Anécdotas de Infantería de Marina: Mi Nombre en una Escuela

Foto: Elkot (forosperu.net)

Ya casi al terminar nuestro destaque en ese Caimán, faltando pocos días para el relevo, el trabajo era más suave, nos poníamos a planificar lo que haríamos al llegar a Lima luego de varios meses sin ver a la familia, algunos ya tenían mujer e hijos y no veían la hora que llegue ese avión Antonov para marcharnos, los Comandos por razones de misionamiento podíamos usar barba y pelo largo, algunas veces hasta vestidos de civil hacíamos reconocimientos, aunque se tornaba difícil pasar desapercibido por el acento capitalino, pero algo disimulábamos.

Llegó el día esperado, por fin cielo azul y avión a la vista, relevo!!!  dijeron al unísono todos con alegría, abordamos la aeronave lo más rápido que pudimos y a esperar esa larga hora que separa Lima de Ayacucho, larga se nos hacía por el tiempo pasado fuera de casa, todos comentando y quedando para que cuando pisen suelo limeño, pasar por un bar y celebrar el retorno sanos y salvos.

Aquella vez me acompañaba un Comando y mejor amigo, José Gavidia (la Gaby para sus amigos).

Veníamos planeando que antes de ir a casa, como el autobús de la Marina nos dejaba en el centro, parar a comprar algunos regalillos para nuestras familias, ok dijimos, así sea.

Por esa época había un supermercado llamado Monterrey, quedaba a un paso de la céntrica Plaza Unión. Siete de la noche, un gentío que entraba y salía de la tienda presuroso, nos recordaba que estaba cerca la navidad, ingresamos al recinto, dejamos las maletas en custodia, en recepción, e ingresamos a buscar los presentes, cada uno se fue por su lado, nos perdimos entre la multitud no sin antes quedar en vernos en la puerta, a más tardar en media hora.

Mirando la sección de juguetes me entretuve unos minutos, ahí también coincidió conmigo Gavidia y nos pusimos a toquetear las cosas, a ver si encontraba algo para mis hermanos menores, de pronto un tipo alto, de barba, vestido con una chaqueta de capucha se nos pone al centro, lo vi raro, nervioso, me pareció un loco, se puso la capucha cubriéndose la cabeza, saco un pañuelo y se tapó medio rostro, nos miramos la Gaby y Yo sin mediar palabras y le prestamos atención disimuladamente, el tipo metió su mano detrás y sacó un arma, apuntó hacia arriba y gritó : Somos del MRTA (movimiento revolucionario Túpac Amaru) todo el mundo a saquear esta tienda. Para esto los Comandos teníamos orden de portar pistolas browning durante el destaque a zonas de emergencia, las mismas que las teníamos ocultas en la cintura, cruzamos miradas de inmediato, levantando los hombros en señal de ¿Qué hacemos?

Tenía al terrorista dándome la espalda y era presa fácil para reducirlo o dispararle, ¿Qué hacer?… Pensé otra vez, decidimos no sé cómo, sin hablar, alejarnos del lugar tan pronto sea posible, que aunque estemos en ventaja, con barba crecida y todo, igual se nos notaba ser militares a kilómetros, por lo tanto éramos un buen objetivo, aparte de no armar un tiroteo entre tanta gente.

Nadie por lo visto quiso saquear, una anciana gritó  “son terroristas” y salieron despavoridos, cogimos nuestras maletas, esperábamos ver a una moto o auto en la puerta esperando al del MRTA pero nada, corrimos a la Plaza Unión y le dijimos al policía de tránsito, identificándonos y contándole lo sucedido, que tome su radio y que pida refuerzos, una vez hecho esto, nos despedimos, tomamos un taxi y adiós.

Al día siguiente en los diarios…  “Asaltan tienda Monterey 15 terroristas del MRTA entre hombres y mujeres”. Testigos cuentan que había gente con armas debajo de sus ropas protegiendo a uno que incitaba al saqueo.

De la que nos salvamos dijimos luego en la Base, tal vez por hacer la del héroe, nos hubiéramos inmolado inútilmente, y le dije a la Gaby ¨Será que no quiero que ninguna escuela de Comandos lleve mi nombre………..por lo menos póstumamente no.

Anécdotas de Infantería de Marina: El Fusil es tu Mujer

Aquel dichoso Caimán (destacamento) iba a ser memorable, un sábado se recibe una misión de reconocimiento, Objetivo: Reunión de posible destacamento terrorista en una iglesia, enmascarando así sus propósitos delictivos, puesto que un lugar sagrado es imposible de asaltar por las armas, por lo menos así pensábamos los que seguimos la religión católica, y eso muy bien lo sabían los de Sendero Luminoso, por eso la idea de usurpar la iglesia para sus reuniones.

El día D era el domingo, se prepara la patrulla, 18 hombres, un enfermero naval más un radio operador, el Comandante decide ir y por ende los cuatro Comandos empezamos a preparar nuestros equipos, empacamos minas Claymore, visores infrarrojos, lanzacohetes y pertrechos, no vaya a ser que ese “Reconocimiento de convierta en Combate“, la hora H: seis de la mañana, el tiempo no estaba a nuestro favor , una lluvia torrencial nos dio la señal de salida, de inmediato sacamos los ponchos porque los sueters negros (chompas) se mojaron en minutos y de las mangas nos colgaban bolsas de agua acumuladas en los codos, así totalmente hechos una sopa emprendimos la tarea, el objetivo era un pueblo a 12 horas de camino.

Si bien el poncho cubre de la lluvia, este imposibilita alguna capacidad de reacción si somos emboscados, por eso apenas pare la lluvia había que guardarlo en el acto, sin embargo, durante el trayecto hicimos un alto para descansar algunos minutos, el barro causaba deslizamientos, caídas y retardaba la misión.

Durante este alto se me acerca el radio operador, el popular Sierra Charlie, era un suboficial especialista en comunicaciones, no era calificado Infante de Marina pero tenía varios años en la Fuerza y se sentía uno más de nosotros, se sienta junto a mí y me susurra al oído, asegurándose que no lo oyera el Comandante Jarrin, me dice:

-    Oye Comando, hace una pausa, respira hondo y prosigue, “se me ha olvidado mi fusil“

-    Qué ??? Le dije, sin levantar la voz, que me estás diciendo??

-    Que me he olvidado el fierro (repitió)

-    No jodas le dije, como es posible??? si te estoy viendo el poncho con una punta hacia delante como todos nosotros??

-    (continuó), es que es un PALO, no es mi fusil, te pido por favor no hagas saber esto a Jarrin, ese loco es capaz de darme de baja, (ya casi me imploraba, a pesar de tener más rango militar que yo).

Bien sabíamos ambos que el Jefe era un hombre demasiado estricto, pegado al reglamento y que aquel “olvido” era castigado hasta con juicio sumario si es posible, en fin, le prometí no hacer notar su cagada y que ruegue que no pare la lluvia, porque al guardar los ponchos ahí sí se iba a notar la ausencia de tremenda arma. Gracias me dijo, cuando pare la lluvia me iré detrás de la columna y trataré de pasar desapercibido, si claro le dije, como que él solo se lo creía.

Oye Sierra Charlie, ruega también que no tengamos que entrar en combate, porque sin fusil “eres hombre muerto” le dije, ok, roguemos al Señor me contestó.

Es esos momentos donde recuerdas a tu Sargento, durante la instrucción, romperte el culo a palos cuando te “olvidas tu arma”, la letra con sangre entra reza el dicho, puedes tener el corazón de un Infante de Marina, porque llevas tiempo trabajando con ellos, porque tienes amigos o simplemente simpatizas, pero para tener el ALMA de un Infante tienes que haber pasado por sus aulas, mejor dicho, haberte ganado ese título en sus arenas, entre penas y alegrías pero con orgullo.

Anécdotas de Infantería de Marina: Las Vacas No Saben Leer

Durante uno de mis Caimanes, o mejor dicho en mis viajes destacado a la zona de emergencia, si no me equivoco en el Caimán 22, fui con un grupo de cuatro Comandos Anfibios a la Base contraguerrilla de Lusiana, ceja de selva ayacuchana. En esta ocasión íbamos de seguridad del Comandante a cargo y eventualmente salíamos con las patrullas a misiones de combate o reconocimiento.

Una de nuestras responsabilidades como fuerzas especiales, era minar el contorno de nuestra Base con trampas caza-bobos desde el ocaso hasta el amanecer, que era el momento de desminar toda el área, esto era, aparte de nuestros centinelas, una manera de protegernos por tantas alertas de ataques de los terroristas de sendero luminoso (así con minúsculas), este campo minado tenía un letrero de advertencia que decía: “Campo Minado PELIGRO, NO INGRESAR”. Esto para disuadir por si alguien osaba romper el hielo o, mejor dicho jodernos la vida.

Cierto día al amanecer, seis de la mañana, con pereza y bostezo, me levanto y me dispongo a desactivar las trampas tal como estaba dispuesto, cuando entre las sombras veo un tremendo ejemplar bovino, pasteando alegremente y sorteando los explosivos con gracia, enseguida di parte al oficial de guardia sobre la novedad y este comentó al Comandante el hecho, a ver que hacíamos con el ilustre invitado; como aquellos días estábamos a régimen obligatorio, comiendo solo menestras y atún el Jefe de la Base no tuvo mejor idea que ordenar el sacrificio del animal y que pasara a manos del cocinero para algarabía del personal.

Dicho esto me ordenan cual torero a que mate al cornudo animal, sin oles, rabos y orejas por ofrecer al respetable, solo atiné a coger mi pistola y darle un certero disparo a una distancia prudencial, por si la pobre vaca embestía contra mí.

El tiro le cayó por el cogote, la vaca movió la cabeza, me miró algo confusa y se puso a espantar las moscas con su rabo, indiferente !!!, pucha me dije, esta ni se despeina!!! Pásame la MGP  (Sub-ametralladora de 9 mm) le dije a un compañero, ya decidido a acabar de una vez con esto, le lancé una ráfaga que corría por todo su cuerpo, la vaca esta vez si me miró con odio, comenzó a respirar con fuerza, sus patas traseras empezaron a rasgar el césped con bravura, y como era de esperar , enfiló hacia mí para darme una cornada vengadora, a correr se ha dicho!!!

Armado el alboroto, todo el mundo corriendo esquivando al animal, pude colocarme detrás, cogerla por las astas y ya sin más remedio le disparé en la nuca, aun así ya inconsciente la vaquita, seguía dando cornadas al aire, a ver si pillaba a alguien, hasta que poco a poco fue cayendo dando su último exhalo de vida.

