El Mejor Nombre para Nuestro Buque Escuela a Vela

Futuro Buque Escuela de la Marina de Guerra del Perú, BAP Unión.

Muy acertado el nombre “BAP UNIÓN” para el Buque Escuela a Vela que el presidente Humala ¡al fin! Sancionó su construcción en el SIMA Callao.

Unión sudamericana y también como la gloriosa corbeta que luchó invicta en la aciaga guerra del pacífico, que rompió dos veces el bloqueo de toda la flota enemiga sobre el puerto de Arica y que intrépidamente llegó a Punta Arenas y el estrecho de Magallanes en busca de vapores provenientes de Europa con armamento para nuestro rival de entonces, denotando en todo momento habilidades marineras excelsas.

Su mástil por demás, se yergue enhiesto en el patio de entrada al muelle de la Escuela Naval en La Punta.

Su nombre lleva además intrínseca la condición que de haber sido prioritaria en ese entonces, hubiera evitado las consecuencias nefastas que padecimos.

Invoca así mismo, el credo que –en deuda con nuestra lucha independentista- aún debemos hacerlo pleno: “Firme y feliz por la Unión”.

El histórico espíritu naval peruano

Se dice que las comparaciones son odiosas y sin odiosidad alguna, me referiré a hechos históricos concretos, verificables y verificados, tanto por peruanos como por chilenos en el referente histórico naval peruano de contienda más significativo, que está en la guerra del pacífico de 1879.

La bandera de Estados Unidos en el combate naval de Iquique y la bandera Peruana en el Callao

Cuando Grau se aproxima en el Huáscar a Iquique el 21 de Mayo acompañado de la Independencia, el transporte chileno La Mar debiendo huir ante la proximidad de los dos blindados peruanos, recurre a un “estratagema” al que nuestro gran almirante hizo obviamente caso omiso: Enarbolar la bandera de los Estados Unidos. El Cap. De Navío José Valdizán Gamio refiere así este hecho:
“… tuvieron Iquique a la vista entre las 06:30 y 07:00 hrs. del 21 de mayo. Al ser reconocido entre ellos (entre la Esmeralda y la Covadonga) otro barco adicional: el transporte La Mar, éste … izó bandera de los Estados Unidos de Norteamérica, abandonando rápidamente el puerto (Iquique) y arrumbando hacia el sur.”

A pocas horas, el 22 de Mayo en el Callao, encontrándose el grueso de la escuadra chilena: Seis buques –no dos como en Iquique-, los blindados Cochrane y Blanco Encalada, además de el O´Higgins, Chacabuco, Abtao y Magallanes, nuestra cañonera Pilcomayo al mando del Capitán de fragata Carlos Ferreyros, se asomó a indagar en nuestro primer puerto no una sino dos veces, pero manteniendo la bandera peruana en alto, no una extranjera; esta vez la referencia de un chileno citado por Valdizán Gamio en la obra mencionada: “Diario de Rafael Sotomayor… Día 22… La corbeta enemiga Pilcomayo sale a la vista de la Escuadra pero huye luego que uno de los blindados se pone en movimiento. Cuando ya nos ponemos en marcha vuelve la Pilcomayo a la distancia observando la Escuadra, y al fin se retira y desaparece.”

Nunca buque peruano enarboló bandera blanca de rendición.

El 25 de Julio Grau captura al transporte chileno Rímac y en su Informe al General Director General de la Guerra, a bordo del “Huáscar”, al ancla, Julio 25 de 1879, refiere “… Preparábame a hacerle un segundo tiro, cuando el Rímac enarboló en su palo trinquete la bandera blanca: estaba rendido…” . Versión corroborada por el Alférez chileno Guillermo Chamorro en su “Diario de la Guerra del Pacífico, 1879” -presente en el Rímac en esos momentos- de la siguiente manera: El hecho es que la bandera blanca apareció misteriosamente en el palo trinquete… “Misteriosamente” o no, esa bandera nunca apareció en buque de guerra peruano.

Al contrario, el Tte. 2º Jorge Velarde Castañeda como Oficial de Señales y ayudante de órdenes del Comandante Grau en el Huáscar, ofrendó su vida en Iquique cuidando que el Pabellón de Combate del monitor estuviera siempre izado.

