Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… Perdón, me equivoqué de historia. Dicen que en el mar la vida es más sabrosa, y tal vez fue por eso que me atraen más los buques que los aviones y los submarinos más que los tanques, aunque va a sonar a sancochado, yo creo que en esto hay poco de verso y mucho de tantas otras cosas.
Todo empezó en el año 1974, yo tenía 5 o 6 años de edad cuando a mi padre lo contrata la Southern Perú Cooper Corporation para hacer la ampliación de la refinería de cobre de Ilo, puerto en el departamento de Moquegua donde viví por espacio de dos años, y es ahí donde tuve mi primer contacto con Marina. Vivía en “Los Temporales” en Ciudad Nueva, recuerdo que desde la ventana de la habitación de mis padres se veía la bahía, y cada vez que llegaba un buque de guerra (en esa época las visitas era frecuentes), dedicaba buen tiempo observando la silueta de dichos buques.

Foto: USS Shoveller MSF-382 (http://navy.mil), el cual sirvió en la US Navy entre 1945 y 1960, luego pasaría a la Marina de Guerra del Perú como BAP Diez Canseco, con numero de casco 69.
Un día en 1975, mi padre me comentó que mi padrino (su hermano) estaba llegando a Ilo en un buque de guerra, se trataba de la corbeta Diez Canseco (ex USS Shoveller MSF-382, clase Auk). Mi padre me preguntó si quería subir al buque y feliz le dije que sí. A la mañana siguiente fui al colegio (43507) como todos los días y a la hora de la salida se acercó a mi salón un uniformado, se identificó como el Teniente Mela quien tenía la misión de llevarme al buque. No podía creerlo, habían venido a buscarme a mí para ir al buque en frente de todos mis compañeros de colegio, mi emoción era extrema, pasaban los minutos en cámara lenta y no lo podía creer, para mi esta visita al buque era mejor que tener el juguete que tanto le pediste a Papanoel y que nunca te trajo, finalmente en el buque me encontré con mis padres y hermana (por cierto estaba súper aburrida).
Cuando regresé a Lima, en la mayoría de reuniones familiares se respiraba un ambiente naval, no solo mi padrino era marino, sino otro hermano de mi padre y el esposo de una de sus hermanas lo eran, y mis primos mayores se perfilaban como cadetes navales aunque aun no tuvieran la edad mínima necesaria para serlo. Se pueden imaginar el tipo de juguetes que abundaban en la familia?
En el año 1978, yo tendría 10 años más o menos, otra vez por cortesía de mi padrino recibí la invitación para visitar un buque de la Armada, se trataba del DD-75 BAP García y García, de hecho era un buque más grande que el que visité hacía unos años atrás, y lo mejor de todo era no solo que iba a perder un día de clases en el colegio (tenía que estar en el buque antes de las 8 a.m.), sino que iba a estar en el puente mientras el buque zarpaba desde el muelle de la base naval hasta su ubicación en el fondeadero de la bahía del Callao. La experiencia fue alucinante para mi, en el puente era como la mascota de todos, me contaron historias que habían vivido en el buque, me prestaron prismáticos, me senté en la silla del comandante, y me preguntaron decenas de veces que es lo que quería ser cuando sea grande… La respuesta salió casi por defecto: Marino, aunque ya antes había pasado por este proceso, cuando quería ser bombero por la serie Emergencia (Unidad 51), y luego cuando quise ser astronauta gracias a El Hombre Nuclear.
Crecí con la idea de ser marino y a medida que se acercaba el final de la etapa escolar me iba afirmando en esta idea. En aquel momento ya tenía dos primos que eran flamantes Cadetes en la Escuela Naval del Perú, ambos ingresaron en buenos puestos y ocupaban puestos de privilegio en sus respectivas promociones, tremendo desafío para mí que nunca fui un alumno aplicado en el colegio, luego llegó el momento de comenzar mi preparación para ingresar, y es así que en 1985 mi padrino me presentó con el comandante Calvo Pérez (fundador de la academia), yo estaba en quinto de media en el colegio y llevaría la academia en paralelo.
Creo que no lo he mencionado antes, pero siempre tuve tendencia a distraerme con otras cosas en el momento menos oportuno (mi YO rebelde), la academia tenía una buena metodología, tal vez la mejor de la época, era muy seria en cuanto a los conocimientos que impartían (desde ciencias y humanidades hasta cultura general y actualidad), pero mi YO rebelde prefería atender las travesuras de mis compañeros, vacunar con mi compas al perrito del comandante que nos visitaba un par de veces a la semana, participar en la joda, chequear a la chica que pasaba por el costado del salón para atender el kiosco (no recuerdo si era hija del comandante o la firme de uno de sus hijos), y amenazar públicamente con pasarme a la Grau (otra academia de ese entonces) por cada error que cometían los Calvo Pérez en la pizarra (pocas veces), y no puedo olvidar que en esa época los apagones eran el pan de cada día, cada vez que se iba la luz convertíamos la clase en una pampa. Fue muy divertido.