Ocho de la mañana, un vecino del lugar se presenta reclamando su vaca, primero nos negamos, pero el olor a bistec desbarataba toda argucia, salió el Comandante y le dijo que su animal había infringido la ley, sobrepasando una base militar y poniendo nervioso a los centinelas, además había un letrero que decía bien claro: PELIGRO NO INGRESAR, CAMPO MINADO ….a lo que el dueño de la vaca respondió: pero si las vacas no saben leer!!!

Luego de esto, se hizo una transacción monetaria, y entre tiras y aflojes se llegó a un acuerdo y se le pagó por su “animalito” al campesino, Nunca había comido tanta carne, pasamos quince días de gloria entre caldos de res, bistecs y demás platos que sabrosamente preparaba nuestro cocinero.

Anécdotas de Infantería de Marina: Remembranzas de un personaje pintoresco

Como en toda Unidad militar, hay momentos duros, gratos e ingratos, pero también existen momentos jocosos, algunos “bloopers”, no todo es como dice el lema: Valor, Destreza y Arrojo, en esta ocasión vamos a contar como un Coanf de reconocido liderazgo, excelente jefe de patrulla y buen compañero, tuvo en su paso por la Compañía, unas anécdotas inolvidables.

Aquel invierno de 1987 u 88, la Compañía de Comandos se estaba reconstruyendo, las antiguas instalaciones en las que habitaban los Comandos, entre ellas la famosa “Casa de la bruja” (Hoy el Museo de Infantería de Marina), estaban de por sí muy deterioradas, la brisa del mar había corroído todos los muebles del viejo casino y ni siquiera teníamos un lugar fijo donde dormir, siempre nos asignaban algún rincón del Batallón como cuadras o dormitorios, cansados ya de este peregrinaje por toda la base, mudándonos de un lugar a otro cual gitanos ambulantes.

Quien fuera el Comandante, Don Eduardo Jarrin, se propuso construir nuestras propias cuadras, oficinas, patio de formación y fulbito, entre otras cosas, tal y como una Unidad decente lo mereciera.

Para variar, no había dinero para esas obras, el alto mando naval asignaba partidas de dinero ínfimas, y había que buscarse la vida para sacar adelante semejante empresa.

Manos a la obra, nunca mejor dicho, empezamos a trabajar, se designaron por pelotones las áreas de trabajo, unos recogían arena de la playa, otros salían a comprar ladrillos, cemento, fierros, otros como mi pelotón, éramos encargados de todo el maderámen de las instalaciones, como no había otra opción, se propuso desmantelar el viejo muelle de la base, y así día y noche serrucho en mano fuimos cortando por piezas todo el añorado muelle, luego de esta ardua labor que tomaría un par de meses, se paso a llevar todo lo cortado a las carpinterías de la calle, para su conversión en puertas y ventanas de las actuales oficinas.

Por la noche había que ir a casa del Comandante a rendir cuentas, y esto lo hacían los Comandos albañiles, carpinteros y demás con algún conocimiento de causa, como el Coanf Gonzales Llanos, Federico Pineda, Carlos Guarniz, Rojas Poma, etc. La Unidad no dejaba de entrenar, pero la misión esta vez fue dejar puesta la casa para las futuras generaciones.

Cierta tarde, salimos con el camión llevando muchas maderas al aserradero, el Cmdte. Jarrin no encontraba presupuesto que se adapte al bolsillo, todas les parecía caro, hasta que llegamos a una que más o menos podíamos regatear el precio, la dueña era una chica de aspecto provinciano, por demás coqueta al ver a tres uniformados, como no soltaba prenda en cuanto a precios, Don Eduardo Jarrin me ordena que la corteje, vamos, en buen cristiano me dijo: “Tírate a la chola a ver si nos hace algún descuento”, asombrado solo atine a llenarla de elogios en cuanto a su peinado, resultando más fácil de lo esperado nos hizo un buen descuento.

Proseguimos el camino, y un grumete que llevábamos de ayudante en el camión, había coordinado con sus padres invitarnos un almuerzo en casa, el Cmdte. accedió y enrumbamos al Callao a casa del muchacho, conducía el Comando Julio Rebaza, Jarrin y Yo, cuatro comensales.

El padre del grumete nos da la bienvenida y nos invita asentarnos a la mesa, una vez hechas las presentaciones de rigor, toma la palabra el dueño de casa y pregunta: “Así que mi hijo hace el servicio militar con ustedes no? Usted es su jefe?” Le dice al Cmdte, y este contesta “pues si, su hijo está en una Unidad muy respetada y está construyendo con nosotros lo que será nuestro cuartel general”.

Seguimos degustando el buen ceviche que nos habían puesto y sale otra pregunta: “Y qué clase de Unidad es esa?” pregunta la madre, y el Técnico Rebaza muy orondo responde: “es una Unidad Satélite señora, muy buena”. Al oír esto Jarrin y Yo nos miramos avergonzados y se oyó un puntapié debajo de la mesa, “perdón” dijo Rebaza “quise decir una Unidad Élite”, añadió. El padre extrañado respondió “ah bueno, ya me parecía raro todo esto”.

El buen Julio Rebaza, contaba que día en su casa tuvo un atasco en el baño, tenía que picar las paredes para encontrar el motivo del mismo, corría el tiempo y no se le ocurrió mejor idea que antes que perder el tiempo con el martillo y el cincel, mejor ponía un “pedacito”, solo unos gramos de explosivo plástico, el C-4, para los que conocen de esto, el C4 es un explosivo de alto poder destructivo, que es empleado para cortes de acero, rieles y fortificaciones, bueno, ese pedacito fue colocado a la pared, cebado y detonado… Tremenda explosión y un forado en el que fácil podía pasar una persona a la casa del vecino.

Pasado el susto, las disculpas al vecino, previo pago de albañiles, no le quedó otra que llamar al gasfitero, a que le arreglen ya no el atasco, sino el baño entero.

Al retomar las obras, nuestra casa ya iba tomando forma, Julio Rebaza seguía de conductor del camión, y el resto de los comandos no parábamos de hacer presupuestos, de compras de materiales, interminables tardes tan solo animados por al fin tener algo nuestro, hasta piscina habían pensado hacer!!! todo un lujo, todas las promociones habíamos hecho nuestro pre-scuba o entrenamientos en piscinas ajenas o en el propio mar. Estábamos soñando despiertos con tanta obra inconclusa.

Una vez desmantelado el muelle, hecho los servicios higiénicos, la casa de botes y demás edificaciones, faltaban solo detalles o mejor dicho el acabado, papel y lápiz continuábamos por las calles comprando mayólicas, azulejos, grifería, en uno de esos días nos cogió la hora del almuerzo a la altura del Club de Técnicos y Oficiales de Mar, más conocido como el Dueñas, entonces le propuse al Coanf Rebaza almorzar ahí, puesto que estábamos uniformados y era más seguro y económico, perfecto me dijo, allá vamos.

Ingresamos al restaurante del Club y todo el mundo nos miraba como bichos raros, eran todos marinos, de buque, mas no Infantes de Marina, y el hecho de llevar uniforme camuflado y una Boina Verde siempre llamaba la atención, sin embargo los niños nos miraban con cierta admiración, sin temor nos señalaban con sus dedos, siendo bajados de inmediato por sus padres.

Bueno, dijo Rebaza, pidamos el menú, pero antes unas buenas gaseosas para aplacar esa sed de andar todo el día por la calle, llegó el camarero y nos trajo las bebidas, no sin antes advertír que no las había destapado, lo volví a llamar y Rebaza me dijo, para que lo llamas? El comando “improvisa”, no sabes abrir una botella sin destapador?, pues va a ser que no le dije, eso de abrir sin destapador, lo atribuyo a esos borrachosos que siempre se las ingenian, que usan hasta sus dientes para abrirlas. No, me dijo , tú no sabes, mira, cogió una cuchara, la puso al borde de la chapa y tiró hacia arriba, la chapa saltó hasta el techo, rebotó ahí mismo y fue a parar al plato de sopa de una señora, madre mía !!! dije para mis adentros, la mujer nos miró enfadada y Rebaza muy calmado pidió disculpas y… Metió sus dedos en la sopa, aun negros porque poco antes habíamos cambiado un pinchazo en la llanta, y sacó la chapa pidiendo disculpas y que prosiga disfrutando de su sopa. La mujer perpleja, el marido y los niños nos seguían mirando anonadados.

Creo que terminé ese almuerzo en dos minutos, pretendí no conocer a ese sujeto que se sentaba junto a mí, uniformado como Yo y hablándome de lo más normal de la vida, lo único que quería era que me trague la tierra o salir disparado.

Lejos de toda anécdota pintoresca, agradezco conocer a Julio Rebaza, un gran guerrero y mejor amigo.

Anécdotas en Infantería de Marina: Caimán 17

Basenaval.com (Boris Vera) | Por los años 80, el terrorismo arreciaba en el Perú, ganando terreno al gobierno y asesinando mucha gente inocente en las inhóspitas alturas de la serranía, la policía no daba resultados y no había como hacerle frente a las huestes de la sanguinaria agrupación Sendero Luminoso, el gobierno miró al lado y vio a la Infantería de Marina como su salvavidas.

Es así que se formaron los destacamentos que harían frente en la ya denominada Zona de Emergencia , en el departamento de Ayacucho, estas Unidades de combate serían llamadas “Caimanes”, tanto así que el primer vuelo se llamó Caimán 1, luego el Caimán 2 y así sucesivamente.

Me tocó conformar el Caimán 3, ya habíamos tenido 3 bajas e inaugurado la galería de héroes contemporáneos de nuestra Marina, aun siendo alumno Infante pude oír en el aeropuerto de Ayacucho cuando organizaban las patrullas, una discusión entre Oficiales que se disputaban a los Comandos Anfibios, sobre quien tenía más Coanf en su lista, la conversación era más o menos asi:

(Tte 1) Porque carajo te llevas a dos Coanf y me dejas solo con uno!!!

(Tte 2) Señor, es que en el pueblo al que voy ya hubieron bajas, y los necesito!!!

(Tte 1) No jodas, es una orden y punto!!!

Algo así pude rescatar de esa “conversación”, y Yo me dije, que tanta vaina por un comando que otro???  todos somos Infantes de Marina y peleamos igual, claro, aun era alumno Infante y no sabía lo que era ser uno de ellos, no es que sean mejores o peores, sino que toda la confianza y responsabilidad siempre recaía sobre un Coanf  y eso recién lo pude saber cuándo me convertí en uno de ellos.

Ya luego de tres caimanes como Infante, llegué al Caimán 17 como un Coanf  y me enviaron al pueblo de Luciana, antiguo fundo que luego fue tomado como base contraguerrilla de la Infantería de Marina, el ambiente estaba caliente, era ceja de selva, habíamos dejado las heladas cumbres de los andes en manos del Ejército y ahora a seguir dando pelea a los delincuentes terroristas en la difícil selva ayacuchana.

