Galería fotográfica del Aug. 17, 2011 por personal de la US Navy durante el ejercicio Panamax 2011. La fragata Thach forma parte de la fuerza de tarea PANAMAX Pacifico con buques de las armadas de Canada, Chile, Ecuador y Perú. PANAMAX está enfocado en la defensa del canal de Panamá, con participación de 17 paises, y congrega mas de 4,500 personas a través del Comando Sur de la Marina de los Estados Unidos de América.
Francia: La Armada frena ataques de piratas en el Golfo de Guinea
El capitán de la fragata “Le Germinal”, Sebastien Chatelin, está al mando de las operaciones para patrullar las costas de Benin para evitar incursiones
La Vanguardia | Cotonú (EFE).- La presencia de una fragata francesa en el Golfo de Guinea, desplegada hace diez días en aguas de África occidental, ha logrado frenar los ataques piratas registrados en los últimos meses, según aseguró hoy un comandante de la Armada de Francia.
El capitán de la fragata “Le Germinal”, Sebastien Chatelin, que patrullará las costas de Benin hasta finales de mes, afirmó hoy a EFE que los asaltos se han interrumpido desde su llegada el pasado 10 de agosto.
A bordo del navío de guerra se encuentran también efectivos de la Armada de Benin, que están recibiendo entrenamiento de las fuerzas armadas francesas y que patrullan conjuntamente las aguas de la zona con los soldados europeos.
En los últimos meses, treinta ataques se han registrado en las costas de Benin y fuerzas navales de los países de la zona recientemente han matado a un pirata y otros dos han sido detenidos, según la Armada de Benin.
El agregado de Defensa de la Embajada de Francia en Benin, el coronel Christian Deuwel, afirmó hoy que la presencia francesa en el Golfo de Guinea es puntual, con objeto de atender una situación de emergencia, y que no está previsto un despliegue naval en las aguas de África Occidental.
“No se llevarán a cabo más medidas de control a menos que los piratas permanezcan en la zona, y si todo el Golfo de Guinea adopta los mismos niveles de protección, recuperará su habitual tranquilidad”, dijo Christian Deuwel.
El pasado 15 de agosto las autoridades nigerianas y beninesas acordaron realizar patrullas conjuntas para luchar contra la piratería.
Además del control compartido de sus aguas territoriales, los dos países están planeando una cumbre de jefes de Estado del Golfo de Guinea para analizar la amenaza de la piratería.
Benin está en la lista de países identificados como de alto riesgo debido al incremento de los ataques piratas en la región.
“Desde la publicación de esa información (recientemente), los barcos son cada vez más escasos en nuestras costas”, dijo a Efe el jefe del Estado Mayor de la Armada de Benin, Maxime Ahoyo.
Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 3)
… Viene de Parte 2
El curso se llamaba Félix Rosas Zevallos, 1984, en honor a un Coanf caído en acción en la lucha contra el terrorismo. Lo elegimos a sugerencia de los instructores y hubo consenso total. Nos mandamos a hacer un banderín con el nombre del curso, el cual debía ser izado todos los días a las ocho de la mañana para formación de la escuela.
Nos preparábamos todos los días para ir a la escuela de buceo en la base naval del Callao, en la Escuela de Salvamento. Por ende, andábamos todo el día en la piscina, aunque a las justas se le podía llamar piscina, porque tenía solo de agua hasta las rodillas y podríamos mejor caminar sobre ella. A veces era mejor el mar, que aunque era ya casi invierno, por lo menos podíamos flotar. También pasábamos días enteros con el uniforme mojado ya que solo teníamos dos mudas de ropa. Al mandarnos al agua por algún castigo, nos cambiábamos por ropa seca. Al rato, por otro castigo, nos íbamos de nuevo al agua, entonces ya era cambiarse ropa mojada por ropa húmeda o recién exprimida. Aun no sé cómo ni siquiera estornudábamos, ni contraíamos el más mínimo resfrío. Quizás sería que ya estábamos curtidos de tanta agua.
Otro evento que nos causaba pavor era la llamada “Acuatizacion”, que consistía en llevarnos mar adentro en los botes, saltar al agua y flotar de una a dos horas en pleno invierno, a veces a medianoche, con el único sentido de redimir nuestros pecados por algún error cometido durante el día, y la absolución que recibíamos era acuatizándonos. Cuando oíamos la frase “cambiarse con ropa de mar” ya sabíamos lo que nos esperaba. Sin embargo, en plena acuatizacion teníamos dos posibilidades de sufrir menos: o hacernos el “muertito” (que eso solo nos lo creíamos nosotros), o chillar como locas apenas nos empezaban a ahogar los instructores. La cosa era que de alguna manera u otra, terminábamos con un par de litros de agua salada en la panza, y los instructores no paraban hasta que todos estuviéramos semi-ahogados. Si pudieran haber llevado una balanza en los botes y habernos pesado antes de salir del mar para certificar que habíamos subido de peso, lo habrían hecho, lo juro.