Decidí complementar mi preparación metiéndome al gimnasio, el Enzo de San Borja estaba de moda, yo estaba seguro que mis “visitas” algo frecuentes al gimnasio y la academia serían la fórmula infalible para conseguir mi objetivo. Sin más, postulé, pasé el examen médico, luego, en las pruebas físicas con las justas hice las 6 barras de rigor, hice un aceptable tiempo en los 100 o 1200 metros planos (ya no recuerdo bien la distancia) y en natación casi no llegué al mínimo aprobatorio. Aún así seguí en carrera, todo listo para el siguiente paso, el examen de conocimientos, fue todo un sufrimiento, miraba a mi alrededor y veía a todos muy concentrados, yo en cambio traté de contestar primero las más fáciles (donde estaba el 2+2?), luego apliqué la metodología del cangrejo, algunas me ligaron y en otras tuve que aplicar “el champú” indiscriminado. Como era de suponer, no ingresé (me revolcaron sin piedad) y sólo me quedó tomar las cosas más concienzudamente, poner el pecho frente a la andanada de sermones de todos los calibres y malas caras que me llovieron y volver a matricularme en la Calvo Pérez.
Ese mismo año (1986) luego de la desagradable experiencia de no haber ingresado todo fue diferente, decidí tomármelo mas en serio y me concentré como nunca en las clases y prácticas de la academia, debo confesar que en este periodo (alrededor de 8 meses) aprendí mucho más que en los 11 años precedentes (colegio), como era de rigor, debía fortalecer esa parte tan importante donde fallé y asegurarme que no volvería a pasar lo mismo la siguiente vez.
1987 fue el año, Dios premió mi esfuerzo e ingresé junto a 190 compañeros, debería decir postulantes pero tengo la certeza que algunos eran realmente “compañeros”, buena parte de los ingresantes eran amigos míos de la academia, en aquella oportunidad ingresamos 131 Aspirantes a comando general, 30 al servicio de guardacostas y 30 a administración.
El 2 de marzo por la mañana fue el día más feliz de nuestras vidas, horas más tarde para muchos (me incluyo en esa lista) fue todo lo contrario, como en el cuento Un día para Recordar de mi amigo y compañero de sección John Mutch, el adoctrinamiento fue un periodo de 30 días intensos, y luego el primer y segundo término con el regimiento, una etapa en mi vida de la cual tengo muchas anécdotas para contar que seguramente serán motivo de nuevos relatos, son momentos inolvidables que guardo con mucho cariño. Resumiré esta etapa adelantando que sólo estuve un año, en realidad todo el año de Aspirante a Cadete Naval (salí efectivamente de la Escuela el 22 de diciembre de 1987), durante la etapa de adoctrinamiento me di cuenta que esto no era lo mío (afloró nuevamente mi YO rebelde), pero decidí prolongarla para que nadie me dijera que no aguanté (nada me irritaba mas), con el tiempo aprendí que el hecho de haber entonado las marchas navales a diario, de haber hecho barra por la escuela, de haber cantado su himno y el de la Marina por supuesto, el haber desfilado en 28 de julio y el 8 de octubre, entre otras cosas se había creado un vinculo tal vez más fuerte que el que me impulsó a postular, es un sentimiento imperecedero como el que se le tiene a muy pocas cosas y que estoy seguro comparto con la mayoría de los que alguna vez vestimos el uniforme blanco con anclas doradas.
Cada 2 de marzo nos reunimos los muchachos que ingresamos en 1987 y recordamos con nostalgia las anécdotas de esta etapa, este año en marzo tuvimos un reencuentro que duró un fin de semana en la Escuela Naval por las bodas de plata (25 años) de haber ingresado a la escuela, fue una experiencia emocionante para cada uno de los presentes, al volver a encontrarnos, al seguir la rutina, al ponernos nuestro uniforme, al despertarse con la diana, al entrar al comedor, al formar en la explanada, al volver a probar el porridge (o porrish), al ducharse con esos 15 segundos de agua tan helada, al cantar las marchas en la formación, al entonar el himno nacional, el himno de la escuela naval, al izar el pabellón nacional, y al ver a los nuevos aspirantes.
Dicen que los verdaderos marinos son los que se graduaron, navegaron, estuvieron en zona de emergencia, en acciones civicas, y probablemente tengan mucha razón en afirmarlo. Algunos se jactan de serlo por vocación, los felicito y ojala mantengan viva esa vocación en cada momento de su vida, priorizando siempre el bien de la tripulación, de la institución o de la nación antes que el bien propio, como lo hizo Grau, digno ejemplo a seguir.
Por mi parte, Basenaval.com me ha dado el privilegio de participar en ejercicios navales internacionales como Unitas, embarcado en una fragata de la armada, tambien poder presenciar el Southern Exchange y el Partnership of the Americas, esto sumado a las experiencias previas son motivos suficientes para sentirme un marino de corazón… Al final ¿Que es más importante?
Es por todo lo anterior que Basenaval.com existe, desde aquí seguiré escribiendo acerca de mi experiencia en la Marina (y espero que otros mas también lo hagan, la invitación siempre está abierta), comentaré o analizaré sobre algunos temas que conozco, siempre agradeciendo la colaboración de amigos actuales y futuros de esta página, trataré de informar y difundir la cultura de defensa (tan olvidada y maltratada en los ultimos años), lo mismo haré con las otras armadas latinoamericanas, porque pienso que el futuro nos integrará indefectiblemente.



Durante uno de mis Caimanes, o mejor dicho en mis viajes destacado a la zona de emergencia, si no me equivoco en el Caimán 22, fui con un grupo de cuatro Comandos Anfibios a la Base contraguerrilla de Lusiana, ceja de selva ayacuchana. En esta ocasión íbamos de seguridad del Comandante a cargo y eventualmente salíamos con las patrullas a misiones de combate o reconocimiento.