Una tarde soleada, los integrantes de mi patrulla me comentaron que visitaban a una señora campesina que sabía leer la suerte con hojas de coca, que era muy acertada y que tenía que ir a verla, no crean en cojudeces les dije, eso no es más que una manera de perder el tiempo, al final de tanta insistencia terminé yendo donde la bendita “bruja”.

La lectura de la suerte en hojas de coca es ancestral en el Perú, la practican Chamanes y brujos unos más acertados y otros estafadores, pero esta señora era de las primeras, y bueno, acudí a la cita rodeado de los curiosos Grumetes de mi patrulla a ver que me decía, lo primero acertó con todo mi pasado, faltaba el futuro, eso era lo más atractivo creo Yo, al final quedé preocupado, me dijo que en nuestra base iba a pasar algo feo, algo que no me podía decir y que mejor era dejarlo ahí.

Le insistí, que ya que estaba ahí que me diga de una buena vez que iba a pasar, me dijo que no salga mucho por el pueblo, ni Yo ni el resto de patrullas, es más, me dijo que al día siguiente era más que fijo que algo raro veía entre sus hojas de coca. Le agradecí su tiempo, le dejé una propina y adiós, a seguir con la rutina.

Todos los días salía al pueblo un jeep a la compra del mercado, el camino era de tierra y tomaba 10 o 15 minutos, solo iban cinco Infantes incluido el conductor, al día siguiente de la visita a la “bruja” me nombran a que vaya a la compra, bueno, yo ya me había olvidado del asunto y así lo recordase iba si o si.

Tomé mi fusil y los cuatro demás integrantes de mi patrulla salimos en el vehículo a traer la comida de la base, el trayecto normal como siempre, la gente saludándote por todo el camino, rutina diaria. Al llegar al pueblo (Santa Rosa), estacionamos el jeep y me fui a una farmacia antes del mercado, necesitaba algo para el resfrío, dejé al conductor y uno más en el vehículo y los otros dos muchachos se quedaron en la puerta de la farmacia, cuidándome las espaldas.

Ese momento de preguntar por el fármaco me tomaría pocos segundos, no sé cuantos, pero pocos, igual me distraje, hasta que un niño muy pequeño, me tocó la cintura y me hizo una señal que alguien venia a por Mí, giré mi cabeza tan rápido como pude y vi a un joven, de unos 15 años, con un arma a punto de dispararme por la espalda, Madre mía!!! dije, parece que el joven terrorista al verse descubierto se lleno de nervios, desistió y partió a la carrera, lo seguí apuntándolo con mi fusil y al meterse entre la gente, por evitar herir a inocentes, solo atiné a regresar y buscar a los demás.

Como era de esperarse, los buenos muchachos estaban en la esquina de la farmacia, en una amena conversación con dos muchachas del lugar, y por supuesto, no sabían nada de lo que había estado pasando. Cancelamos la compra en el mercado y fugamos hacia la base antes que nos aniquilen a todos. Sabíamos por inteligencia, que un novato aprendiz de terrorista, se “graduaba” matando a un militar o policía, y esa tarde Yo era el motivo de su fin de curso.

Desde aquel evento tengo un gran dilema, no se si creer en brujas o tal vez sería mejor pensar que el niño que me avisó era mi Ángel de la Guarda.

Anécdotas en Infantería de Marina: El Fatídico Fokker

Basenaval.com (Boris Vera) |  Pasado el sofocón de casi un año en la escuela de Comandos, las actividades dentro de una Unidad Especial eran diferentes, la misma rutina era variable día a día, si hoy saltábamos al mar o tierra desde una aeronave, mañana bucearíamos en el gran océano Pacifico, y pasado subiríamos a la montaña más alta de la sierra, con nieve o sin ella, era un reto diario y una dosis de adrenalina que alimentaba nuestro ego, nos hacía diferentes a los demás y éramos observados en todo momento.

Uno de tantos días programaron un salto de combate, lo haríamos en Ilo, al sur de Lima y desde un avión Fokker, el mismo que al año siguiente (1987) se siniestró y cayó al mar con todo un equipo de futbol, el club Alianza Lima, enlutando al país por esa gran pérdida.

Formados los equipos de salto nos sentamos en la aeronave con dirección al sur, casi una hora de vuelo y ya estábamos inquietos por saltar, mas se sufría en la espera que en el salto mismo, así que cuando el maestro de salto comenzó a dar las órdenes de alistamiento y preparativos de salida nos despertó de aquel letargo tonto que teníamos.

En el avión había un Coanf con su equipo de radio, en constante comunicación con el equipo de tierra, que era otro maestro de salto preparando la zona de lanzamiento, avisando sobre la velocidad y dirección del viento, etc. Ese Comando (el radio operador del avión) era el buen “Llanero” Sánchez Palomino, y todos en el avión lo estuvimos jodiendo en todo el vuelo, fue así que cuando saltó el primer equipo, que eran de solo siete Coanf, todos le decían alguna broma o le recordaban a su madre, dándose valor de esa sui generis manera al momento de salir de la aeronave, mi equipo, el segundo en abandonar la nave, también tenía pensado hacer lo mismo, osea, seguir jodiendo al Llanero.

Pero Yo quise ir más allá y al salir del avión, tenía pensado quitarle la gorra y llevarla conmigo, esta gracia me salió demasiado cara, porque al ser un salto de combate, tenía mi paracaídas, mi fusil, mas una mochila sujetada a mis pies, atada a la cintura con un arnés para que no se me escape al saltar, llegado el momento, dichas las voces de salida ……avión atención, preparar, levantar, enganchar, contar y Yaaaa afuera……

Afuera?  Nada, siendo el segundo hombre de los siete saltando, me quedé enganchado o colgado del avión, que había pasado??? ….. al quitarle la gorra al Llanero, descuidé mi mochila y ésta con la velocidad de la aeronave (unos 220 Km por hora), se atascó entre la puerta lateral del Fokker y Yo, la línea estática o la cinta que haría que se abra mi paracaídas automáticamente, no estaba tensada en su totalidad y eso evitaba la apertura de mi querido velamen, Dios mío!!! dije para mis adentros, los otros que seguían saltando miraban con estupor a uno dando de golpetazos en la panza del avión, en ese instante recordé lo que nos enseñaron en la escuela de paracaidistas, en casos de quedarse colgado, poner mis dos manos sobre el casco en señal que estoy consciente, y que el maestro de salto al darse cuenta me corte la cinta con su puñal, y Yo pueda abrir mi paracaídas de reserva, esperé y esperé …nada !!!

Una total obscuridad, seguida de pequeños destellos de luz, me fueron aclarando la visión, al recobrar la conciencia, me di cuenta de lo que pasaba, el Fokker estaba alejándose, mi paracaídas enrollado casi al máximo, la cuerda, mochila y arnés ausentes, había visto en tan pocos segundos la totalidad de mi vida, luché por desenrollar el velamen, lográndolo a medias, pero ya con una caída mas lenta, sin peligro, pude avistar en tierra una ambulancia corriendo tras mío, asustados todos, por mi culpa, por una broma estúpida.

Una vez en tierra el médico me revisó, no tenia hueso roto alguno, eso sí, una fuerte contusión en la cabeza, gracias a Dios no había perdido el casco.

Anécdotas en Infantería de Marina: Robo Piadoso

Basenaval.com (Boris Vera) | Aquel verano del 82 , siendo alumno de la escuela de Infantería de Marina, cuando no pensaba ni en sueños, ir a probar suerte en la compañía de Comandos Anfibios, teníamos por rutina, en las mañanas, nuestras clases de matemáticas, de lenguaje, de armas y todas las asignaturas inherentes a un Infante, pero antes de estas academias, venía a primera hora los ejercicios físicos, a las 5 de la mañana ya estábamos de pie, listos a correr y fortalecer los músculos aun dormidos por nuestra recién dejada pubertad, puedo asegurar que estábamos hechos unos atletas .

Esta combinación de actividades, no tendría sentido sin que los Sargentos instructores te asignen un puesto de responsabilidad, eso se traducía en mantener limpio tu espacio según lo que te toque. Es así que mientras unos tenían que limpiar los baños, que era lo peor que te podía tocar, no creo necesario describir lo asqueroso que es encargarse todos los días de un inodoro, y si lo hacían mal venia un castigo in situ. Una vez el Sargento Cuadros castigó a los encargados metiéndoles la cabeza al inodoro (lleno de restos fecales para que quede clara la lección), bueno, aparte de los “bañeros”, estaban los encargados de mantener el suelo impecable, reluciente y súper encerado, los limpia cristales, etc.

Mi grupo estaba a cargo de mantener los jardines, estos debían estar regados, con algunas plantas, con su cerca, o sea un modelo de jardín para los ojos del Sargento, teníamos 3 jardines y uno era el mío, el de mi lado pertenecía a mi compañero Ventura y el restante a Yrazabal, como sabrán algunos Infantes antiguos, en aquella época la base Naval de Ancón nunca tenia agua, y si la tenía era por minutos, entonces los “jardineros” sufríamos por no tener los jardines regados como debe ser, y por ende éramos castigados sin salir los fines de semana a nuestras casas, aunque no sé como el de mi costado (Ventura) se las ingeniaba para traer agua a su jardín, que era el único que le había crecido plantas y flores, sin embargo echabas una mirada al lado y veías unos jardines secos, con algunos hierbajos, impresentables del todo.

Ya le habíamos cogido manía a Ventura, y le decíamos que no sea tan pegado a la letra, que diga la misma excusa que nosotros al Sargento (que no había agua), pero nada, no quería tratos. Cierta mañana de inspección, el Sargento Cuadros nos increpó a Yrazabal y a mí, que si al día siguiente nuestros jardines no amanecían regados, con flores y plantas, nos molía el culo a palos, aparte de arrestarnos todo el fin de semana sin salir franco, así de directo fue con nosotros.

Diablos, ahora que hacemos!!! Nos preguntamos, José Luis Arenaza alias “La Vieja”, nos dio una idea, ir fuera de la base, con el pretexto de salir a correr, coger unas plantas de los jardines de las casas del balneario, y resembrarlas en nuestros jardines. Bien pensado!! le dijimos a la “Vieja”, ahora mismo lo hacemos. Salimos a correr con las pico-pala escondidas en una mochila y procedimos a profanar jardines de las casas de los veraneantes, y vaya suerte que tuvimos, en la primera vuelta que dimos, una residencia muy lujosa por cierto, nos ofrecía en su jardín, una imponente palmera, muy verde, llena de vida, medía por lo menos unos 2 metros!!! Ni hablar dijimos, muy grande, el Sargento se dará cuenta y será peor, luego de varias deliberaciones entre los sacrílegos de jardines, decidimos arriesgar y llevarnos la tremenda palmera.