EL GRAN ESCAPE
Una de esas pocas noches que descansábamos en nuestras camas, (aclaro esto porque casi nunca las usábamos o las usábamos poco), se apareció el instructor Samuel Puch. Ingreso a la cuadra y grito: ¡Cambiarse con ropa de mar, tienen cinco minutos, los espero en la playa!!
De un salto nos pusimos de pie, lamentando nuestra suerte, y a los tres minutos ya estábamos sacando los botes, inflándolos para hacernos a la mar. Hacía un frio de cojones; todos estábamos tiritando antes de entrar al agua.
A la voz de “Listos para atacar a la mar” por el instructor, nos pusimos en línea mirando el extenso, frio y oscuro océano. De pronto salió uno de nuestros compañeros de filas y exclamo: “Yo en este momento me retiro de la escuela, dimito, ya esta bueno ya, me voy……”
Pasaron unos segundos y Puch de un solo grito nos ordeno que lo llevásemos donde él, porque era bien sabido que nadie se iba así nomas del curso sin tener su “despedida”. Como era de esperarse, nuestro compañero partió a la carrera, escapándose. Nosotros íbamos detrás de él, prometiéndole que no íbamos a hacer nada, puesto que era de nuestra promoción. Pero nunca nos escucho y fue a parar a la garita del oficial de guardia, el mismo que llamo por teléfono al Comandante de guardia para decirle el alboroto que se había armado con un hombre huido de su curso y refugiado en su garita. A esas horas (que serian como las once de la noche), el Cmdt. de apellido Sánchez Murrugarra mando a llamar al instructor y los alumnos a su camareta, haciendo la siguiente pregunta:
“Puch, por que tienes que entrar a esta hora al mar? Está en la programación del curso, o es una cortesía tuya para con tus alumnos?”
“Este evento consta en la programación, Señor Cmdte.,” respondió Samuel Puch, “Yo sigo mis órdenes.” Entonces el Cmdte. le respondió: “Terminemos con este jaleo ya, y dale una oportunidad a este muchacho y que regrese al curso….”
“Al curso? Qué curso, Cmdte.,” interrumpió nuestro compañero, “Yo lo que quiero es irme de la escuela. No quiero oportunidad, nada,” continuo, casi implorándole. El oficial que recién se enteraba del problema le dijo a Puch entonces que lo deje en paz, y que si se quería retirar de la escuela que no lo obligue.
Aclarado el asunto, regresamos a la orilla del mar con Puch echando chispas por la vergüenza pasada con el oficial. Peor no podría estar la situación; nos esperaba una noche larga…
“Okay,” dijo Puch, “A partir de este momento, a nadie se le obligara a estar en este curso. El que quiera irse que lo diga en este momento y se irá a la cuadra a descansar; ya mañana se verá su caso en las oficinas.” Nos miramos unos a otros; hubo algunos segundos de incertidumbre. Mejor oferta no podía haber: irse de la escuela “sin despedida”, ósea sin ahogamientos ni castigos extremos? Este es el momento!!! Me dije para mis adentros. Levante la mano y le informe al instructor que yo me acogía a esa bondad y que me quería retirar del curso. No le quedo de otra más que mantener su palabra, ósea mandarme a la cuadra sin que me rompa siquiera una uña.
Llegue a la cuadra y me encontré con el otro compañero que se había ido minutos antes y se sorprendió de verme ahí con él. “Ya está,” le dije, “Me tenían hasta las narices con este curso. Nunca salimos a la calle, somos tratados como perros y esto me ha cansado,” confesé. Además por esas fechas tenía una novia que nunca veía, y eso era lo que más me irritaba.
Al día siguiente, la escuela había amanecido dispersa. Todos se le habían rebelado a Puch. Habían hecho resistencia pasiva y no pintaba bien la cosa. Llegaron el resto de los instructores de su día franco y evaluaron la situación. A mí me perdonaron la osadía de irme con ventajas, pero a nuestro compañero huido le bajaron el pulgar y no regreso más. Fui llevado a la oficina a explicar mi conducta. Les dije que hace muchos días que no veía a mi familia y que necesitaba salir unos días etc.; excusas múltiples para justificarme. Al final, luego de unos minutos de deliberación entre los instructores, decidieron darme unos días libres, porque según ellos, habían visto mis notas y no estaba tan mal que digamos, por lo cual si merecía un descanso. Aliviado, me retire con ese permiso entonces a disfrutar de mi anhelado descanso.
