar salidas nocturnas, siendo la pobre visibilidad en horas del amanecer o anochecer la única ventaja de la que los pilotos sudafricanos disponían realmente a su favor.
En enero de 1988, luego de un breve periodo de interrupción de las operaciones aéreas debido a la rotación de personal a fines de año, se reanudaron los combates de manera intensa, efectuándose ataques aéreos contra las 21°, 25° y 59° Brigadas de la FAPLA. El 6 de febrero, bombarderos Buccaneer del 24 Squadron, escoltados por Mirages F1AZ, volvieron a atacar el puente sobre el río Cuito haciendo uso de armamento guiado.
DE VUELTA EN LUBANGO
El 20 de febrero, un atentado con explosivos perpetrado por la SWAPO remeció la localidad de Oshakati. En represalia, se planificó el ataque contra dos objetivos localizados en las inmediaciones del centro de entrenamiento Tobias Haneko (THTC), próximo a Lubango. Los F1AZ del 1 Squadron se movilizaron durante la noche de Grootfontein a la base aérea de Ondangwa, a fin de reducir la distancia al objetivo incrementando los márgenes de seguridad de sus reservas de combustible. Al día siguiente, a medida que los Mirage efectuaban su ataque, el avión al mando del Mayor Ed Every (F1AZ 245) fue alcanzado por un misil superficie-aire SA-9 mientras completaba su pasada de bombardeo a baja cota, precipitándose a tierra. La operación de búsqueda y rescate posterior confirmó el deceso del piloto.
La presencia permanente de los MiG sobre el campo de batalla se había transformado en un factor de auténtica preocupación para los planificadores militares, obligando a las tropas de tierra que se desplazaba en vehículos a movilizarse casi exclusivamente de noche y limitando el uso de artillería para proveerles apoyo – ya que los fogonazos de los obuses podrían fácilmente atraer a los aviones enemigos. Los aparatos del 1 Squadron recibieron la tarea de demostrar presencia sobre las tropas aliadas a fin de elevar la moral e incrementar el nivel de confianza de los combatientes. Desafortunadamente, los aviones fueron configurados para misiones de ataque a suelo, con bombas y tanques de combustible externos que incrementaban dramáticamente el coeficiente de arrastre y mermaban su desempeño frente a los MiG23 configurados para interceptación y combate aire-aire.
El 25 de febrero, dos de estas misiones desencadenaron en encuentros con los MiG. En la primera ocasión, a medida que la formación de Mirages – liderada por el Mayor Willie van Coppenhagen con los Capitanes Dawid Kleynhans y Reg van Eeden como pilotos de flanco – viraba para enfrentar la amenaza, los MiG inmediatamente rompieron el contacto y retornaron a su base. La segunda oportunidad sorprendió al Teniente Coronel Johan Rankin y a sus compañeros de vuelo, el Mayor Frans Coetzee y el Capitán Trompie Nel, con una advertencia proveniente del control de tierra de que su formación estaba siendo acechada por un grupo de cazas enemigos – que resultaron ser MiG23ML ‘Flogger-G’ con tripulaciones cubanas. El Mayor I.C. du Plessis, ex piloto de Mirage F1AZ, se encontraba monitoreando las comunicaciones radiales del enemigo en el centro de control de guerra electrónica, asistido por dos pilotos chilenos (que traducían los diálogos en español entre los pilotos cubanos) quienes reportaron que los MiG, volando a cota intermedia, habían avistado a los Mirage, que se desplazaban a baja cota sobre los matorrales. A través de la radio, se podía escuchar cómo los pilotos cubanos describían con precisión el camuflaje en tonos de verde y amarillo de los F1 a medida que descendían y maniobraban para colocarse en posición de tiro detrás de los aviones sudafricanos. Rankin ordenó a su formación deshacerse de los tanques auxiliares y, en el momento preciso y a la distancia apropiada, los F1AZ rompieron para enfrentar a sus agresores. Mientras ejecutaba el giro, Rankin observó dos MiG23 pasar raudos por encima de su avión y realizó las maniobras necesarias para posicionarse detrás de los mismos. A pesar de conseguirlo, no pudo cerrar la distancia y acercarse para poder disparar, debido al peso extra que llevaba su avión. En un intento frustrado por llamar la atención de los MiG y obligarlos a virar, Rankin disparó sus misiles y abrió fuego con sus cañones de 30mm contra el líder de la formación, el Capitán Orlando Carbo de la DAFAAR, sin lograr su cometido. Asimismo, observó un misil V3B disparado por su compañero, el Capitán Nel, ser superado por el segundo MiG que, acelerando, se alejaba con facilidad del combate.

Fig.40 – Los encuentros entre los MiG23 y los F1 solían terminar favorablemente para los reactores sudafricanos. Esta imagen muestra claramente un MiG23 angoleño a través del HUD de un F1AZ. Nótese la llama del postquemador a plena potencia detrás del interceptor enemigo
Posteriormente, cuando el encuentro fue analizado en la sesión post-vuelo, se determinó que los pilotos de los MiG avistaban a los aviones sudafricanos observándolos desde arriba y que el patrón de camuflaje de los mismos no eran tan efectivo – el amarillo empleado en el patrón de mimetizado era, probablemente, demasiado claro y llamaba la atención. Como medida de urgencia, Rankin decidió modificarlo y cambiarlo por un tono marrón oscuro. El repintado de los aviones se hizo esa misma noche en el hangar, sin autorización de parte del comando central y con ayuda de los pilotos y el personal de tierra. La decisión tomada por el comandante del 1 Squadron fue respaldada por el General Dennis Earp, jefe supremo de la Fuerza Aérea.
Se instituyó entonces un proyecto para desarrollar un patrón de camuflaje para el F1AZ que pudiese funcionar bien en ambos roles: ataque a suelo e interceptación aire-aire. Un esquema en tonos azules y grises, basado en el de superioridad aérea usado en el F1CZ, con insignias de baja visibilidad, fue aplicado al F1AZ 243, el cual continuó volando misiones de combate como ejemplar único con ese camuflaje particular. Finalmente se optó por un patrón de mimetizado de tres tonos que combinaba los colores marrón, verde y gris. Solo un ejemplar – F1AZ 220 – recibió este camuflaje mientras duraron las operaciones de la guerra de frontera.