Al día siguiente, 8 de la mañana, el Sargento no pudo ocultar su tremenda sorpresa, lo que era un jardín abandonado, seco e impresentable, ahora lucia con flores, húmedo y con una tremenda palmera. Muy bien carajo!!! No sé como lo han hecho exclamó, pero esto sí que es un jardín, se van inmediatamente a cambiarse y se van franco temprano a sus casas, no podíamos ocultar nuestra alegría, habíamos conseguido pasar la inspección.

Lunes, 8 de la mañana, el Sargento ordena en la formación, que den un paso al frente los que trajeron la palmera y las flores. Que ha pasado? dijimos, otra vez nos van a felicitar? En público?

Que ilusos, lo que sucedía era que el Almirante había recibido las quejas, de unos civiles, mencionando que 4 uniformados les habían robado todo el jardín, y esto no tendría nada de raro, lo que le irritaba mas al Almirante, era que quien lo había llamado por teléfono, era nada menos, que el Secretario General de las Naciones Unidas!!! habíamos robado en la casa de verano de Don Javier Perez de Cuellar, a cargo de la OEA por esos tiempos.

Fácil es imaginar lo que vino después para nosotros, varios fines de semana sin salir y unos cuantos palos rotos en el culo, por eso, si hay “Mentiras piadosas“ no por eso habrá “Robos piadosos”.

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 13: Final)

… Viene de Parte 12

BAND OF BROTHERS
En eso nos convertimos luego de terminar, en una banda de Hermanos, muchachos que soñaron con ser algo diferente, con tomar un riesgo caro para sus objetivos. Sabíamos que no iba a ser nada fácil; como el primer día lo dijeron: “Aquí no se regalan Boinas”, y vaya que lo cumplieron.

Estos somos los 14 que entre penas, alegrías, sangre, sudor y lagrimas vimos la luz al final del túnel.

Sotelo: alias “el loco”; era el mayor de nosotros y supo llevar sobre sus hombros la responsabilidad de ser siempre “el más antiguo”, lo que conllevaba siempre a dar la cara de nuestros actos.

Ortiz: Alias el “Mono” o “Manojo de nervios”; andaba siempre apurado, estudioso y aplicado.

Enrique Arteaga: “El Negro”, porque era de raza negra y eso no lo hacía pasar desapercibido nunca; le ponía humor a los peores momentos y siempre andaba risa y risa.

Jose Gavidia: más conocido como “la Gaby”; buen Coanf y mejor amigo. Era uno de los “arreglados” del grupo.

Jaime Antezana: “El Conejito”; era tan delgado cuando empezamos el curso, que pensábamos que con uniforme y mochila, pesaría 50 kilos (incluso mojado). Nadie hubiera dado un sol si apostaba a culminar la escuela, pero con ganas y huevos nos callo la boca.

David Salinas: “El Cholo”; si no fuera por el tal vez hubiera desistido. Siempre me dio la mano cuando la necesite, por algo era mi Garra.

Javier Vidal: “El Gitano”; también era de los cuidadosos con el estudio, aplicado; andábamos juntos desde la escuela de Infantería.

Alfredo Chiclla: Su silueta asemejaba un ropero, era apodado “Turok”, por una vieja revista de caricaturas de un guerrero indio. Era fuerte y callado (esa vez).

Luis Rebatta: Se autoproclamaba el “Rico Melocoton”; tenia tatuado en el pecho a una Santa milagrosa del tamaño de medio cuerpo, porque el chato no pasaba del 1,60mts. A primera vista parecía un “proscrito” de la era medioeval, esos huidos de la justicia, pero una vez conocerlo era muy gracioso hablar con el por su buena chispa.

Jose Bazalar: “Cebiche”. Le decíamos así por el plato que se prepara en su tierra, Huacho: el cebiche de pato. También un poco serio y agradable como compañero.

Felipe Bazalar: El primo de Cebiche, alias “Cachaco” por su pasado como soldado del ejército; era el chiste de la promoción. Todo le pasaba y nos causaba mucha alegría su presencia, todo un personaje pintoresco.

Bromeábamos con los dos Bazalar cuando les decíamos que habían llegado a Lima sujetados de la mano, asustados de ver tanto tráfico y tantos edificios, como provincianitos advenedizos. Se reían con nosotros, celebrando la ocurrencia.

Julián Lizano: Más conocido como “la Tortuga”, nomas mirarlo ya descubrías el porqué de ese alias; buen tipo Julián.

Ernesto Moreau: “El Negro”; a nadie nunca le escuche pronunciar su apellido como debe ser, en francés (Moro’), a las finales se cansaría de que lo llamen como se escribía, que acepto su nuevo nombre. Un buen nadador, don de mando y buen compañero.

Boris Vera: Me decían “Jatito”, será porque era medio dormilón. Aquí no podría describirme yo mismo, eso lo haría algún compañero mejor que uno, lo que sí puedo decir, es que todos estos 13 compañeros son como hermanos. Los recuerdo a todos exactamente. Si me volverían a ofrecer pasar de nuevo la escuela de Coanf, pondría sola una condición: QUE SEAN LOS 14 MISMOS!!!!

Ahora dime tú que estás leyendo esto:

QUIERES SER COMANDO ANFIBIO?

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 12)

… Viene de Parte 11

EL DIRECTOR DE LA ORQUESTA
Este era el Cmdte. Carlos Trevejo, oficial Infante de Marina. Había seguido el curso de Comandos Anfibios en la Argentina, tenia esta frase: “Primero soy Coanf, luego Infante de Marina”.

No metía las narices en la escuela; dejaba trabajar al staff de instructores con total libertad. Estaba eso si en donde debería, coordinando aviones, submarinos, helicópteros etc., para que nuestra preparación sea de primer nivel.

Se podría decir que entre estos tres Comandantes que tuvo la Unidad: Carlos Trevejo, Cesar Schelje y Eduardo Jarrin, empezó a crecer la Compañía, sin desmerecer aquellos otros que pasaron y también dejaron huella, pero, por lo que yo vi durante esos doce años que duro mi permanencia, doy fe de ello.

Traigo a la mente una frase del Cmdte Shelje: “No somos ni los mejores, ni los peores, somos simplemente diferentes”.

La infra estructura de la Unidad tuvo un progreso enorme en el gobierno del Cmdte. Jarrin. Durante varios meses estuvimos de albañiles, pintores, carpinteros, etc. en todo lo que era necesario para construir “nuestra casa”.

LOS INSTRUCTORES
Don Carlos Guarniz: Jefe de nuestra escuela, de lo mejor que nos pudo tocar, mucha experiencia acumulada y gran criterio para las decisiones. De lo que vi en esa época, entre Don Carlos y Don Pepe Chacón, estaban los mejores Maestros de salto. Sentíamos mucha confianza al saltar bajo sus órdenes, lo hacían todo muy fácil en las aeronaves.

Samuel Puch: Buen instructor, jodido a más no poder, aprendimos navegación terrestre como se debe. Portaba un viejo compas magnético o brújula, donde nos enseñaba a ubicarnos en el terreno, un poco de topografía militar. Ahora los aspirantes a Coanf andan con navegadores por satélite. Como cambian los tiempos….

Gerardo Cárdenas: Parecía nuestro Padre; siempre nos escuchaba y aconsejaba para soportar mejor nuestro paso por la escuela, a veces por tanta bondad le decían “la mama del curso”, pero cuando tenía que joder, nos jodia.

Sus castigos los hacía siempre con una sonrisa o una frase salida de su chispa humorística, ósea, nos sacaba el alma entre risas. Irreverente como el mismo.

Francisco Cortez y Hugo Montalvo: Esta pareja había seguido entrenamiento de Comandos Anfibios en la Argentina, nos enseñaban Reconocimiento Anfibio, de lo mejorcito.

Alfredo Sandon: Hasta ahora escucho sus gritos arreándonos en las carreras. El escuchar solo su timbre de voz causaba molestia. Nos enseño un poco de todo; si no me equivoco, estuvo en la escuela de Rangers de los americanos, y eso nos lo volcó a nosotros.

Gehu Gonzales: Su sola presencia causaba que hiciéramos silencio total, su imagen irradiaba respeto y algo de miedo. Pasamos varias acuatizaciones con él y sin ponernos un dedo encima hacia que nos ahogásemos solos.

Sé que estuvo en el Brasil becado a la escuela de infantería de marina brasileña; de ahí también aprendimos su doctrina.

Carlos Arispe: Que pesado eras “Cholito”. Mientras estuviste con nosotros eras nuestro “enemigo” en casa; aprendimos a soportar el hostigamiento a hostias, muy buen Coanf.

Miguel Lozada, Jorge Curzo Y Fidel Garcia: Este triunvirato llego a nuestra escuela en calidad de instructores justo al terminar su curso de Comandos en el Ejército. Así recién egresados de esa escuela fueron asignados a nuestro curso. Ahí empezamos a sentirnos más miserables de lo que ya éramos. Qué manera de hacernos la vida imposible!

Recuerdo alguna vez habérsenos cruzado por la mente, elucubrando entre todos, un linchamiento a alguno de ellos, porque ya nos tenían hasta las narices de tanto joder.

Al final nos dimos cuenta que todo era parte de este negocio y que nos serviría más adelante en la vida.

Mis respetos a ellos tres también.

Julio Mendoza: Era un atleta, nos sacaba a correr y nos dejaba a media escuela a 500 mts detrás. Claro, aunque estábamos con un físico excelente, no podíamos competir con un Maratonista. Muy tranquilo él, nos enseñaba patrullaje. Muy didacta en sus clases.

Segundo Izquierdo: Más conocido como “Chayo”, era nuestro instructor de explosivos. Según sabemos, lo había estudiado también en la Marina Brasileña, otro que destacaba en sus clases, sobre todo, nunca tuvimos un accidente.

Calixto Quevedo: “El Tio Cali”. Este comando tenía una paciencia para la instrucción que todos salían aprovechando la clase. Nos enseño la Técnica Israelí; venia de seguir el curso con los israelitas y luego nos impartió sus conocimientos de combate urbano, tiro instintivo, selectivo, dominación de inmuebles, aviones, etc.

Le sacamos el máximo provecho a su curso, un tipazo.

Jorge Leturia: Otro buen instructor, egresado también de la escuela de Rangers con los americanos. Tuvo paso por la infantería en Brasil entre otros cursos, nos enseñaba Patrullaje y algunos cursos mas, cuidadoso al detalle con sus clases y llegaba al alumno con facilidad durante sus intervenciones; tenia categoría.