En Angamos a las 10:25 A.M, instantes antes que el 3erº comandante del Huáscar Elías Aguirre desapareciera por los aires con la explosión del proyectil enemigo que entró por la torre de mando, el pabellón del buque “… fue arrancado de su asta en el palo mayor por el fuego enemigo y por un momento se creyó que el monitor se había rendido; pero se izó una nueva bandera en el pico de mesana.” .

El Huáscar nunca se rindió: “Al ser abordado, su último (y cuarto) comandante el teniente don Pedro Gárezon, ¡hizo constar que la bandera no se había arriado ”.

Hechos también corroborados por autores chilenos como el comandante de la escuadra chilena D. Galvarino Riveros en los mensajes enviados a su gobierno citados por José Valdizán así: “… hubo un instante en que dejó de verse izada la bandera del Huáscar y se creyó concluido el combate, pero la bandera peruana… volvió a levantarse en la nave enemiga y la lucha continuó ”.

Los sucesores de los mayores héroes
El imperecedero espíritu naval peruano no se mantuvo enarbolado solo por nuestro máximo héroe naval, sino por los tres comandantes del Huáscar que lo sucedieron y demás oficiales de la dotación: Melitón Carbajal que mal herido dejó el comando a Elías Aguirre, muerto luego como se ha referido y Pedro Gárezon. El teniente Diego Ferre´ -ayudante de Grau- murió con él; el teniente Rodríguez murió con la cabeza destrozada; el teniente Enrique Palacios sujetando su mandíbula con alfileres a falta de sutura y con 17 heridas continuó luchando negándose a abandonar el combate y murió por la gravedad de sus heridas poco después de finalizado el combate.

Es cierto que la Esmeralda no izó bandera blanca en Iquique y su comandante exhibiendo encomiable arrojo se inmoló por su patria lanzándose al imposible abordaje del Huáscar, pero acompañado solo del sargento Juan de Dios Aldea, como señala el 2º comandante de la Esmeralda Luis Uribe en su despacho al comandante general de Marina del 29 de Mayo. Fue testigo el tripulante chileno de la Esmeralda el electricista Cabrera Gacitúa, al igual que el nuevo 2º comandante de la corbeta chilena luego de la muerte de don Arturo Prat, D. Francisco Segundo Sánchez en carta que envía a su hermano Carlos el 16 de Junio. Pero las palabras de Cabrera refiriéndose al héroe Arturo Prat son elocuentes: “Con la espada en la mano, ya en la cubierta del monitor Huáscar se le ve todavía mirar a su derecha, tal vez para alentar a los que se suponía que lo siguiesen y caer en seguida herido por una bala en la frente ”.

Entonces vemos al 2º y 3er. comandante de la Esmeralda sucediendo en el mando al máximo héroe chileno sanos y salvos y repartiendo cartas a sus paisanos narrando lo sucedido con su jefe, mientras el 2º y 3er. comandante sucediendo en el mando al máximo héroe peruano, sí siguen el ejemplo de su jefe combatiendo y terminando mal herido uno y muerto hecho pedazos el otro. Aunque es hidalgo reconocer que en la segunda arremetida de Grau sobre la Esmeralda, el Teniente D. Ignacio Serrano con 12 tripulantes, también se lanzó al infructuoso abordaje del Huáscar poniéndose a la altura de la inmolación por su patria de los otros 3 Tenientes peruanos en Angamos, no solo uno: Palacios, Rodríguez y Ferré.

Entonces es clara la superioridad histórica del espíritu naval peruano y sin odios ni resentimientos, este espíritu naval peruano es imperecedero.

Algo de historia y reflexiones para no volver a cometer los mismos errores

Fragata Amazonas (foto: Wikipedia)

¿Sería aceptable que un almirante saque de su puesto a un embajador jefe de misión? ¿O que un ministro diplomático representando al Perú en un país extranjero saque del mando de su nave a un Capitán de Navío? Pues esto último fue lo que sucedió en Londres en 1857 en la fragata Amazonas, nada menos que “la nave de guerra más poderosa que por entonces contaba la república ”al decir del reputado historiador y marino don Jorge Ortiz Sotelo.”