Fig.41 – El patrón de camuflaje final aplicado a los F1AZ hasta su retiro fue influenciado en buena cuenta por la experiencia de combate en la Guerra de Frontera
Mientras tanto, en la línea del frente, el estancamiento en la zona de Cuito Cuanavale continuaba. Las fuerzas terrestres de ambos bandos mantenían una tregua incómoda en un frente que se tornó estático a medida que los angoleños conservaban la posición defensiva que les brindaba la seguridad de la meseta de Chambinga y sus atacantes se veían imposibilitados de avanzar sobre el terreno elevado. Para mediados de 1988, los encuentros más importantes se desarrollaban mucho más hacia el este. La 50° División cubana se había desplegado en el sur de Angola, tomando posición al sur de la línea del ferrocarril Namibe-Lubango, iniciando su avance hacia Oncocua. Al mismo tiempo, sus aviones comenzaron a ser detectados por los radares sudafricanos operando tanto de día como de noche, algunos de los cuales llegaron a aproximarse a apenas 30 kilómetros de la frontera al norte de Kaokoland.
El 19 de marzo, durante una misión de ataque nocturno cerca del pueblo de Longa, destinada a desviar la atención del enemigo de la batalla que se libraba en Cuito Cuanavale, el Mirage F1AZ 223, pilotado por el Mayor Willie van Coppenhagen, se estrelló en territorio angoleño debido a un error de navegación inducido por desorientación espacial, producto de la meteorología y condiciones de visibilidad. El avión, volando a tres millas por detrás de su líder de vuelo, el Teniente Coronel Johan Rankin, bajo absoluto silencio radial, impactó contra el terreno, matándose instantáneamente su piloto – la desaparición del Mirage no fue registrada sino hasta el momento en que Rankin tocó tierra en la base aérea de Grootfontein. Fue la última pérdida de un aparato del tipo Mirage F1 durante la Guerra de Frontera.
Durante ese mismo año, las mejoras que se hicieron sumamente necesarias durante el transcurso de la Guerra de Frontera estuvieron por fin disponibles para ser implementadas en la flota de Mirage F1. Modernizados por Grinaker Avitronics, todos los aparatos recibieron un nuevo paquete de autoprotección que incluyó nuevos sistemas de guerra electrónica SPJ-200 CW, así como alertadores de radar pasivo RWS-130 y dispensadores de chaff y flares (que inducían mínima degradación aerodinámica sin afectar la capacidad de carga).Los misiles MATRA R550 Magic recibieron espoletas modificadas por Kentron a fin de incrementar su efectividad – como se demostró en combate, los misiles tendían a detonar en la estela de calor de los aviones enemigos sin provocarles daño. En octubre y como medida paliativa, la SAAF recibió un lote de 50 misiles aire-aire de tercera generación V3S Snake – versión sudafricana del Rafael Python 3 israelí – con genuina capacidad de enganche todo-aspecto, como resultado directo del incidente sufrido por el Mayor Arthur Piercy el año anterior. Asimismo, se introdujeron al servicio nuevos tipos de municiones, tales como la bomba antipista Condib, bombas cluster (dispensadoras de submuniciones), etc. Aunque importantes y necesarias, todas estas mejoras arribaron demasiado tarde como para ser introducidas en forma operacional, debido a que para fines de 1988, la situación de beligerancia en la zona fronteriza llegaba a su fin.
El 22 de septiembre de 1988, los Ministros de Relaciones Exteriores de Sudáfrica, Angola y Cuba lograron un acuerdo que previó el retiro de las fuerzas cubanas de Angola y el inicio del proceso para lograr la independencia de África del Sudoeste bajo supervisión de las Naciones Unidas en el marco de lo estipulado por la Resolución 435 del Consejo de Seguridad.
Para inicios de enero de 1989, entre 3 mil y 4 mil terroristas se encontraban desplegados cerca de la frontera. Las negociaciones trilaterales devinieron en un acuerdo que previno que la SWAPO pudiese continuar con sus operaciones, bajo presión de sus anfitriones angoleños y sus aliados cubanos, quienes querían evitar cualquier situación incómoda que pudiera obligar a los sudafricanos a retractarse.
El comandante del UNTAG, General Prem Chand, arribó el 22 de febrero de 1990 para iniciar el proceso de emancipación de África del Sudoeste supervisado por la ONU, con las primeras fuerzas de paz desplegadas en Windhoek para el 31 del mes. Ante nuevas incursiones perpetradas por terroristas en el mes de abril, en contra de los deseos tanto de angoleños como de cubanos y siendo evidente que las reducidas fuerzas del UNTAG (recortadas por motivos presupuestarios) no serían capaces de enfrentar la amenaza, la ONU solicitó apoyo a Sudáfrica, que redesplegó a los 1,500 efectivos que aún mantenía en Owamboland en apoyo de los 2,000 elementos de la Policía de África del Sudoeste (SWAPOL) en el área y reactivó tres batallones de la Fuerza de Defensa Territorial de África del Sudoeste (SWATF). Para mediados del mes, luego de numerosos enfrentamientos y cuantiosas bajas sufridas por los insurgentes, quedó claro para la SWAPO que la apuesta le había fallado y optó por replegar sus fuerzas, abandonando el territorio de África del Sudoeste para el día 12. Con la amenaza de la SWAPO fuera de escenario, el proceso político continuó; el UNTAG completó su despliegue y Sudáfrica continuó retirando sus fuerzas. La SWATF cesó sus operaciones y la unidad contrainsurgencia (COIN) de la SWAPOL – conocida como Koevoet – fue desmantelada. En noviembre se celebraron elecciones generales en forma pacífica, alcanzando la SWAPO una arrasadora victoria entre los pueblos Owambo, con victorias de los demás partidos en el resto del territorio, obteniendo la mayoría que le permitió llegar al poder. El 21 de marzo de 1990, África del Sudoeste obtuvo su independencia y cambió su nombre por el de República de Namibia y el primer Presidente electo, Samuel Nujoma, asumió el mando. Después de 23 largos años de conflicto, la Guerra de Frontera finalmente había terminado.
Conclusiones
A modo de marco y balance global, se podría trazar las siguientes conclusiones generales respecto del devenir de la llamada Guerra de Frontera:
- Militarmente hablando, el éxito de la campaña corresponde a las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica, en términos de bajas causadas al enemigo (personal y material bélico tanto de la SWAPO/PLAN como de la alianza FAPLA-cubano-soviética) y objetivos alcanzados vs. bajas propias desde el momento mismo en que ingresaron a Angola, conduciendo numerosas operaciones exitosas allende la frontera y alcanzando satisfactoriamente objetivos militares (convencionales) e insurgentes (no convencionales) en territorio angoleño, salvando a la UNITA de la aniquilación segura y, en última instancia, desbaratando los planes de invasión de África del Sudoeste auspiciados por el bloque soviético.