Con Todo este palmares de nuestros instructores no me queda más que decir que era todo un lujo haber sido sus alumnos aquella vez.

… Continúa Parte 13 (Final)

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 11)

… Viene de Parte 10

BIENVENIDO AL CLUB
Pasado el interrogatorio, debimos enrumbar a nuestro Cuartel. De retorno, no hubo mucho hostigamiento y eso nos olía raro, pensábamos que estaban tramando alguna maldad para finalizar el operativo. Esperamos en vano; no hubo emboscada ni tiros al aire, solo caminamos en silencio y ligero, tratando de llegar a la hora que nos habían ordenado.

Al ingresar a la Base estaba la compañía entera formando en sus instalaciones, el Comandante a la cabeza, oímos aplausos y vítores.

“BIENVENIDOS COMANDOS ANFIBIOS!!!!” Es lo que primero que escuchamos, y vaya que era música para nuestros oídos, “Al fin carajo!!!” dijimos al unísono. Ya era hora, el curso que siempre fue de nueve meses, por razones de logística u otras cosas, se había alargado a once, casi un año…

Entre abrazos, hurras y algunas lágrimas logramos lo que empezamos casi 60 aspirantes. En el camino quedaron grandes aspirantes que por razones medicas o simplemente el infortunio no pudieron alcanzar el objetivo. Para ellos también mi reconocimiento sincero, estoy seguro hubieran sido excelentes Comandos anfibios; puedo nombrar a Javier Añazgo, gran compañero, ponía siempre el buen humor ante la adversidad. Estuvo unos días hospitalizado para su mala suerte, y eso le costó continuar la escuela. Hoy descansa en paz en manos del Comando Supremo.

Elvis Arana, gran compañero también, se gano el cariño muy rápido de nosotros. Tuvo que irse en la escuela de Buceo por razones personales y nos quedamos sin su alegría.

Siento no poder nombrar a todos los que se fueron, han pasado 26 años nada menos y eso ya es mucho pedir para esta mente llena de recuerdos y reminiscencias, que a veces traiciona mi memoria.

SOY UN BOINA VERDE!!!
Llego el gran día: ceremonia de entrega de Boinas Verdes a los nuevos graduados. Así decía en la caratula de las tarjetas de invitación.

Ceremonia castrense, nada de invitar a tu Mami, Papi, mujer o perrito, eso si toda la Fuerza de Infantería Marina completa, la Compañía Coanf y las autoridades navales, desde el Ministro hasta el último grumete, banda de músicos y bocaditos al por mayor.

Formamos en línea, nos entregaron las Boinas antes de la ceremonia para que las vallásemos probando. A los menos favorecidos los volvía guapos, y a los más arreglados les daba seriedad. Era tal como los veíamos a los Coanf cuando los veíamos pasar hace once meses atrás. Recuerdo haber ido al baño con todos a los espejos a probarnos la Boina. Nos mirábamos de frente, de lado, del otro lado, sonreíamos, hacíamos gestos ridículos para ver como se nos veía, nos parecía raro, éramos otra persona….Sentíamos poder.

Ya en la propia ceremonia, a una sola voz, nos colocaron las Boinas y al sonido de la banda de músicos, desfilamos a nuestro lugar. Es costumbre que en ese instante todos agarrásemos a los instructores y los llevásemos al mar, a tirarlos como caigan, en muestra de agradecimiento, con ropa y todo. Así lo hicimos entre risas y reclamos posteriores por algún “cariño” extra recibido.

… Continúa Parte 12

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 10)

… Viene de Parte 9

CARIDAD POPULAR
En otra oportunidad de la misma semana del infierno, recuerdo haber pasado por un pueblito. Estaba a mucha altura porque sentíamos la falta de oxigeno. Cruzamos la pequeña plaza de armas y estaban de fiesta, no sé qué celebrarían los lugareños, pero se podía ver a una banda de músicos, borrachos todos, y la gente bailando por las callejuelas.

Al vernos pasar en columna, en fila india, las señoras que estaban en sus casas salieron a ofrecernos agua, fruta y demás alimentos. Es fácil imaginar el aspecto de catorce locos, con el uniforme roto, mojados, rapados y con cinco días sin dormir… eso le daría a esa buena gente un ataque de misericordia para llevarnos algo de beber y comer.

El instructor que supervisaba ese tramo de nuestra misión era Carlos Arispe. Su sola presencia daba miedo, era feo de cojones y hacia el papel de malo, el cual desempeñaba muy bien. Pues bien, Arispe al vernos recibir el apoyo de la gente, de un solo grito nos ordeno que tirásemos el agua y que no probemos alimento alguno. Las señoras murmuraron descalificando la acción y seguro le habrían maldecido por el resto de sus días al “Cholo Arispe”

Este instructor no soportaba otro feo en la Compañía de Comandos. Le decía a nuestro compañero Rebatta, que tampoco había sido favorecido como él, que cada vez que lo vea, tenía que estar con la cara camuflada, o que se la cubra con barro, que iba que hacer lo posible para que no se gradúe. Tenía el desparpajo de decir que él era “Lindo” o guapo.

EL ÚLTIMO SUSPIRO
Todo lo que empieza, acaba. No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Eso es lo que decíamos siempre los alumnos, y así fue.

La luz al final del túnel estaba cerca. Tuvimos una misión por ejecutar y teníamos 2 horas para cumplirla, 20 km por delante.

Ya hasta esa distancia nos parecía cerca, de tanto andar, como así también lo pensaron los instructores seguro, porque nos llenaron  la mochila de ladrillos hasta el borde, aparte de los casi 30 kilos que ya portábamos. El objetivo de cargarnos con sobrepeso, era que llegaba el día de la captura de prisioneros (SERE), por ende, a la hora de la emboscada sería más fácil capturarnos, puesto que por nada del mundo debíamos abandonar el fusil ni el equipaje, eso era un crimen para un alumno comando, lo mismo que dejar a un compañero abandonado, ya sea herido o muerto.

Nos dieron la última  misión, nosotros ya estábamos listos para repeler cualquier ataque de los pelotones Coanf, los que hacían de PLASTRON (hostigamiento). Sabíamos que en el camino iban a saltar los instructores, con granadas y tiros de salva por nosotros.

A pesar de los cinco días de dormir por ratos, teníamos los ojos bien abiertos y los oídos atentos a cualquier ruido sospechoso. Nos juntamos por parejas (garras) y ante el primer intento de captura teníamos un plan de evasión y un punto de reunión establecido.

Sí, claro…esto es un decir, a la hora de la hora caímos como moscas uno por uno, con tremendo peso a la espalda sentíamos los pies de plomo y creo que alguno logro escapar, pero eso no recuerdo quien fue… Por supuesto que ese se salvo del interrogatorio.

Teníamos como cinco Coanf por cada alumno. Hubo repartos de hostias por doquier, patadas, tacles y hasta arañazos, igual quedamos hechos “prisioneros de guerra”.

A mí me capturo el instructor Julio Mendoza. De un empujón fui a dar en una zanja llena de agua y hongos; lo único que recuerdo es que me dijo: “Ya está, no pongas resistencia, esto es lo último…” Acepte mi condición y en un minuto ya estaba atado de pies y manos subido a la parte de atrás del camión, encima de los otros 12 compañeros, en silencio, esperando llegar al matadero.

Ya en una casucha improvisada, habían acondicionado unas sogas atadas a una viga sobre el techo, esto para colgarnos de cabeza a todos, o de los brazos, según el ánimo del interrogador.

Fui a dar al piso, estábamos los 14 apilados uno sobre otro, como cuando un equipo mete un gol, y de la algarabía se tiran unos a otros, pues de la misma manera nos encontrábamos. Lo que más me llamo la atención, es que mi nariz daba justo en el culo de alguien con calzoncillos rojos. Estábamos semi-desnudos todos, sin bañarnos cinco días y olíamos a diablos, pero ese trasero me estaba matando con su humor. Luego cuando me sacaron la capucha, pude ver quién era el dueño de ese calzoncillo: el “conejo” Jaime, nada menos.

Como siempre la consigna cuando eres prisionero: solo debes decir tu “grado y nombre”, el resto de preguntas las evades, te callas o te haces el loco. Yo opte’ por lo último, la quise pegar de tonto y en un par de minutos ya tenía unas buenas hematomas, algo de corriente eléctrica por el cuerpo, entre otras cosas.

Me negué todo lo que pude hasta que se cansaron de mí. Me tiraron de nuevo a la habitación contigua con el resto de compañeros y pude exhalar un suspiro de tranquilidad…

… Continúa Parte 11

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 9)

… Viene de Parte 8

HISTRIONISMO AL LÍMITE
Ya casi en la última semana del curso había un operativo llamado la “Semana del Infierno”. Es el último obstáculo a superar para los aspirantes, pero como lo dice su nombre, esa semana es vivir el averno mismo. Según la programación, debíamos salir de la base de Ancón, caminando repletos de equipaje, hacia la sierra de Lima, pasando por la ciudad de Canta y demás pueblos aledaños. Se iniciaría un lunes para terminar viernes. Tendríamos que hacer algo más de 40 km diarios en marcha forzada mas el hostigamiento de los instructores, apoyados por un pelotón de Comandos Anfibios que serian nuestros “enemigos” durante todo el periplo.

La cosa no parecía un camping ni un paseíllo de niños exploradores, era una semana de dormir 2 horas diarias, de caminar casi dormidos y sufrir emboscadas en cualquier momento. Y si te dejabas capturar, pasarías el resto de los días en calidad de prisionero de guerra.

Veníamos de caminar tres días sin parar, (recuerdo hasta haber soñado por unos segundos mientras lo hacía), recibiendo misiones de combate cada vez que llegábamos a un objetivo, los que a veces por llegar tan puntual y cumplirlo, obligaba a los instructores a retrasar el próximo haciéndonos cargar heridos que no existían. Nombraban al más subido de peso de nuestro curso y teníamos que transportarlo sobre los hombros hasta el objetivo, lo que por supuesto, ya con peso extra, llegábamos tarde a la misión y era motivo de castigos adicionales.

En una de esas marchas protestamos al brigadier de nuestro curso (que era uno de nosotros) que ya era hora de parar y descansar unos minutos. Este se negaba a hacerlo puesto que se retrasaba la misión y le costaría algunos puntos en la calificación. El instructor que caminaba como observador con nosotros veía la discusión y esperaba a que lo solucionemos. Como nunca hubo un acuerdo, entre murmullos y quejas, alguien tuvo la idea de que uno de nosotros se haga el desmayado, el deshidratado, y se tire al suelo y espere atención medica por el enfermero de turno. De esa manera conseguiríamos fácil media hora de descanso.