… Continúa Parte 4
Quieres Ser Comando Anfibio? (Parte 2)
… Viene de Parte 1
Ya en Ancón, al norte de Lima, en la base de los infantes, empezó otra etapa de adoctrinamiento. Hice nuevos amigos, enrumbe el camino, y me propuse terminar como se debe los tres años que dura la escuela, la mitad de ellos en práctica en las unidades operativas.
Pasaron dos años y entre los alumnos oímos que se ofrecían vacantes para ingresar a la Escuela de Comandos Anfibios. Estos eran vistos en la base como la elite de la Infantería. Los veíamos correr siempre cantando, haciendo notar su presencia en todo momento. Eran hombres recios, de gesto adusto y en su mayoría feos, pero cuando se ponían esa prenda de cabeza que los diferenciaba del resto, la Boina Verde, parecía que se transformaban y dejaban de ser “feos”, más bien imponían respeto, daban la impresión de tener “poder”…y era mejor evitarlos si no querías que te hicieran polvo con un par de castigos físicos si por desgracia te olvidabas de saludarlos o mirarlos mal, según el criterio de ellos.
“Y por que no lo intentamos?” Nos dijimos un gran grupo de alumnos, “Postulemos donde los comandos y vamos a ver que pasa, no?”
Después de mi intento fallido en Demolición Submarina, tenía una espina clavada, no donde ustedes se imaginan, pero si en mi mente. Le di vueltas al asunto y me decidí a dar los exámenes de ingreso. Joder Boris, otra vez metiéndote en camisa de once varas, dije para mis adentros. Pero también me hallaba animado porque varios de mis amigos más cercanos de la escuela de infantería iban conmigo, así que decidí seguir adelante con mi decisión. Conseguimos los permisos de nuestras unidades, y ahí nos encontramos una mañana de febrero, al frente de la compañía de comandos, listos para dar los exámenes.
Creo recordar que nos presentamos cerca de sesenta aspirantes, algunos con más grado que nosotros los alumnos; eran ya sub oficiales con varios años como infantes. Existe la idea de que los hombres de las unidades especiales, por el tipo de entrenamiento que tienen, en su mayoría son de provincias. Al ser criados en el campo y trabajar arduamente desde la niñez, son capaces de soportar muchas dificultades. Así con esa desventaja para mi, de no ser del interior del país, pude contrarrestar eso, con mi infancia en el distrito de Chorrillos, que tiene playas y que desde los diez años ya sabía lo que era nadar en el mar, (claro, en verano).
También supuse que tenía en mi sangre estirpe guerrera, al ser bisnieto de Doña Sixta Cáceres, nieta directa de Don Andrés Avelino Cáceres, ayacuchana, del pueblo de Huanta y que alguna vez dono prendas del gran Mariscal al Museo Militar y fue reconocida por su municipio en Chosica, como hija predilecta.
Con este linaje me dije que no podía fallar esta vez, aunque eso no habría que hacerlo público, porque pasaría como un mentiroso o peor aún, daría motivo a los instructores para que me traten con mas “cariño”, ya que en esa escuela no había nietecito de Tarzan ni niño muerto, así que mejor callado boca y punto.
Como era de esperarse, nos recibieron a los sesenta entusiastas aspirantes a comandos con los brazos abiertos. Festín para los instructores. Creo que lo primero que escuche fue, “Acá no se regalan Boinas Verdes.” Lo teníamos claro, esto era cosa seria.
Lo primero que hicieron fue bautizarnos en el “Rio Jordán”, (que era el desagüe de todos los servicios higiénicos del cuartel), ponernos frente al mar y ofrecer nuestros cuerpos y alma a Neptuno, Dios del mar, según la mitología griega.
Otra orden que recibimos también era que estaba prohibido “caminar”. Ustedes dirán, y cómo es eso? Pues que a partir de ese primer día, hasta que termine el curso, teníamos que estar trotando, por lo menos a la vista de los instructores, de lo contrario: Al agua!!
Uno a uno fueron pasando los días, y uno a uno también fueron dimitiendo los aspirantes. Se iban algunos amigos, quienes por justamente me había metido en esto. Me daba rabia que cada vez quedáramos menos, especialmente porque a menos gente, mayor control de los instructores, lo cual eliminaba los chances de pasar desapercibido y evitar un castigo personalizado.
A la semana más o menos ya quedábamos como veinte, y fue entonces que los instructores pararon un poco la mano. El filtro estaba hecho y me imagino que habrán pensado que a partir de ese día empezarían a tocar la parte teórica.
De todas formas, eso no nos daba ninguna garantía de trato amable, visto a que la escuela anterior culmino con solo cuatro hombres. Si, por más difícil de creer que parezca, esa escuela (promoción 1983), se había graduado con solo cuatro “sobrevivientes” y habían tenido como doce instructores. Se podría decir que nuestra promoción era una de las más numerosas, ya que las anteriores no llegaban a doce o diez hombres, y la menos numerosa fue la antes mencionada.