- En el campo político, fue la SWAPO la que consiguió sus objetivos de largo aliento con el proceso que devino en la independencia de Namibia y el retiro de las Fuerzas de Defensa y el mandato de Sudáfrica del territorio de África del Sudoeste. Eventualmente, la SWAPO, derrotada en el campo militar y abandonada a su suerte por sus aliados angoleños, cubanos y soviéticos, consiguió en las urnas lo que nunca pudo por la fuerza de las armas.
- Sin duda alguna, el gran perdedor de toda esta contienda fue la República de Angola. La intervención cubano-soviética (que, por conceptos de asistencia y transferencia de personal y material bélico, alcanzó un estimado de 15 mil millones de dólares para 1988) en Angola no consiguió el objetivo de aplastar definitivamente a la UNITA y fortalecer al gobierno pro-izquierda de Luanda – lucha que continuaría desangrando y desgarrando al país hasta el asesinato del líder rebelde, Jonas Savimbi, en 2002. Por otra parte, el intervencionismo foráneo en la guerra civil angoleña (con Cuba y la URSS apoyando a la FAPLA y la SWAPO y Sudáfrica y las potencias occidentales apoyando a la UNITA) dejaría un saldo de más de medio millón de muertos (tanto directamente en combate como indirectamente en forma de bajas colaterales de la guerra o víctimas de la hambruna y las minas antipersonales) y más de 30 mil millones de dólares en daños a la infraestructura y la economía local para cuando las últimas tropas extranjeras abandonaron el país en 1991. Quizás el efecto geopolítico positivo más relevante fue el fin del proceso de internacionalización comunista, uno de los pilares de la política exterior cubana durante la segunda mitad del SXX, no solamente en el continente africano (con Angola y Etiopía como principales frentes) sino en otras latitudes como Nicaragua, coincidiendo con el colapso de la Unión Soviética – el mismo que eventualmente conllevó a la abolición total de las políticas segregacionistas del apartheid en Sudáfrica en 1992 mediante referéndum,en el cual el 70% de la población blanca, elegible para votar, optó masivamente por poner fin al sistema (que, ante la disolución del bloque soviético y el fin de la amenaza que representaba la internacionalización del comunismo, dejó de tener ‘justificación’ y propósitos prácticos) y a la convocatoria a elecciones libres y universales en 1994, en las cuales Nelson Mandela y el ANC resultaron victoriosos.
- Como es de esperarse, ninguno de los dos bandos externos actuó por desinterés: mientras que Sudáfrica buscaba salvaguardar sus fronteras de constantes incursiones terroristas y apoyar la instauración de un gobierno aliado en Luanda – por tanto asegurando su control e influencia sobre África del Sudoeste – el envío de más de 36 mil tropas cubanas, asesores, pertrechos bélicos y armamento moderno de parte de la isla y sus aliados del bloque comunista respondió a una política intervencionista que debió consolidarse cuando la misión militar cubana se vio involucrada en un conflicto entre sus aliados angoleños y los sudafricanos. La Guerra de Frontera constituyó, en última instancia y como suele ser en estos casos, un conflicto en el cual los bloques geopolítico-ideológicos antagónicos de la época (Oriente y Occidente, comunismo y capitalismo) se enfrentaron a través de terceros en el marco de la Guerra Fría.
Qué duda cabe que sobre este tema en particular, extenso y complejo, podrían escribirse páginas y páginas de resúmenes y conclusiones. Concentrémonos, pues, en aquellas relevantes a la participación del poder aéreo en el conflicto y en forma particular, del sistema de armas Mirage F1.
El F1AZ eventualmente demostró ser una formidable plataforma de ataque, con capacidad para efectuar bombardeos de precisión con armamento no guiado tanto a cotas intermedias como bajas. Es importante recalcar, sin embargo, que dichos logros no fueron gratuitos; como ha sido extensamente expuesto a lo largo de este texto, debido a cuestiones de índole política, el avión fue recibido por la SAAF con muchos de sus subsistemas todavía en etapa de desarrollo y en consecuencia, plagados de problemas de diseño, lo cual impuso una cuota importante de dificultades que debieron ser subsanadas a punta de mucho esfuerzo y con recursos propios; ello trajo como consecuencia no solamente un incremento notable en el desempeño del sistema de armas propiamente tal y en el de sus tripulaciones, sino también un grado importante de destrezas y know-how en el campo técnico tanto para la Fuerza Aérea Sudafricana como para los contratistas de defensa involucrados en los distintos proyectos. A pesar de que el F1AZ podía portar armamento guiado, este estaba restringido al misil aire-superficie Nord AS30 de guía radio-comando, un arma poco popular entre los pilotos por su complejidad de operación (que probó ser difícil aun en el campo de tiro), por lo que la habilidad de poder colocar bombas de caída libre con precisión sobre objetivos pequeños como vehículos o posiciones atrincheradas en tierra resultó vital para el éxito de las operaciones en el sur de Angola. Como paréntesis, vale recordar que a pesar del bloqueo de Naciones Unidas, países como Francia (para quien Sudáfrica, que había adquirido un número considerable de aviones de manufactura gala en el pasado, continuaba siendo un cliente importante) e Israel (cuyos pilotos aportaron valiosas lecciones que contribuyeron a desarrollar tácticas de combate aéreo y con el país apoyando la modernización de los Mirage III sudafricanos) continuaron brindando asistencia militar (a saber, el flujo de repuestos franceses, si bien se ralentizó por las cuestiones previamente expuestas, no se detuvo y permitió la continuidad operacional de los aviones Mirage en Sudáfrica – lo cual demuestra la importancia de mantener alianzas estratégicas sólidas a pesar de la adversidad); sin embargo, todo el trabajo necesario para la modificación de los sistemas de a bordo del F1AZ, incluyendo el ‘desciframiento’ de los códigos y principios algorítmicos de operación de los mismos, debió hacerse de forma autónoma sin asistencia externa (ni siquiera del fabricante) de ningún tipo, lo mismo que el desarrollo autóctono de sistemas ECM/ECCM, dispensadores de chaff y flares, diseño y modificación de armamentos, etc. a partir de las necesidades operacionales y las amenazas que progresivamente surgían en el campo de batalla.