Como nadie se decidía, me sugirieron que sea yo el que haga el teatro. “Bueno,” simplemente dije. Acepte el papel y me deje caer al suelo de espaldas, ya que estaba protegido por la mochila, porque si lo hacía de bruces me podía haber roto el alma.

“Enfermero!!!” “Enfermero!!!” Gritaron mis compañeros, “Hay uno que se ha desmayado!!!” Y nada, no se detenía la patrulla. El Negro Moreau, mi compañero, tuvo que hacer varios disparos al aire. Fue recién entonces que ordenaron detener la marcha. Corrió el sanitario, me tomo el pulso, abrió mis parpados y exclamo: “Hay que proporcionarle suero, intravenoso de inmediato.”

“Qué?” Dije yo, “Ahora sí que nos van a descubrir. Tendría que seguir con el show mientras me buscan la vena y eso ya es bastante.” No sé si el enfermero se tragaría el cuento o lo hacía para joderme por hacerlo trabajar, la cosa que no encontraba mi vena. Me clavaron como cinco veces, no podía ni pestañear o lo echaba a perder todo, hasta que por fin encontró una vena y pudo suminístrame el bendito suero.

La escuelita estaba en silencio mientras yo seguía “inconsciente” en el suelo. Descansaban, aprovechaban a dormir y algunos hasta agradecerían mi inmolación.

DESCANSO ETERNO
Una fría noche, extenuados de tantas emboscadas, de andar con los ojos cerrados, caminando de memoria por los senderos y trochas, había mucha niebla de por medio y no veíamos mas allá de nuestras propias narices. Viendo que era en vano seguir avanzando así en esas condiciones, el jefe de patrulla de turno ordeno detenernos y descansar un rato hasta que se despeje la niebla un poco.

Caímos como sacos de plomo al suelo. Todos nos sorprendimos de encontrar cada uno un muro donde apoyarnos; colgamos las mochilas y pudimos dormir algunos minutos. Paso media hora y sin que nadie nos despierte a tiros o granadas, se fue aclarando el panorama, acompañados del rocío matutino. Fuimos refregándonos los ojos, despertando de esos largos 30 minutos; era el amanecer en ese lugar lleno de muros. El frio mañanero nos había tocado diana, lo curioso que nos sucedió, era que una vez esfumada la niebla, el lugar lleno de muros era un cementerio! Habíamos pernoctado en las frías lapidas sin notarlo. Pasado esto y ante las bajas temperaturas nos subimos a los nichos que estaban vacios y decidimos dormir otro rato mas, ahí dentro para no sentir más frio.

Se siente extraño estar en un nicho “vivo”, lo único que queríamos era cubrirnos de los vientos helados y lo demás ya no nos importaba.

… Continúa Parte 10

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 8)

… Viene de Parte 7

FESTIN CARNIVORO
Entre los ejercicios que debíamos pasar en este operativo de Tumbes, también había que pasar una pista de obstáculos con siluetas por el camino. A escondidas, teníamos que preparar cargas explosivas al minuto y lanzarlas a un montículo de arena, había que pasar zanjas que flameaban fuego desde abajo y una serie de problemas antes de llegar al final y enviar un mensaje por radio, que previamente lo habíamos recibido y debíamos retransmitirlo, lo que después de tantos obstáculos terminábamos emitiendo la mitad del mensaje con diversos errores… Todo esto además disparando ante blancos móviles y todo el camino siendo hostigado por los instructores.

Al final del pasaje de estos obstáculos, llegamos los trece del patíbulo, más la perrita que cargaba sobre sus espaldas Rebatta. Los instructores hicieron la crítica del evento y nos ordenaron formar un circulo, diciendo que la “comando #14”, ósea la perrita, había sido descubierta como una “espía” y que había que eliminarla sin compasión, de inmediato.

Nos miramos incrédulos por semejante excusa del espionaje por un animal, para que matemos a la perra y la hagamos pedacitos. Ni modo, dijimos, así es la vida. En el fondo nos daba pena la perra, había estado casi los quince días con nosotros, ya ni siquiera había que atarla, nos seguía donde íbamos, inclusive saltaba en brazos de su garra Rebatta desde el helicóptero. Le habíamos agarrado cariño. Bueno, tristezas afuera y a cumplir la orden, que venga la perra….En ese instante uno de los instructores saco de una mochila un gato, que fue nombrado “enemigo” en ese momento por ellos. “Espía ecuatoriano,” dijeron, así que a esos dos intrusos había que darles su merecido.

Los instructores querían ver en la boca de cada aspirante a COANF un pedazo de perra o gato, de modo que había que repartirse las presas. Preguntaron si había un voluntario que quisiera clavar primero el puñal al gato. De pronto salió mi Garra (Salinas), cual rayo y cogió al gato y le clavo el puñal en la panza. El felino dio un chillido y le clavo las 20 uñas en el brazo desgarrándole la piel. A Salinas se le quito las ganas de demostrar valor in extremis y sacudió el brazo como un loco para zafarse del mal herido animal. Esta escena era observada por todos los instructores y para ellos no era suficiente esa demostración. A mi Garra que era terco defendiendo sus ideas, tampoco le pareció suficiente. Cogió de nuevo al gato, mordió sus patas, le arranco un buen pedazo y de un grito me ofreció lo que quedaba del felino para que yo hiciera lo mismo: “TOMA GARRA COME!!!!” me dijo, y yo que en esos momentos que tenia asco hasta de mi propia saliva, lo mire, me hice el loco y lo deje con la mano estirada, con su pedazo de gato esperándome…

Le ofreció a otro compañero y le hicieron lo mismo. No le quedo remedio que terminarse de comer el gatito él solo. Los instructores se tapaban la boca para evitar cagarse de la risa; no podían reírse a boca tendida, porque supuestamente ese acto del buen Cholito Salinas era para demostrar que no sentía asco por la carne cruda, por no sentir compasión y eliminar a un compañero si era descubierto “espía”. Esto le atribuía un buen puntaje en ese ejercicio, bien ganado por supuesto.

Al terminar el día, cada alumno supo vencer lo que es el asco. A mí me tocaron las hediondas tripas del gato, que era lo único que sobraba del pobre, suerte para los otros que les toco otros trozos de carne. Aunque a muchos no le hacía mucha gracia y se podía apreciar gestos de un asco invencible.

… Continúa Parte 9

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 7)

… Viene de parte 6

BUFANDA DE PIEL
En uno de esos días que solíamos patrullar por la agreste selva tumbesina, encontramos un zorro muerto. El instructor Jorge Curzo que acompañaba el desplazamiento ordeno que guarden ese animal muerto por que le gustaba la piel. “Sí, claro,” dijimos nosotros, quien va a querer cargar con esa porquería. Nos hicimos los tontos, lo tiramos por ahí al animal, y seguimos caminando.

Al regresar por el mismo camino luego de tres días, Curzo vio de nuevo al zorro muerto y nos recrimino porque no le habíamos guardado la piel como nos había dicho. No supimos que decir y con cara de cojudos bajamos la cabeza.

La cosa no quedo ahí. Jorge Curzo ordeno que el resto del camino llevásemos al zorro pestífero como bufanda, en el cuello, y había que rotar cada cierto tiempo. Como siempre, me toco primero el turno. Me puse el zorro al cuello y a los pocos segundos de portarlo, aparte del hedor. Sentí como si algo me picara por la espalda, así que me saque el animal para ver qué pasaba y……estaba en completo estado de putrefacción y lo que me picaba eran las miles de hormigas que salían de su panza. El zorro voló por los aires de inmediato, y el instructor que le gustaba hinchar las pelotas, ordeno que nos lo pongamos de bufanda, ya luego de un rato lo tiramos por el camino de nuevo porque ya era insoportable.

REGRESAN LOS FANTASMAS
Teníamos ya dos días sin salir de los pantanos, caminando todo el día, picoteados por toda clase de insectos, con erupciones en la piel de tanto rascarnos, cargados con mochilas, sogas, armas ligeras, ametralladoras, radios en la espalda y no parábamos, la brújula nos indicaba el rumbo, pero no había hora de llegar.

Se me cruzo por la cabeza de nuevo de mandar a rodar todo. Lo pensé y me fui retrasando adrede de la columna para quedarme solo en algún lugar de la selva tumbesina, descansar y regresar luego a la base, y así fue. Salí del pantano, me eche a nadar con todo el equipaje entre las ramas y fui recogido por unos pescadores que pasaban por el estero (parece un  rio, pero es una saliente del mar). Me llevaron amablemente a una casa donde criaban langostinos. Me ofrecieron comida, agua caliente y una cama para dormir. Imagino que mi aspecto denotaba compasión por el prójimo y me dieron lo mejor que tenían.

Al siguiente día muy temprano como a las 5am, decidí regresar a la base. Pensaba en el gran problema que estaría causando al figurar como desaparecido. Me estarían buscando por todos lados. Camine varias horas y llegue a dar con un puesto fronterizo de la policía, una pequeña garita que era resguardada por un solo hombre. “Hey!” me dijo el policía, “No serás tu el que andan buscando?”

“Pues sí,” le dije, “Que ha pasado?”

“Te están buscando tu gente y a ver si regresas de una vez.”

“Bueno,” le respondí, “Pero antes me voy a sentar acá afuera que vengo de cinco horas de caminata.”

Pero para variar, me quede dormido de nuevo, tirado en el piso pareciéndome a un indigente, con el uniforme roto, mojado y con barba crecida.

Me desperté de aquel profundo sueño con un par de patadas en el pecho. Me habían encontrado los instructores…

“Acá estas maldito, te andamos buscando desde anoche,” exclamo el jefe de nuestra escuela, Carlos Guarniz.

Cuando quise reaccionar ya tenía 3 hombres sobre mi atándome con una cuerda. Fui conducido a la base y como mis compañeros ya habían pasado toda la noche en calidad de prisioneros, pues era mi turno de ponerme al día en ese ejercicio. Lo llamaban S.E.R.E (supervivencia, evasión, resistencia y escape), y consistía en no dejarse atrapar, de ninguna manera. Si en su defecto eras capturado, deberías soportar a cuanta tortura física seas expuesto, sin revelar planes de guerra, mapas de tus posición, etc. Solo podías decir tu grado y nombre. Era válido para los instructores si lograbas fugar, solo de esa manera te salvabas del interrogatorio, por el simple hecho de demostrar arrojo y valor para el escape.

Puesto que esta vez, el campo de prisioneros lo pasaría yo solo, porque mis compañeros estaban ya descansando luego de ser interrogados toda la noche. Tuve en exclusiva al total del Staff de instructores para que me interroguen uno a uno. En pocas palabras, las posibilidades de evasión y escape eran casi nulas.