Ignominia debida a la irresponsabilidad –por decir lo menos- del ministro Francisco de Rivero a la cabeza de la legación peruana en el Reino Unido, que se entrometió indebidamente en la sanción aplicada correctamente por el Capitán de Navío don José Boterín como comandante de la Amazonas, ante la falta disciplinaria grave incurrida por los guardiamarinas Aliaga y Rojas quienes, según carta del propio De Rivero a Boterín “sobrepasaron en límites de la licencia que V.S. les concedió para ir al continente”, y a quienes Boterin dio de baja estando la Amazonas cerca de Londres en Blackwall.

Insólitamente De Rivero conmina a Boterin a reponer en la fragata a los indisciplinados guardiamarinas en los siguientes términos : Londres 1,857 Diciembre 8. De Rivero a Boterín: Habiéndoseme presentado los dos guardiamarinas don Juan Aliaga y don Eduardo Rojas, que sobrepasaron en límites de la licencia que V.S. les concedió para ir al continente, los he reconvenido con mucha severidad sobre esa grave falta de disciplina, manifestándoles sin embargo que interpondría mi mediación para con V.S., si en adelante modificaban del todo su conducta dando a bordo el buen ejemplo que corresponde a los jóvenes aspirantes de nuestra marina de guerra. En esta virtud… se servirá V.S. disponer que queden reincorporados en la fragata los expresados guardiamarinas Aliaga y Rojas….

En la conceptuación de De Rivero es a él, un representante diplomático en Londres, a quien corresponde “reconvenir con mucha severidad” a marinos indisciplinados de una nave de guerra en tránsito de retorno al Callao. Es él quien deberá además evaluar si éstos “en adelante modificaban del todo su conducta dando a bordo el buen ejemplo”, es decir, estando la nave sabe Dios en qué latitudes de sus viajes y de hecho ya lejos del Reino Unido, el diplomático representante del Perú en Londres se arroga la potestad de conocer y actuar sobre lo que “más adelante” suceda con el comportamiento de los guardiamarinas…

El Capitán de Navío don José Boterín consecuente con la disciplina militar, en uso de sus facultades como comandante de la nave y con la entereza que corresponde a un oficial competente le contesta a De Rivero lo siguiente: Fragata Amazonas, Blackwall (Londres) 1857. Diciembre 9. Respuesta de Boterín. Por su comunicación fecha de ayer veo claramente que V.S. trata de juzgar y revocar las medidas que he tomado en bien de los intereses nacionales del servicio y de la moral militar, que no se haya en el mejor estado entre nosotros… por consiguiente no es V.S. el que debe juzgar mis procedimientos, ni revocar las medidas que me he visto obligado a tomar… En su consecuencia V.S. me ha puesto en el estrecho caso de decirle que no admitiré a bordo a ninguno de los dados de baja el 16 del mes próximo pasado, bajo ningún título. Ratificando además lo expresado por él a De Rivero en carta del día anterior con las palabras siguientes: “… sin embargo de que tengo por principio el no revocar órdenes ya libradas, porque estas regularmente reaccionan consecuencias perjudiciales al buen servicio de la nación.

En vez de concederse razón al oficial naval comandante de la nave, el estado a más no poder inadmisible de las relaciones cívico – militares permitió y peor aún avaló que se imponga la decisión del ministro diplomático sobre la del Capitán de Navío en un asunto exclusivamente naval, pues De Rivero se dio el lujo de separar del mando de la Amazonas a Boterín: Londres 1857. Diciembre 10. De Rivero a Boterín. Por el último paquete he recibido del Supremo Gobierno y por el órgano del señor general Ministro de Guerra y Marina, amplia autorización e instrucciones para proceder en todo lo relativo a la fragata Amazonas. Entre las facultades que me concede, se halla enumerada la de separar a V.S. del mando de dicha fragata…

A tan solo 22 años del estallido de la guerra del Pacífico semejante barbaridad sucedió como si nada y hace nada más que 14 años don Jorge Ortiz Sotelo en su libro referido cuestiona la injusticia cometida, de la siguiente manera: Primero Rivero y luego el gobierno de Castilla… dispuso que el capitán de corbeta Sanz tomara el mando de la Amazonas. Tal actitud en contra de Boterín merece cierta reflexión, ya que por un lado el ministro Rivero y por otro su propio gobierno desconocían la autoridad que expresamente le había sido conferida en asuntos que atañían directamente a la conservación de la disciplina a bordo. Lo cierto es que se actuó injustamente contra ese pundonoroso jefe de marina…” . Pero Ortiz Sotelo no advierte la gravedad de esta barbaridad fruto del nefasto estado de las relaciones cívico - militares de entonces, de lo que podría inferirse que también la acepta como cosa normal.