En el mismo orden de cosas, la saturación de defensas antiaéreas enemigas (radares, sistemas SAM y AAA y aeronaves) obligó a los sudafricanos a desarrollar tácticas destinadas a contrarrestar dicha amenaza e incrementar las posibilidades de supervivencia en combate, lo cual conllevó inevitablemente a mayores ajustes en los sistemas de navegación y ataque del aparato – optimizados originalmente para bombardeos a cotas intermedias – y a la planificación cuidadosa de las misiones. Consecuentemente y a pesar de la sofisticación y densidad de medios antiaéreos que aguardaban por ellos constantemente en cada incursión, solo un Mirage F1 se perdió durante toda la campaña debido a acción enemiga (otros aparatos fueron impactados pero retornaron al servicio, prueba de la durabilidad y capacidad de supervivencia del producto francés).
En combate aéreo, los F1 no tuvieron problemas en imponerse ante los más livianos y ágiles MiG21 – con dos derribos confirmados y uno dañado – a pesar de las obvias ventajas de los cazas de fabricación soviética en combates de giros. Es importante en este punto destacar el aporte israelí a la doctrina de combate aéreo de la SAAF; los pilotos israelíes, versados en el arte de la refriega aérea, ya habían desarrollado tácticas para enfrentar exitosamente en sus veloces ‘deltas’ (Dassault Mirage IIICJ Shahak e IAI Nesher) a aviones más aptos para el combate de giros como el MiG21 y el Hawker Hunter producto de los conflictos con sus vecinos árabes en la década de 1960 y 1970, experiencia que fue compartida con los sudafricanos. Incluso luego del arribo del más avanzado MiG23 ‘Flogger’ y a pesar del incidente del 27 de septiembre de 1987 – en el cual un F1CZ fue alcanzado por un misil aire-aire en el único combate aéreo registrado en el cual un avión de la FAPA/DAA-DAFAAR logró impactar a un reactor de la SAAF – y de las dificultades inherentes a la realidad del teatro de operaciones, particularmente en lo referente a la deficiente cobertura de radar y manejo de las reservas de combustible en las etapas finales del conflicto, los pilotos sudafricanos continuaron imponiéndose sobre sus rivales con encuentros que usualmente terminaban en abandono del combate por parte de los pilotos cubanos, que tripulaban los interceptores rusos, con los aviones sudafricanos persiguiéndolos. Esto es aún más notable por cuanto los MiG23 se enfrentaron mayormente no a la variante interceptora F1CZ sino a los F1AZ de ataque, los cuales, aun cargados con bombas (que incrementan el peso considerablemente y el arrastre aerodinámico) y misiles aire-aire mayormente inefectivos (los cuales eran recurrentemente lanzados sin registrar impactos – de hecho ningún AAM sudafricano consiguió un derribo durante la Guerra de Frontera) pudieron ser capaces de maniobrar y colocarse en posición de tiro detrás de los aviones angoleños que, en configuración ‘limpia’ y con significativamente menos arrastre, se limitaban a acelerar y dejar atrás a sus perseguidores.
Comparativamente hablando, tanto el F1 como el MiG23 eran plataformas equivalentes. Ambos habían sido diseñados originalmente como interceptores todo-tiempo más que como cazas dedicados; en velocidad tope (Mach 2.2 para el F1, Mach 2.35 para el MiG), tasa de ascenso (41,930 pies/min para el Mirage, 47,250 pies/min para el ‘Flogger’), techo de servicio (65,600 pies en el caso del avión francés, 60,700 en el caso del soviético) y radio de acción, ambos aparatos eran similares; el desempeño del radar Cyrano IV era comparable en aire-aire al del R23ML Sapfeer III, con la salvedad del radar soviético de tener inferior capacidad look down (discriminación de clutter) que el equipo francés. El MiG23 poseía, sin embargo, un arsenal más sofisticado, particularmente en lo referido a misiles aire-aire infrarrojos de corto alcance y gozaba, para el momento de su ingreso al teatro de operaciones, de numerosas ventajas tales como proximidad a bases aliadas y plena cobertura de radar con base en tierra que, en teoría, debería haber suplido las deficiencias de su propio radar de a bordo en la detección de aviones sudafricanos ingresando a baja cota sobre territorio angoleño. Es destacable notar que aun cuando para la época ninguno de los dos modelos estuvo equipado con sistemas de contramedidas y guerra electrónica efectivos contra misiles radáricos e infrarrojos y a pesar del nivel de sofisticación de los medios antiaéreos comunistas, solo un F1 fuese abatido por las defensas angoleñas mientras que en el mismo lapso de tiempo, varios MiG23 fueron derribados por MANPADS Stinger (proporcionados por la CIA) a manos de las fuerzas de la UNITA. En definitiva, un reconocimiento a la superior preparación, iniciativa y adaptabilidad táctica de los pilotos de la SAAF.
Otra razón del éxito de la SAAF durante la Guerra de Frontera y particularmente del sistema de armas Mirage F1 fue la designación oportuna de comandantes de escuadrón experimentados, con iniciativa y criterio para desarrollar y adaptar las tácticas y doctrinas operacionales a la cambiante situación del conflicto, optimizar los recursos existentes y desarrollar las soluciones técnicas requeridas para el desempeño exitoso de la aviación militar en combate. De igual manera, la interacción e interoperatividad entre escuadrones y también con las fuerzas terrestres a través de un eficiente sistema de comando y control permitió incrementar la efectividad durante las misiones y aprovechar al máximo el material aéreo disponible – que en última instancia, era todo lo que la SAAF tenía para hacer su trabajo; debido al embargo que pesaba sobre el país, la adquisición de aeronaves de reemplazo para mitigar la atrición no representaba una opción viable.
Los niveles de excelencia alcanzados por la Fuerza Aérea Sudafricana en el mantenimiento de sus aeronaves – comparables e incluso superiores a los de fuerzas aéreas altamente profesionales y bien apertrechadas de la OTAN como la RAF, el Fleet Air Arm de la Royal Navy y la USAF – permitieron un elevado nivel de disponibilidad: cada vez que los Mirage F1 fueron requeridos para entrar en acción, respondieron al llamado. Esto es aún más loable considerando, como se ha dicho, las dificultades logísticas que pesaban sobre el flujo normal de repuestos e insumos impuestas por el embargo de Naciones Unidas.