Entre golpes y pequeñas descargas de electricidad en los testículos, (que los instructores se las habían ingeniado para generar descargas al poner alambres en la radio de comunicaciones que cargábamos en la espalda), me negué a delatar mi posición y a todos los datos que me pedían los instructores, que hacían del enemigo interrogándome.

No sé cuantas horas pasarían desde que me hicieron prisionero, lo que si se es que al finalizar el día me soltaron y ordenaron a que me vaya a mi carpa, la que compartía con mi Garra Salinas. Llegue caminando a medias, y quede tirado en la arena cual perro lamiendo mis heridas, con mi Garra dándome de beber un poco de agua de su cantimplora….

… Continúa Parte 8

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 6)

… Viene de Parte 5

LAS PAREJAS
Al comienzo del curso nos habían separado por parejas. Esta pareja asignada estaba bajo tu cuidado, protección y la misma consigna la tenia tu compañero para contigo. En pocas palabras esa pareja iba contigo hasta el baño, y debíamos convivir todos los meses que dure la escuela con ese compañero.

Los instructores a esa pareja la llamaban “Garra”, tal vez porque “pareja” sonaba a amorío homosexual

A mí me toco por suerte uno que era muy hábil e inteligente. Se llamaba David Salinas. No sé si él pensaba lo mismo de mi; tal vez pensaría que le había tocado un lastre, porque en la escuela de infantería yo no había destacado mucho, había pasado casi desapercibido. A Salinas le decíamos “Cholo” y eso no le preocupaba. Pensábamos que tenia corona porque no le cortaban el pelo tan rapado como a nosotros; había hablado con los instructores para evitar su corte de pelo, hasta que un día nos dimos cuenta que si tenía “corona” y era que se estaba quedando calvo, de ahí su preocupación por la caída en ráfaga del cabello.

TOUR A LA SELVA
En la programación estaba escrito que debíamos ir a Iquitos, a la Amazonia, a practicar lo aprendido en Lima: la supervivencia, el patrullaje en zonas agrestes, cruzar los ríos a nado con equipo completo, etc.

Llegamos a Iquitos y 40 grados de temperatura nos recibieron al instante. Enrumbamos a la base naval de Nanay, que estaba situada a orillas del rio del mismo nombre. Ahí con otro tipo de clima, (calor extremo, insectos por doquier, musarañas por todos lados, alimañas que te podías encontrar en cualquier momento…) pasamos quince largos días, en condiciones que ya pueden imaginar, caminando por selva virgen, abriendo trochas a machetazos, matando mosquitos entre mis brazos y cara… Un verdadero infierno verde.

El primer fin de semana en Iquitos había llegado y los instructores nos dejaron salir a la ciudad a conocer algo de ella. A los nacidos ahí les dicen “charapas”, y las chicas del lugar tienen fama de calientes. Varios de nosotros teníamos curiosidad por saber si ese mito era cierto, pero cuando hablaban de enfermedades de transmisión sexual un poco como que se nos quitaba la ilusión, además algunos compañeros eran casados y eran muy respetuosos con sus mujeres.

Al salir de la base de Nanay, nos preguntamos si queríamos ir a ese lupanar que había ahí llamado “Teletroca”. Era el antro más conocido de la zona; encontraríamos muchas “charapas” calientes y que no cobraran mucho por sus servicios. “No, ni hablar,” dijeron todos, “Yo no entro a ese sitio asqueroso, nada que ver.”

“Bueno,” dijimos mi Garra y yo, “Vamos a ver nomas como es ese ambiente, y partimos hacia el lugar en una mototaxi. Pagamos la entrada y luego de mirar a las chicas en bikini ofreciendo sus servicios nos sentamos en una banca a conversar un poco.” Cual sería nuestra sorpresa que nos encontramos al resto de la escuela caminando por los pasillos del prostíbulo…y mas allá estaban los instructores!!! Y justo a ese que decía que no iba a lugares asquerosos, lo vimos salir de una habitación luego de haber alquilado las caricias de una guapa Charapa.

Al final, nos reunimos toda la escuela y salimos entre risas a la calle a beber algunas copas en algún bar de la ciudad.

TUMBES
Otra fase de nuestra preparación consistía en saber patrullar, navegar y operar en zonas de Esteros y pantanos, y el lugar que ofrecía esos ambientes era Tumbes, la ciudad frontera con el Ecuador. Además el Ejército también entrenaba ahí por si algún día entrabamos en guerra con ellos, pues estaríamos acostumbrados a trabajar en esa zona, (cosa que sucedió pocos años más adelante.)

Teníamos esta vez que salir en bus; no había avión disponible y nos pasaríamos más de 24 hrs entre Lima y Tumbes. “Que importa,” dijimos, “Son dos semanas nomas y podemos aguantar. Además en todo el camino hay que tratar de dormir lo mas que se pueda para llegar frescos y empezar con ganas.”

Nos embarcamos rápidamente a los antiguos buses de la Marina, esos de color gris, del mismo color de los buques de guerra, con asientos impresentables, incómodos y con algunos cristales rotos.  Además estaba lleno de equipaje; nosotros que ya quedábamos 14 (aunque fuimos 13 a Tumbes porque se quedo Javier Vidal en Lima, quien hasta ahora es un misterio porque no viajo con nosotros. Solo supimos que tenía algún problema personal), por si  fuera poco, también llevábamos al centro del pasadizo del bus, dos cilindros llenos de petróleo, para reabastecerse en el camino, es decir, la Marina no entregaba dinero para llenar combustible en el camino, había que cargar con su petróleo.

Así no le ganábamos la guerra ni a los boyscouts chilenos, pensé, El estado no tiene dinero para sus vehículos de transporte!!!

“Puta madre,” dijimos, “Así con todos estos paquetes encima de uno, que vamos a poder dormir hasta Tumbes!?” Creo que esa vez subestimamos a los instructores. Lo de dormir en todo el viaje quedo literalmente en un sueño: nunca dormimos.

Los instructores rotaban entre sí por horas para mantenernos despiertos. Teníamos que cantar uno por uno, contar chistes, hacer gimnasia dentro del bus… ordenaban todo lo inimaginable para que no caigamos dormidos.

Llegamos hecho polvo a Tumbes; exhaustos, trasnochados y para empezar el operativo nos sentíamos en desventaja, como si un equipo de futbol ingresara a la cancha con cuatro goles en contra, y había que remontar como sea.

Como solamente éramos 13 porque Vidal se quedo en Lima, los instructores pensaron que 13 era un numero de mala suerte y que el alumno sin pareja (Rebatta) debía conseguir un animal que le sirva de “garra” los 15 días que dure el ejercicio.

Con el fin de colaborar en la búsqueda del alumno #14, nos propusimos buscar un perro vagabundo entre las calles y llevarlo con nosotros. Para mala suerte no había uno solo. Estábamos por darnos por vencidos hasta que nos cruzamos con un circo, esos de pueblo, con carpa sucia y rota. Rodeamos el circo a ver qué encontrábamos y solo había una perra, pastor alemán. La cargamos con nosotros y llegamos a la base de Tumbes con la #14. Nuestro compañero Rebatta ya tenía su “garra”.

… Continúa Parte 7

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 5)

…Viene de Parte 4

EL SUBMARINO
Por el día de la Infantería de Marina se hacían fiestas y ceremonias. Esta vez la organización de la fiesta principal había sido asignada a la Escuela de Coanf. El seis de noviembre de ese año, estábamos obligados a hacer una buena presentación, coordinar la orquesta, el buffet, las invitaciones, etc., para casi 500 Infantes, entre Sub oficiales, Técnicos y algunos oficiales, incluyendo el Almirante de la Fuerza. El evento salió perfecto; todo a su hora. Al final nos metimos de lleno al baile hasta casi el amanecer, pero habíamos olvidado casi todos que al día siguiente de la fiesta, teníamos un trabajo con submarinos: un escape de hombres rana desde el mismo.

Muchos de nosotros no habíamos pegado un ojo. Sin dormir, así directo de la fiesta nos fuimos al muelle de la Estación de Submarinos. Está de más decir que estábamos más borrachos que una uva, y que en esas condiciones era imposible hacer un ejercicio de esa naturaleza. Pero a los instructores les dio igual y a manera de castigo, por llegar tarde, ebrios y mal trajeados, nos hicieron abordar la nave.

El Cmdte. de Coanf, Carlos Trevejo, había llegado para supervisar la maniobra y estaba hecho una fiera al vernos en ese estado. Al llegar nuestro brigadier del curso, por esos días el “Mono” Ortiz, y darse cuenta de que estábamos listos para el evento, recibió una patada en el culo a cambio. Nosotros nos reímos para adentro por el incidente. Vale acotar que Ortiz era un compañero extremadamente nervioso, inclusive le decíamos también “Manojo”, por abreviar el apodo: manojo de nervios.

Ya dentro de la nave, el ejercicio consistía en subir por parejas a un compartimiento especial, llamado “campana de inmersión”. El instructor nivelaba las presiones externas e internas, se llenaba la campana de agua hasta que nos llegue al cuello, y una vez ahí se abría una pequeña escotilla y salíamos los dos hombres rana, exhalando el aire para evitar embolias.

El Cmdte. del submarino dio la orden de inmersión. Esperamos unos minutos y no se movía nada. Se acerco a nosotros el oficial y nos pidió un favor a toda la escuela, a los 14 aspirantes.

Nos dijo que había un “pequeño” problema con la inmersión y que había que hacer sumergir al submarino de una manera un poco ortodoxa. “Y como es eso?” Le preguntamos.

Nos respondió que debíamos correr todos hacia proa de la nave y esperar unos minutos, de ahí correr a la popa y hacer lo mismo, varias veces hasta que llegue a la profundidad deseada. Es decir, la nave se hundía primero de punta, luego de cola, otra vez de punta y así sucesivamente. Qué???

Oíamos la explicación del oficial y no podíamos creer que de esa manera se haría el ejercicio. Pensé y dije: Si supieran estas cosas los chilenos o los monos (ecuatorianos), nos invaden al instante.

Sin otra solución, nos veíamos corriendo de punta a punta dentro de ese submarino obsoleto, de la segunda guerra mundial cuya misión era “resguardar” nuestra soberanía marítima. Lo tomamos con gracia y le pusimos ganas para sacar el ejercicio adelante.

Llegamos a superficie, abordamos los botes y para infortunio nuestro el mar estaba “picado”, ósea demasiada corriente, viento y demás obstáculos para tal ejercicio. Entre tanto vaivén en los botes y nosotros alcoholizados, sucedió lo inevitable: a vomitar se ha dicho!!! Hasta que no salió la última gota de alcohol no paramos; fue una evacuación general, y eso era lo que estaban esperando los instructores. Era el castigo por llegar tarde. Luego de eso dijimos: total, lo bailado no nos lo quita nadie!

