Basenaval.com (Boris Vera) | Pasado el sofocón de casi un año en la escuela de Comandos, las actividades dentro de una Unidad Especial eran diferentes, la misma rutina era variable día a día, si hoy saltábamos al mar o tierra desde una aeronave, mañana bucearíamos en el gran océano Pacifico, y pasado subiríamos a la montaña más alta de la sierra, con nieve o sin ella, era un reto diario y una dosis de adrenalina que alimentaba nuestro ego, nos hacía diferentes a los demás y éramos observados en todo momento.
Uno de tantos días programaron un salto de combate, lo haríamos en Ilo, al sur de Lima y desde un avión Fokker, el mismo que al año siguiente (1987) se siniestró y cayó al mar con todo un equipo de futbol, el club Alianza Lima, enlutando al país por esa gran pérdida.
Formados los equipos de salto nos sentamos en la aeronave con dirección al sur, casi una hora de vuelo y ya estábamos inquietos por saltar, mas se sufría en la espera que en el salto mismo, así que cuando el maestro de salto comenzó a dar las órdenes de alistamiento y preparativos de salida nos despertó de aquel letargo tonto que teníamos.
En el avión había un Coanf con su equipo de radio, en constante comunicación con el equipo de tierra, que era otro maestro de salto preparando la zona de lanzamiento, avisando sobre la velocidad y dirección del viento, etc. Ese Comando (el radio operador del avión) era el buen “Llanero” Sánchez Palomino, y todos en el avión lo estuvimos jodiendo en todo el vuelo, fue así que cuando saltó el primer equipo, que eran de solo siete Coanf, todos le decían alguna broma o le recordaban a su madre, dándose valor de esa sui generis manera al momento de salir de la aeronave, mi equipo, el segundo en abandonar la nave, también tenía pensado hacer lo mismo, osea, seguir jodiendo al Llanero.
Pero Yo quise ir más allá y al salir del avión, tenía pensado quitarle la gorra y llevarla conmigo, esta gracia me salió demasiado cara, porque al ser un salto de combate, tenía mi paracaídas, mi fusil, mas una mochila sujetada a mis pies, atada a la cintura con un arnés para que no se me escape al saltar, llegado el momento, dichas las voces de salida ……avión atención, preparar, levantar, enganchar, contar y Yaaaa afuera……
Afuera? Nada, siendo el segundo hombre de los siete saltando, me quedé enganchado o colgado del avión, que había pasado??? ….. al quitarle la gorra al Llanero, descuidé mi mochila y ésta con la velocidad de la aeronave (unos 220 Km por hora), se atascó entre la puerta lateral del Fokker y Yo, la línea estática o la cinta que haría que se abra mi paracaídas automáticamente, no estaba tensada en su totalidad y eso evitaba la apertura de mi querido velamen, Dios mío!!! dije para mis adentros, los otros que seguían saltando miraban con estupor a uno dando de golpetazos en la panza del avión, en ese instante recordé lo que nos enseñaron en la escuela de paracaidistas, en casos de quedarse colgado, poner mis dos manos sobre el casco en señal que estoy consciente, y que el maestro de salto al darse cuenta me corte la cinta con su puñal, y Yo pueda abrir mi paracaídas de reserva, esperé y esperé …nada !!!
Una total obscuridad, seguida de pequeños destellos de luz, me fueron aclarando la visión, al recobrar la conciencia, me di cuenta de lo que pasaba, el Fokker estaba alejándose, mi paracaídas enrollado casi al máximo, la cuerda, mochila y arnés ausentes, había visto en tan pocos segundos la totalidad de mi vida, luché por desenrollar el velamen, lográndolo a medias, pero ya con una caída mas lenta, sin peligro, pude avistar en tierra una ambulancia corriendo tras mío, asustados todos, por mi culpa, por una broma estúpida.
Una vez en tierra el médico me revisó, no tenia hueso roto alguno, eso sí, una fuerte contusión en la cabeza, gracias a Dios no había perdido el casco.



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