Apéndice – lista de aeronaves de tipo Mirage F1 dañadas y pérdidas de aparatos y tripulaciones durante el periodo 1979-1988
KIA = Killed In Action (muerto en acción) OK = piloto sobrevivió
Aeronave: F1AZ 246 – 1 Squadron Fecha: 15 de febrero de 1979 Ubicación: cerca de Cullinan, proximidades de la base aérea Waterkloof, Sudáfrica Tripulación: Capitán ‘Wassie’ Wasserman (OK) Causa: pérdida total de motor durante ejercicio de combate aéreo contra Mirage F1AZ 246. Primera pérdida de un Mirage F1 en Sudáfrica Atribuido a: falla mecánica Pérdida total Aeronave: F1CZ 200 – 3 Squadron Fecha: 15 de febrero de 1979 Ubicación: cerca de Cullinan, proximidades de la base aérea Waterkloof, Sudáfrica Tripulación: Mayor Chris Brits (KIA) Causa: piloto realiza un pasaje a baja cota sobre el siniestrado F1AZ 246; pierde el control del aparato volando a 15° de alabeo y se precipita a 500 metros del sitio de caída del F1CZ 200. Primera pérdida de un piloto sudafricano de Mirage F1 Atribuido a: error de pilotaje Pérdida total Aeronave: F1AZ 244 – 3 Squadron Fecha: 7 de junio de 1980 Ubicación: cerca de Lubango, Angola Tripulación: Mayor Frans Pretorious (OK) Causa: dañado por explosión cercana de misil tierra-aire SA-3. Avión aterriza con éxito en Ondangwa sin motor. Atribuido a: acción enemiga Recuperado y devuelto al servicio Aeronave: F1AZ 237 – 1 Squadron Fecha: 15 de febrero de 1979 Ubicación: cerca de Lubango, Angola Tripulación: Capitán I.C. du Plessis (OK) Causa: dañado por explosión cercana de misil tierra-aire SA-3. Aeronave se desvía con éxito a Ruacana y aterriza sin el tren de morro. Atribuido a: acción enemiga Recuperado y devuelto al servicio Aeronave: F1CZ 208 – 3 Squadron Fecha: 4 de noviembre de 1980 Ubicación: proximidades de la base aérea Waterkloof, Sudáfrica Tripulación: Capitán Les Bennett (OK) Causa: falla en el piloto automático indujo una posición de ‘nariz arriba’, con el piloto intentando compensar con el bastón de mando y el trim del timón de profundidad, sin éxito. Piloto se eyecta luego de intentar reiteradamente recuperar el control y comprobar que su avión era ingobernable Atribuido a: falla mecánica Pérdida total Aeronave: F1AZ 228 – 1 Squadron Fecha: 13 de marzo de 1984 Ubicación: 5km al oeste de Lydenburg, Sudáfrica Tripulación: Capitán Digby Holdsworth (OK) Causa: errores de navegación producto de condiciones meteorológicas deficientes ocasionaron que el avión se quedase sin combustible. Piloto intentó un aterrizaje de emergencia en un camino desierto; se eyecta antes de tocar tierra Atribuido a: mal clima, error de pilotaje Pérdida total Aeronave: F1CZ 205 – 3 Squadron Fecha: 8 de febrero de 1985 Ubicación: cercanías de la base aérea de Langebaanweg, Sudáfrica Tripulación: Capitán Pierre du Plessis (OK) Causa: incendio de motor durante salida de entrenamiento de combate aéreo disimilar Atribuido a: falla mecánica Recuperado y devuelto al servicio – fuselaje frontal es unido al fuselaje trasero del F1CZ 206; devuelto al servicio Aeronave: F1AZ 222 ‘Criple 2’ – 1 Squadron Fecha: 4 de abril de 1985 Ubicación: base aérea de Hoedspruit, Sudáfrica Tripulación: Mayor Jan Henning (OK) Causa: incendio de motor durante el decolaje para un vuelo de pruebas. Piloto intenta retornar al campo aéreo pero pierde el control durante el aterrizaje. Se eyecta sin novedad Atribuido a: falla mecánica Pérdida total Aeronave: F1AZ 221 – 1 Squadron Fecha: 23 de julio de 1985 Ubicación: base aérea de Hoedspruit, Sudáfrica Tripulación: Capitán Rickus de Beer (OK) Causa: falla en línea de transmisión de combustible ocasiona pérdida total de potencia. Avión sufre daños severos en el tren de aterrizaje al tocar tierra violentamente y derrapa a lo largo del eje de la pista para detenerse en la barrera de seguridad Atribuido a: falla mecánica Pérdida parcial – reparado con partes recuperadas del F1CZ 206; devuelto al servicio Aeronave: F1CZ 215 – 3 Squadron Fecha: 28 de diciembre de 1986 Ubicación: región del Transvaal Oriental, Sudáfrica Tripulación: Capitán John Sinclair (OK) Causa: avión golpea ladera montañosa durante una misión de entrenamiento de navegación a baja cota Atribuido a: error de pilotaje Pérdida total Aeronave: F1CZ 206 – 3 Squadron Fecha: 27 de septiembre de 1987 Ubicación: Tripulación: Mayor Arthur Piercy (OK) Causa: alcanzado por misil aire-aire R60MK ‘Aphid’ disparado por MiG23ML enemigo. Avión dañado logra desviarse a Rundu y aterrizar. Piloto resulta gravemente herido durante el aterrizaje debido a eyección fallida Atribuido a: acción enemiga Pérdida parcial – fuselaje trasero canibalizado y unido al fuselaje frontal del F1CZ 205 Aeronave: F1AZ 245 – 1 Squadron Fecha: 20 de febrero de 1988 Ubicación: cerca de Lubango, Angola Tripulación: Mayor Ed Every (KIA) Causa: alcanzado por batería superficie-aire SA-9 ‘Gaskin’ Atribuido a: acción enemiga Pérdida total Aeronave: F1AZ 223 – 1 Squadron Fecha: 19 de marzo de 1988 Ubicación: Angola Tripulación: Capitán Willie van Coppenhagen (KIA) Causa: impacto contra el suelo durante misión nocturna a baja cota Atribuido a: error de pilotaje Pérdida totalBibliografía consultada
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- FRANCILLON, René / DASSAULT MIRAGE F1 (AEROFAX MINIGRAPH 17) / Aerofax Inc, 1986 / Estados Unidos de Norteamérica
- Serie AVIONES DE GUERRA – EL COMBATE AÉREO HOY N°15 & 43 / Planeta-Agostini, 1986 / España
- JACKSON, Paul / MIRAGE (MODERN COMBAT AIRCRAFT SERIES 23) / Ian Allan Publishing, 1985 / Reino Unido
RECURSOS EN LÍNEA
- Air Combat Information Group (ACIG) – www.acig.org
- International Plastic Modeler’s Society (IPMS) South Africa – www.ipmssa.za.org
- The South African Air Force (extraoficial) – www.saairforce.co.za





















El MPLA, utilizando a las FAPLA, pretendían aniquilar a las fuerzas de la UNITA (FALA)y consideraban que con la Operación “Saludando Octubre”, podrían alcanzar el Cuartel General de Savimbi, en las proximidades de Jamba.