… Continúa Parte 6

Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 4)

… Viene de Parte 3

LA VIDA ES UN SUEÑO
Es el título de la novela de Calderón de la Barca. Para nosotros era lo mismo. La diana era a las cinco de la mañana para la gimnasia y carreras, 5 km todos los días era el primer desayuno, a las siete de la mañana nos íbamos a las duchas y luego a comer algo, a las ocho ya estábamos listos a izar el banderín.

Hecho esto empezaban las clases del día. Si por la noche habíamos estado castigados o simplemente trasnochados por algún trabajo extra, nos acostábamos a la 1 o 2am, entonces nos quedaban solo tres horas de descanso, lo que se traduce que en las clases teóricas del día, la gente andaba semi-dormida. Lo que escribíamos (o tratábamos de escribir) no lo entendía nadie, tal vez ni nosotros mismos; se podían apreciar solo rayas verticales de arriba hacia abajo en señal de que el lapicero patinaba y no copiábamos nada…

El instructor Leturia me decía: “Boris! Tu un round mas y caes al suelo.” Puch también solía decir: “Boris…Boris… no te vayas, ven acá, despierta…” Mi cabeza era como esos muñecos llamados “porfiados”, que por donde los muevas regresan al centro, un vaivén que me hacía perder el tiempo y espacio. Sentía claramente como si mis ojos estuviesen llenos de arena. Que sueño Dios mío! Y esto no era exclusivo mío, todos estábamos en esas cabeceadas que contagiaban.

La solución de los instructores ante tanto dormilón no eran unas palmaditas sobre el hombro o una gentil llamada de atención. Se iban a lo más fácil y efectivo: mandarte al pozo de agua, con ropa y todo, para luego regresar a la puerta del aula, y así chorreando escuchar la clase con mejor atención, que les parece?

EL TRAMPOLIN
En cierta ocasión también participaban instructores “invitados”; eran solo para eventos especiales o alguna clase especifica, según sea la especialidad que dominaban. Uno de estos era Luis Valverde (Lucho). Se quedo una noche con nuestra escuela y no tuvo mejor idea que llevarnos al mar a medianoche, a que saltemos desde lo más alto del muelle. Valverde era conocido por las piruetas que siempre hacia al saltar desde un trampolín a la piscina, y esta genial idea de hacer malabares en el aire hasta llegar al agua, quería que la hiciéramos a esas horas y en el mar…pero sin trampolín. Solo pararnos al borde y saltar.

Como es de suponer, a nadie le salió ninguna pirueta, solo caíamos de espaldas o de panza al mar dando un grito al pegar al agua como si hubiéramos caído al suelo. Valverde al ver que éramos torpes para eso, tuvo que cambiar de ejercicio.

Esta vez quería que saltemos de espaldas al mar, cayendo de cabeza. “Fácil para ustedes burros!” Nos decía. De los veinte que éramos,  habíamos saltado casi todos y no lo habíamos hecho tan mal. Solo faltaban un par de alumnos, y uno de ellos era el buen Elvis, que tenia pánico de saltar de espaldas por miedo a caer horizontalmente y darse otro golpazo. Mientras nosotros esperábamos a que salte, flotando y de madrugada, para que termine el ejercicio, Elvis tenía que saltar. El instructor nos motivo a que alentásemos a nuestro compañero, puesto que así lo hicimos.

“Vamos Elvis, salta!!!” “Salta Chato!!!” “Vamos a acabar de una vez esta cojudez promocioncita” Hasta que finalmente salto, pero lo hizo de pie… “Bueno, que lo intente de nuevo,” dijo el instructor, “Alentarlo otra vez!!!” (Mientras nosotros seguíamos remojándonos).

“Vamos Elvis, mira que nos estamos cagando de frio por ti, salta de una vez!!!”

Y salto! Pero volvió a caer de pie, no de cabeza. Valverde seguía diciendo que lo alentáramos, que no íbamos a salir del mar hasta que salte como debe ser. Esta vez había cambiado nuestro humor y estábamos casi llegando a la hipotermia.

“Salta Enano conch…….madre!!! Que nosotros mismos te vamos a ahogar, salta mierda!!!…” Lo alentábamos.

Esta vez sí salto de espaldas…y cayó de espaldas. PUMM!  Sonó como un disparo seco su cuerpo al llegar al agua, le había puesto huevos el Chato que salto heroicamente, inmolándose para que no siguiésemos congelándonos.

Una vez preparados para el curso de buceo, fuimos destacados a la base naval del Callao a seguir esa escuela. Nos librábamos 45 días de nuestros instructores, porque  allí pasábamos a manos de los instructores de la escuela de Salvamento y Buceo, y estos se dedicaban de lleno al curso y no a hostigarnos todo el día.

La primera semana de teoría de buceo fue trágica, se fueron varios compañeros por no pasar los exámenes. Se fue Elvis y hasta ahora lo extrañamos, hubiese sido un Coanf de primera, entre otros más. También se fue el “perro” Flores, gran nadador, pero en buceo también hay que pensar… y por sus calificaciones también tuvo que irse. Esa escuela era otro filtro, cada vez quedábamos menos.

En uno de esos exámenes escritos, esta vez en Física de Buceo, nuestro compañero Bazalar (cachaco) quedo rezagado en sus notas y casi lo eliminan del curso. Estaba furioso, hasta nos grito que ya no éramos sus amigos. “Por qué dices eso?” Le dijimos. Respondió que porque no le habíamos pasado las respuestas…

Que tal frescura de Cachaco. Y a nosotros quien nos dice las respuestas? Ya parecía esa aula una escena del chavo del 8, porque te preguntaban que le pases la respuesta, tu respondías que cual de ellas quería saber, (porque eran más de 100), y Bazalar te respondía: CUALQUIERA!

Terminaron el curso de buceo solo el 70% . El resto por razones de tiempo en las distancias de natación, y otros como yo que trate de sorprender al instructor contando más vueltas en la piscina que las que me había dado, que eran 2000 mts.

Así que tuvimos que regresar varios alumnos el próximo año a repetir el curso de buceo, como que así fue.

… Continúa Parte 5

Quieres Ser Comando Anfibio?

Boris Vera | Era el último día de clases, la clausura de la Secundaria. Las preguntas venían por si solas: Que vas a hacer ahora? A que universidad  iras? Te vas a alguna escuela militar?  “No sé”, les respondí. Quería estudiar idiomas en algún instituto, aunque también me llamaba la atención ser policía, como de la antigua Policía de Investigaciones (PIP). El de andar encubierto e infiltrarme en organizaciones de narcos me sugería cierta emoción, tal como se veía en las películas, (las de final feliz por supuesto). “Ya veré”, simplemente les dije, y así con esas interrogantes me despedí de mis amigos de toda la vida con un triste adiós.

Pasaron los días, y a mi padre, que había sido soldado en el Ejército, le gustaba la idea que siga una escuela militar. “Pero ahí no enseñan idiomas”, le dije, “No me interesa.” Mi padre entonces sugirió que probara suerte en la Escuela Técnica de la Marina, donde se viajaba mucho y donde además podría estudiar los idiomas que quisiera, advirtiéndome sobre la Escuela de Oficiales, la cual era una institución muy clasista: había que tener ojos verdes o azules, y / o tener apellidos ingleses o italianos, lo que era muy fácil de comprobar al leer en los diarios de la fecha los nombres de las autoridades navales, febrero de 1981.

Así fue como en un buen día me propuse postular a la Escuela Técnica de la Marina, advertido ya de no perder el tiempo en intentar la oficialidad naval. Recibí mi prospecto, que era como una revista en la cual se describían cada una de las especialidades que ofrecía la escuela. Todas las carreras me parecían aburridas; por ningún lado encontré que alguna enseñara idiomas, así que entre hoja y hoja descubrí  que había una especialidad llamada Demolición Submarina (hoy Fuerza de Operaciones Especiales, FOES), la cual hablaba de hombres especiales, de buzos, de paracaidistas, etc. Eso me detuvo en la página. Lo pensé un poco y dije: Todas estas son aburridas, a lo mejor acá hay un poco de emoción. Ya los idiomas los aprenderé por mi cuenta más adelante.

Postulamos ese año casi 2000 jóvenes. Pasamos los exámenes de rigor, escrito, oral, físico, entrevistas y al final ingresamos 400. Conseguí el puesto 24 y tenía la opción de elegir la especialidad que quisiera gracias a mi buen puntaje. Cuando comente entre los amigos que postulaban conmigo el puesto alcanzado, me preguntaban si era tonto por no elegir la especialidad de electrónica, o alguna otra que me diera beneficios en la vida civil, pero como ya tenía en la cabeza ser Demoledor Submarino por lo antes leído (y las bonitas fotos con las que te endulzaban en el prospecto), seguí en mis trece y continúe adelante.

Al llegar a casa y darle la buena noticia a mi padre, y también la mala porque había que desembolsar 2000 soles para pagar mi internamiento lo antes posible, se armo un jaleo, ya que mi querido Papa no había pensado que fuera tan listo para conseguir ingresar a la Marina en el primer intento, así que había que sacar dinero de donde sea.

Tras dos meses de entrenamiento en el curso de Demolición, me dije un día, Que coño hago acá? Tenía 17 años y esto no era para un muchacho que recién empezaba la vida. Andaba mojado todo el día, cansado de tanto ejercicio y ya estaba hasta las narices. Como era de esperarse, mande a tomar por el culo aquel curso y toque la campana de retirada como estilan en esa Escuela, tan fuerte como mis ganas de regresar a una vida acorde con mi adolescencia. Acción que, por cierto, es una copia fiel de los comandos americanos (SEALS) de que quien se retira, deberá tocar la campana. No es exclusividad esa tradición de nuestros amigos FOES.

Regresando a mi condición de excluido por motu propio, llegue a las oficinas de la Escuela. Me dieron tres opciones: Te reintegras a la escuela de Infantería de Marina, a la escuela de Policía Naval, o te vas a tu casa, me dijeron. Lo pensé un poco. “Policía naval ni de a vainas,” me dije. Encima, la abreviación de su especialidad era PN, que al leer suena a PENE, y eso era muy grotesco.  Irme a mi casa? Tampoco me gustaba la idea, me habían hecho tantas fiestas de despedida que no era dable regresar con las manos vacías. Solo me quedaba una última opción: Infantería de Marina, y esa misma respuesta fue la que escucho el Comandante que estaba al frente mío. Se podría decir que entre por la ventana a esta gloriosa unidad de la Marina.

… Continúa Parte 2