… Continúa en parte 3
Quieres Ser Comando Anfibio?
Boris Vera | Era el último día de clases, la clausura de la Secundaria. Las preguntas venían por si solas: Que vas a hacer ahora? A que universidad iras? Te vas a alguna escuela militar? “No sé”, les respondí. Quería estudiar idiomas en algún instituto, aunque también me llamaba la atención ser policía, como de la antigua Policía de Investigaciones (PIP). El de andar encubierto e infiltrarme en organizaciones de narcos me sugería cierta emoción, tal como se veía en las películas, (las de final feliz por supuesto). “Ya veré”, simplemente les dije, y así con esas interrogantes me despedí de mis amigos de toda la vida con un triste adiós.
Pasaron los días, y a mi padre, que había sido soldado en el Ejército, le gustaba la idea que siga una escuela militar. “Pero ahí no enseñan idiomas”, le dije, “No me interesa.” Mi padre entonces sugirió que probara suerte en la Escuela Técnica de la Marina, donde se viajaba mucho y donde además podría estudiar los idiomas que quisiera, advirtiéndome sobre la Escuela de Oficiales, la cual era una institución muy clasista: había que tener ojos verdes o azules, y / o tener apellidos ingleses o italianos, lo que era muy fácil de comprobar al leer en los diarios de la fecha los nombres de las autoridades navales, febrero de 1981.
Así fue como en un buen día me propuse postular a la Escuela Técnica de la Marina, advertido ya de no perder el tiempo en intentar la oficialidad naval. Recibí mi prospecto, que era como una revista en la cual se describían cada una de las especialidades que ofrecía la escuela. Todas las carreras me parecían aburridas; por ningún lado encontré que alguna enseñara idiomas, así que entre hoja y hoja descubrí que había una especialidad llamada Demolición Submarina (hoy Fuerza de Operaciones Especiales, FOES), la cual hablaba de hombres especiales, de buzos, de paracaidistas, etc. Eso me detuvo en la página. Lo pensé un poco y dije: Todas estas son aburridas, a lo mejor acá hay un poco de emoción. Ya los idiomas los aprenderé por mi cuenta más adelante.
Postulamos ese año casi 2000 jóvenes. Pasamos los exámenes de rigor, escrito, oral, físico, entrevistas y al final ingresamos 400. Conseguí el puesto 24 y tenía la opción de elegir la especialidad que quisiera gracias a mi buen puntaje. Cuando comente entre los amigos que postulaban conmigo el puesto alcanzado, me preguntaban si era tonto por no elegir la especialidad de electrónica, o alguna otra que me diera beneficios en la vida civil, pero como ya tenía en la cabeza ser Demoledor Submarino por lo antes leído (y las bonitas fotos con las que te endulzaban en el prospecto), seguí en mis trece y continúe adelante.
Al llegar a casa y darle la buena noticia a mi padre, y también la mala porque había que desembolsar 2000 soles para pagar mi internamiento lo antes posible, se armo un jaleo, ya que mi querido Papa no había pensado que fuera tan listo para conseguir ingresar a la Marina en el primer intento, así que había que sacar dinero de donde sea.
Tras dos meses de entrenamiento en el curso de Demolición, me dije un día, Que coño hago acá? Tenía 17 años y esto no era para un muchacho que recién empezaba la vida. Andaba mojado todo el día, cansado de tanto ejercicio y ya estaba hasta las narices. Como era de esperarse, mande a tomar por el culo aquel curso y toque la campana de retirada como estilan en esa Escuela, tan fuerte como mis ganas de regresar a una vida acorde con mi adolescencia. Acción que, por cierto, es una copia fiel de los comandos americanos (SEALS) de que quien se retira, deberá tocar la campana. No es exclusividad esa tradición de nuestros amigos FOES.
Regresando a mi condición de excluido por motu propio, llegue a las oficinas de la Escuela. Me dieron tres opciones: Te reintegras a la escuela de Infantería de Marina, a la escuela de Policía Naval, o te vas a tu casa, me dijeron. Lo pensé un poco. “Policía naval ni de a vainas,” me dije. Encima, la abreviación de su especialidad era PN, que al leer suena a PENE, y eso era muy grotesco. Irme a mi casa? Tampoco me gustaba la idea, me habían hecho tantas fiestas de despedida que no era dable regresar con las manos vacías. Solo me quedaba una última opción: Infantería de Marina, y esa misma respuesta fue la que escucho el Comandante que estaba al frente mío. Se podría decir que entre por la ventana a esta gloriosa unidad de la Marina.
… Continúa Parte 2


