Para lograr el objetivo (las FAPLA) debían forzar el rio Lomba y capturar el poblado de Mavinga.
Para evitar el descalabro, una brigada de las SADF incursionó en territorio angolano más de 200 kilómetros, desde la frontera de Namibia, hasta el río Lomba, para apoyar a las tropas de la UNITA que en esos momentos se retiraban en desbandada.
Las FAPLA resultaron paradas, derrotadas y obligadas a retroceder hacia la márgen oriental de los ríos Cuito y Cuanavale.
Los soviéticos, que eran los asesores de las FAPLA, consideraban que dicha operación sería el final de la UNITA. Nunca contaron con la intervención de la SADF. Error que costó innumerables vidas angolanas.
El régimen de Fidel Castro sabía, que sin la ayuda soviética, sería imposible ganar una guerra totalmente defensiva y que, en momentos de paz,(aparente, antes del inicio de la operación)iniciar una ofensiva hacia el territorio de Namibia sería cosa de necios. Nada justificaría semejante decisión.
Las SADF no se atrevieron a declarar la victoria del río Lomba temerosas de que se incrementaran de las tropas cubanas, antes tomar Cuito Cuanavale.
Los veteranos de la SADF dicen que los días decisivos fueron el 2 y 3 de octubre de 1987. Lo que no dicen es, que ese es el combate del río Lomba y no la Batalla de Cuito Cuanavale.
Nadie es capaz de discutir que las SADF tuvieran mejor preparación y entrenamiento que las FAPLA.
Es imprescindible remarcar que las tropas (aviación incluída) que participaron en el combate del río Lomba, eran totalmente FAPLA, asesoradas por soviéticos. Jamás estuvieron presentes en dicho combate alemanes orientales ni de cualquier otro país del ámbito soviético.
Cuito Cuanavale fue el pretexto, cándidamente ofrecido por los surafricanos, al dictador Fidel Castro, para la creación del Flanco Sur Occidental del Frente Sur (FSOccFS).
EL FSOccFS nada tiene que ver con la defensa de Cuito Cuanavale, aunque Fidel Castro y sus acólitos lo presenten como un “todo incluído”.
La dirección operativa de este flanco se dirigía desde Lubango, hacia Cahama, Tchipa, Ruacaná. Su objetivo consistía en incursionar la profundidad operativa dentro del territorio de Namibia y el aniquilamiento de las bases surafricanas de Groffontein, Ondawa y otras colaterales.
La División de Infantería Motorizada cubana, al mando del General Lorente, formada por diferentes grupos tácticos y Regimientos de tanques con más de 12 meses de permanencia en territorio angolano, fue la encargada de la defensa de Cuito Cuanavale y la protección de las 5 diezmadas brigadas FAPLA.
La División 50, tropas de élite de las Fuerzas Armadas cubanas, al mando del General Enrique Acevedo, comenzaron a avanzar hacia Ruacaná desde finales del mes de diciembre de 1987.
Estuve bajo el fuego de los cañones G-5 y G-6 surafricanos en el mes de marzo de 1988, cuando la pareja de helicópteros, bajo mi mando se encontraba realizando labores de búsqueda, salvamento y rescate a 13 kilómetros del poblado de Cuito Cuanavale, en la carretera que conduce al poblado de Longa. Habían pasado 5 meses desde el 3 de octubre de 1987.
Si el combate del río Lomba resultó una humillación para las FAPLA, en Cuito Cuanavale a las SADF se le partieron los dientes.
Apoderarse de Cuito Cuanavale hubiera significado para las SADF, el aniquilamiento de las 5 brigadas FAPLA, la División de Infantería Motorizada cubana y la apertura del paso hacia la capital provincial del Cuando Cubango. O lo que es igual, una retirada estratégica (por la parte cubano FAPLA) hacia Menongue.
Al final de todo, las SADF tuvieron que retirarse (con el rabo entre las patas) del territorio angolano, las SWAPO obtuvieron la independencia, el régimen del apartheid desaparaeció y los cubanos regresaron a Cuba. Angola continúa gobernada por el MPLA, Cuba se mantiene bajo la tiranía de los hermanos Castro Ruz.
Leeré con detenimiento la utilización de los medios de la Fuerza Aérea surafricana. Lo que he podido apreciar, hasta ahora, es mucha improvisación, falta de profesionalidad y desconocimiento de la técnica de combate. De esa forma jamás hubieran podido tener la supremacía aérea.
Sobre las coclusiones del presente artículo:
. Si una retirada total de los territorios de Angola y Namibia significa una victoria militar para las SADF, Felicidades!
. En el campo político se impone una pregunta: Hubiera sido capaz, la organización SWAPO, de conseguir sus objetivos de largo aliento, de no haber existido la confrontación entre África del Sur y Cuba? No es menos cierto que Namibia los hubiera alcanzado a muy largo plazo.
. Desde mi punto de vista, el perdedor fue el régimen del apartheid, pues desapareció totalmente como sistema. Para desgracia de todos, los gobiernos de Angola y Cuba se mantienen cual tal.
. Debe quedar claro que las fronteras de Africa del Sur nada tenían que ver con las fronteras entre Namibia y Angola. Se encontraban mucho más al sur. De manera que las SADF estaban ocupando un territorio, en el que hacía mucho tiempo se debía haber implementado la Resolución 435 de las Naciones Unidas.
Por más que se diga lo contrario, es evidente la derrota de las Fuerzas Sudafricanas, tal como lo menciona Mario Riva. El régimen del apartheid colapsa y gana el lider Nelson Mandela quien fue precisamente encarcelado por ese mismo régimen racista sudafricano. Los objetivos políticos de los cubanos y angoleños son los que se cumplieron, no los sudafricanos.
Las derrotas debilitan al lado perdedor, como se señaló antes el regimen del apartheid colapsó; mientras el régimen cubano se vió fortalecido; y no sólo eso sino que además adquirió para sus FFAA una valiosísima experiencia en combate aire-aire con cazas reactores y uso de misiles aire-aire. Si a eso le sumamos la victoria de la SWAPO, es bastante evidente del lado de quien estuvo la victoria.
