
Foto: Elkot (forosperu.net)
Ya casi al terminar nuestro destaque en ese Caimán, faltando pocos días para el relevo, el trabajo era más suave, nos poníamos a planificar lo que haríamos al llegar a Lima luego de varios meses sin ver a la familia, algunos ya tenían mujer e hijos y no veían la hora que llegue ese avión Antonov para marcharnos, los Comandos por razones de misionamiento podíamos usar barba y pelo largo, algunas veces hasta vestidos de civil hacíamos reconocimientos, aunque se tornaba difícil pasar desapercibido por el acento capitalino, pero algo disimulábamos.
Llegó el día esperado, por fin cielo azul y avión a la vista, relevo!!! dijeron al unísono todos con alegría, abordamos la aeronave lo más rápido que pudimos y a esperar esa larga hora que separa Lima de Ayacucho, larga se nos hacía por el tiempo pasado fuera de casa, todos comentando y quedando para que cuando pisen suelo limeño, pasar por un bar y celebrar el retorno sanos y salvos.
Aquella vez me acompañaba un Comando y mejor amigo, José Gavidia (la Gaby para sus amigos).
Veníamos planeando que antes de ir a casa, como el autobús de la Marina nos dejaba en el centro, parar a comprar algunos regalillos para nuestras familias, ok dijimos, así sea.
Por esa época había un supermercado llamado Monterrey, quedaba a un paso de la céntrica Plaza Unión. Siete de la noche, un gentío que entraba y salía de la tienda presuroso, nos recordaba que estaba cerca la navidad, ingresamos al recinto, dejamos las maletas en custodia, en recepción, e ingresamos a buscar los presentes, cada uno se fue por su lado, nos perdimos entre la multitud no sin antes quedar en vernos en la puerta, a más tardar en media hora.
Mirando la sección de juguetes me entretuve unos minutos, ahí también coincidió conmigo Gavidia y nos pusimos a toquetear las cosas, a ver si encontraba algo para mis hermanos menores, de pronto un tipo alto, de barba, vestido con una chaqueta de capucha se nos pone al centro, lo vi raro, nervioso, me pareció un loco, se puso la capucha cubriéndose la cabeza, saco un pañuelo y se tapó medio rostro, nos miramos la Gaby y Yo sin mediar palabras y le prestamos atención disimuladamente, el tipo metió su mano detrás y sacó un arma, apuntó hacia arriba y gritó : Somos del MRTA (movimiento revolucionario Túpac Amaru) todo el mundo a saquear esta tienda. Para esto los Comandos teníamos orden de portar pistolas browning durante el destaque a zonas de emergencia, las mismas que las teníamos ocultas en la cintura, cruzamos miradas de inmediato, levantando los hombros en señal de ¿Qué hacemos?
Tenía al terrorista dándome la espalda y era presa fácil para reducirlo o dispararle, ¿Qué hacer?… Pensé otra vez, decidimos no sé cómo, sin hablar, alejarnos del lugar tan pronto sea posible, que aunque estemos en ventaja, con barba crecida y todo, igual se nos notaba ser militares a kilómetros, por lo tanto éramos un buen objetivo, aparte de no armar un tiroteo entre tanta gente.
Nadie por lo visto quiso saquear, una anciana gritó “son terroristas” y salieron despavoridos, cogimos nuestras maletas, esperábamos ver a una moto o auto en la puerta esperando al del MRTA pero nada, corrimos a la Plaza Unión y le dijimos al policía de tránsito, identificándonos y contándole lo sucedido, que tome su radio y que pida refuerzos, una vez hecho esto, nos despedimos, tomamos un taxi y adiós.
Al día siguiente en los diarios… “Asaltan tienda Monterey 15 terroristas del MRTA entre hombres y mujeres”. Testigos cuentan que había gente con armas debajo de sus ropas protegiendo a uno que incitaba al saqueo.
De la que nos salvamos dijimos luego en la Base, tal vez por hacer la del héroe, nos hubiéramos inmolado inútilmente, y le dije a la Gaby ¨Será que no quiero que ninguna escuela de Comandos lleve mi nombre………..por lo menos póstumamente no.


Durante uno de mis Caimanes, o mejor dicho en mis viajes destacado a la zona de emergencia, si no me equivoco en el Caimán 22, fui con un grupo de cuatro Comandos Anfibios a la Base contraguerrilla de Lusiana, ceja de selva ayacuchana. En esta ocasión íbamos de seguridad del Comandante a cargo y eventualmente salíamos con las patrullas a misiones de combate o reconocimiento.
