Hoy en día ¿algo ha cambiado para mejor? No hay respuesta firme, si no grandes dudas.

En su excelente artículo ¿Navega nuestro Régimen Disciplinario hacia un buen puerto? en Revista de Marina , el Capitán de Fragata Juan Carlos Llosa Pazos llama la atención sobre la necesidad de corregir los vacíos e imprecisiones de la Ley 29131 del Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas de Noviembre del 2,007. En la práctica dice Llosa Pazos “podemos estar yendo a una permanente judicialización del régimen disciplinario, si es que no lo estamos ya… la verticalidad y la celeridad en la imposición de sanciones se están viendo afectadas… ¿qué tiene que hacer un comandante de un buque de guerra o los miembros de una comisión interna de investigación de una unidad o dependencia, lidiando con un abogado o un fiscal por una falta disciplinaria cometida por un miembro de su dotación?

Bach. en Ciencias Administrativas Jorge Ernesto Llosa Montagne

Espíritu Naval imperecedero

BAP Independencia (ex USS Bellatrix, sirvió en la guerra de Corea)

Jorge Ernesto Llosa Montagne | Irrumpió de la nublosa mañana frente a las costas de Talcahuano junto al estruendo de sus salvas de saludo al puerto, la figura tan imponente como majestuosa del buque escuela BAP Independencia en esa visita los primeros años de la década del 60.

En el muchacho peruano de 12 o 13 años que vivía la escena, las cuerdas más internas de su espíritu empezaron a templarse. Él se ubicó luego entre el público cuando su padre –diplomático adscrito a la embajada peruana en Santiago- conformaba ya la comitiva oficial en el estrado para la ceremonia frente al monumento edilicio.
El marcial arribo de los cadetes peruanos a la plaza suscitó palabras de elogio entre el público chileno que el chico peruano advirtió orgulloso. Ya reunido con su padre, el ulular peculiar del saludo al ingreso al buque escuela peruano, avivó su expectativa y ansiosa curiosidad de transitar sus cubiertas e interiores.
Tal fue su afán, que subordinó todo su tiempo y conciencia a tal empeño, no pudiendo “ser habido” por los oficiales encargados por el comandante del buque de traerlo para el almuerzo que empezaba a compartir con su padre.
Solo fue ubicado tras búsqueda más meticulosa para la hora de desembarco. Ya en casa y con los datos obtenidos en las conversaciones con los tripulantes del Independencia –que aún surcaba aguas chilenas- Jorge planteó a sus padres su deseo y decisión de embarcarse como grumete para ir al Callao ipso facto a la pre ESNA.
Permiso denegado.
Pasado un tiempo, el permiso para postular a la Escuela Naval también le fue denegado. Sin este permiso paterno, sin el respaldo económico y estando la mayoría de edad recién en 21 años –al menos en ese entonces era así- ningún muchacho podía pretender postular por su sola cuenta.
Jorge está ahorita tocando ya las puertas de los 60 años de edad y su “espíritu naval” -desencadenado por esa visita al buque escuela BAP “Independencia” – no ha disminuido un ápice a lo largo de toda su vida, como no sucederá en lo que le quede de ella. Dado que la vida le impidió vestir el uniforme, se prende de cuanto pueda relacionarlo a la Marina de Guerra del Perú y agradece que exista el portal virtual “Base Naval”.
Yo hago un llamado a quienes sí han podido vestirlo. Que sean conscientes de la responsabilidad que pesa por ello sobre sus hombros. No solo por ellos mismos, sino como en mi caso, por los que no pudimos ser sus compañeros de armas, aún anhelándolo con el soplo más profundo de nuestra vida. Están representando a una de las instituciones de mayor excelencia y ejemplo de la República del Perú.