Justificar la existencia de un régimen racista como el apartheid en el comunismo no tiene asidero histórico, ideológico ni político alguno; el régimen se instauró para asegurar la preponderancia de la minoría blanca sobre la extensa mayoría negra en Sudafrica; lo cual no guarda relación de ningún tipo con el comunismo (quien si podía encontrar en el regimen racista neonazi, un enemigo natural contra el cual Castro podía presentarse como el abanderado de la libertad y la lucha de clases).
Lo que si me sorprende es que toda la bibliografía es casi exclusivamente británica y norteamericana, no entiendo como estas dos potencias podían encontrar siquiera justificable defender a un régimen más cercano a la Alemania Nazi de Hitler (contra la que lucharon) q a cualquier democracia occidental.
Por último, el Mirage F1 es claramente superior al MiG-21 debido a la altura de combate, dado que el MiG-21 tiene serios problemas de gobernabilidad a baja cota, mientras que la configuración de ala clásica del Mirage F1 le otorga una ventaja clara. Otra cosa es contra el MiG-23ML, el ala de geometría variable permite al MiG operar a mucha menor velocidad con mayor maniobrabilidad a baja cota y volar en supersónico sin limitaciones ya sea a alta o baja cota; por la sencilla razón que el ala extendida en su angulo mínimo ofrece un ala recta de gran envergadura lo q genera una gran sustentación. Realmente el Mirage F1, poco tenía que hacer contra un caza soberbio (en su época) como el MiG-23; aún así se destaca el hecho que los pilotos sudafricanos pudieran siquiera tener al MiG en el parabrisas, lo cual habla muy bien de su profesionalismo. Pero tal como lo menciona el artículo mismo, los sudafricanos perdieron el control del aire y ello fue el comienzo del fin para las pretensiones sudafricanas en (la despues) Namibia.
Saludos
By around April 1988 “the Battle of Cuito Cuanavale” was over with fatal consequences especially on the “aggressor’s” (i.e. FAPLA/Cuban) side: At least one FAPLA brigade (i.e. 47th Brigade) was effectively annihilated; over 4 500 FAPLA soldiers were decimated; 94 of their tanks were destroyed (or captured and handed over to UNITA); 9 MIG jets were shot down. On the SADF/UNITA side: over 1 000 UNITA soldiers died; 31 SADF soldiers killed; 3 tanks destroyed; 11 armored cars and troop carriers lost; 1 Mirage jet shot down by FAPLA/Cuban forces.
Looking at the figures alone, we already see who “won” and who was “defeated”, but there are some more serious questions to be asked: why is it that no detailed FAPLA/Cuban record of the battle is available? [4]If the FAPLA/Cuban forces won the battle, why is it that they did not capture a single SADF soldier during the entire campaign? [5] Why did the FAPLA/Cubans not capture Mavinga and immediately thereafter advance to destroy UNITA’s Jamba HQ? How on earth was it possible that, after MPLA/UNITA negotiations in the early 1990s, Cuito Cuanavale was on the list of UNITA-controlled towns where central administration needed to be re-established?
My inevitable conclusion is that the alleged battle of Cuito Cuanavale is a military hoax meant to justify an “honourable” Cuban withdrawal from Angola. There was neither a battle for nor a battle of Cuito Cuanavale. What happened is that a FAPLA/Cuban advance to Mavinga was stopped at the Lomba River and the government troops “obliged” to retreat 120 kilometers back to the western side of the Cuito River, after which the SADF destroyed the bridge to make sure FAPLA/Cuban forces won’t be able to cross the river again to the eastern side any time soon – then the SADF left. Moreover, the actual FAPLA/Cuban defeat was a nightmare for Arnaldo Tomas Ochoa Sanchez “El Moro” commander of the Cuban Forces in Angola since November 1987. He complained that he was sent to “a lost war” so that he would be blamed for “the defeat”. [6] And indeed he was. General Ochoa was framed and executed on July 12 1989 following accusations against him by President Fidel Castro of “serious acts of corruption, dishonest use of economic resources, and drug trafficking”. [7] The naked truth is: he was made the scapegoat for the shameful Cuban defeat in Angola that is now sugar-coated and presented to the gullible international public opinion as the “victory of Cuito Cuanavale”.
Algunas respuestas rápidas:
1) Sobre las fuentes: es imposible ser imparcial, pero se puede tratar de ser justo. Yo he tratado de ser justo: el libro de Timothy Stapleton tiene un fuerte ‘bias’ anti-Sudáfrica pre-1994 (y yo diría que en sus capítulos finales plantea una visión demasiado romántica del ANC); el de Edward George es sumamente completo y rico en detalles y conclusiones, pues se nutre y compara fuentes de ambos bandos (incluso de observadores externos).
La propaganda (ojo: propaganda) roja, mejor ni mirarla por higiene mental; durante la investigación para este artículo, tomé contacto con el Mayor (r) de la SAAF Arthur Piercy (sobre quien pueden leer en el texto) a quien le hice el favor de traducir el testimonio del Mayor Alberto Ley Rivas de la DAAFAR, quien aseguraba haberlo derribado y observado su aparato precipitarse a tierra. A menos que estuviese intercambiando epístolas digitales con un fantasma, el testimonio del cubano es inexacto (lo mismo sucede con numerosos derribos en combate aéreo atribuidos a las fuerzas cubanas). Igualmente valioso fue el visto bueno del director del Museo de la SAAF en Swartkop (Pretoria). El libro de Dick Lord es sumamente detallado y generoso respecto de información pormenorizada no solamente sobre los combates en los que participó el sistema de armas francés en el teatro de Angola y África del Sudoeste, sino sobre la vida del Mirage F1 en la SAAF (que es el foco de interés del texto). Así que si me estoy equivocando, al menos lo hago en buena compañía.
2) Aquí nadie está justificando el apartheid, pero cada cosa en su sitio: que el régimen haya caído tiene muy poco o nada que ver con el devenir del conflicto en la Guerra de Frontera. De hecho, para 1988, la mayoría de las leyes segregacionistas en Sudáfrica habían sido derogadas y el impacto del conflicto dentro de las fronteras nacionales fue mínimo. A quien hay que agradecerle en todo caso el fin del apartheid no es a Castro, sino a F.W. de Klerk; eran los blancos los que tenían el poder político, económico y militar y de decidir si el sistema seguía o no. Mandela no sale de la cárcel en 1990 si de Klerk no lo suelta. Y tampoco se presenta como candidato presidencial en 1994 sin el referendum de 1992, en el cual la inmensa mayoría de la población blanca (más del 68%), que hasta ese momento era la única que hasta entonces podía votar y tenía la sartén por el mango, le dice “SI” a continuar con las reformas para terminar definitvamente con el sistema. No fue Cuba, Angola, Fidel Castro, la SWAPO o siquiera el MK (el brazo armado del ANC) el que terminó con el apartheid en Sudáfrica: fue la misma población blanca. Le hubiese costado al país una sangrienta guerra civil y el repudio internacional, pero el sistema podría haber seguido si a la minoría blanca le hubiese dado la gana – felizmente y a Dios gracias, no fue así. F.W. de Klerk es el héroe olvidado del fin del apartheid (el mundo moderno solo recuerda a Mandela; me parece injusto).
El sistema cayó porque tenía que caer, ya para 1990 era absolutamente anacrónico y no tenía ninguna justificación práctica. Por otro lado, la independencia de Namibia, a pesar de todo, estaba dentro de los planes sudafricanos; Sudáfrica cooperó sostenidamente con el UNTAG para lograr una transición e incluso (aun bajo el régimen del apartheid) aportó con material y personal policial militarizado para el mantenimiento de la paz, a solicitud de la ONU, ya que la fuerza de paz comandada por el finlandés Ahtisaari no se daba abasto.
3) Solo la propaganda castrista puede tratar de buscarle un “logro” positivo a la nefasta política de intervencionismo en Angola, que transformó un conflicto focalizado de baja intensidad en una de las guerras convencionales más sangrientas que el continente africano haya visto en el SXX. El que un régimen represor como el cubano se atribuya un logro noble como la caída del apartheid es no solo irónico sino impresentable. La intervención cubana en Angola no comenzó con una intención tan loable como la de terminar con el régimen racista que excluía a las mayorías en Sudáfrica, sino con apuntalar al gobierno marxista de Luanda y acabar con su enemigo ideológico, la UNITA.
Sí, es cierto: el conflicto culminó con la retirada de Sudáfrica de lo que hoy es Namibia y la victoria de la SWAPO en las urnas… mas Angola terminó reducida a escombros, la UNITA continuó existiendo como guerrilla hasta 2002 (y hoy es un partido político) y el gobierno de José Eduardo Dos Santos terminó degenerando en una cleptocracia peor que la de Fulgencio Batista (que precipitó la Revolución Cubana en primer lugar). ¿Donde está la “victoria cubana” ahí? Dos Santos es presidente vitalicio en Angola y va a salir con los pies por delante del cargo. Cuba ha escogido convenientemente olvidar sus campañas en Angola, Honduras y Nicaragua; hasta Bahía de Cochinos y el caso del niño balsero tienen más significado para el régimen cubano hoy que la supuesta “victoria” en Angola.
Lo gracioso es que este mito no sigue siendo promocionado por Cuba – que sabe que salió con el rabo entre las piernas de ahí – sino por los neocomunistas y simpatizantes del régimen de La Habana que residen fuera del paraíso socialista de la isla, pues no me imagino cómo desde Cuba se pueda defender tal cosa fuera de los círculos de poder que tienen acceso a Internet, toda vez que la hora en línea, equivalente a 2 dólares – cuando el salario neto de un neurocirujano no supera los 25 dólares al mes – es impagable para el cubano promedio.
Agradezco las intervenciones y que se tomen el tiempo de leer el texto y comentar, pero el artículo no es sobre el apartheid o el comunismo (que se tocan tangencialmente porque hay que establecer un marco histórico) sino sobre el Mirage F1 sudafricano en la Guerra de Frontera. Así que les voy a pedir a mis lectores de la forma más amable posible que la discusión se circunscriba al tema en cuestión (aviación de combate). De manera que me temo que todo comentario que no guarde relación con aquello no será publicado o en su defecto, borrado.
Respecto del desempeño del Mirage F1 frente a los MiG21 y MiG23 de fabricación soviética:
1) No sé de dónde sale eso de que la ‘gobernabilidad’ del MiG21 a baja cota era “mala”: la experiencia israelí con el MiG21 – del cual Israel obtuvo un ejemplar en agosto del ’66 con la deserción de un piloto egipcio a Israel – demostró la superioridad del caza soviético sobre el Mirage IIICJ ‘Shahak’a cotas bajas e intermedias en aspectos clave como ángulo de ataque (AoA) – ante el cual el MiG soviético no imponía restricción alguna, en tanto que la planta propulsora Atar 9B-3 del Mirage tendía a plantarse debido a compressor stall/surge en high AoA (incluyendo en giros pronunciados) – y combate de giros, si bien el Mirage era más ágil en el plano horizontal. El Mirage F1 era similar en maniobrabilidad al Mirage III, con mejor desempeño en trepada – en ese sentido, sí era claramente superior al MiG21, doblándole en régimen de ascenso. Los enfrentamientos entre Mirage F1 y MiG21 se dieron a cotas intermedias (25-30 mil pies).
2) La FAPA-DAA/DAAFAR tuvo todas las ventajas durante las etapas finales del conflicto; el MiG23 se benefició de la proximidad de los aeródromos a la línea del frente y plena cobertura de radar de tierra para GCI (mejor conciencia situacional, permanencia en estación, etc. etc.).
El artículo señala los alcances de las ventajas del MiG23ML sobre el Mirage F1CZ.
No solo el hecho de que los sudafricanos hubiesen llegado a tener en la mira al MiG23 – lo que es más loable todavía considerando que los aparatos involucrados en encontronazos con los ‘Flogger’ correspondían mayoritariamente a la variante de ataque a suelo (sin radar de exploración) F1AZ y no al interceptor F1CZ – resulta digno de mención, sino que con todos los aviones, SAMs de medio alcance, MANPADS y cañones antiaéreos, las fuerzas comunistas solo llegasen a derribar 1 F1 en combate (abatido no por un MiG23 sino por un SAM) y que en cambio, la FAPA-DAA/DAAFAR perdiera un número significativo de aparatos ante los MANPADS de la UNITA (proporcionados por la CIA) y antiaéreos Oerlikon de 35mm e Ystervark de 20mm de la SADF.
A eso hay que agregarle las severas constricciones en flujo de spares y líneas logísticas deficientes de los sudafricanos (debido al embargo armamentístico de Naciones Unidas) vs. los suministros prácticamente ilimitados provenientes de la URSS y Cuba en lo que a pertrechos bélicos y tecnologías de punta se refiere para el bando opositor.